lunes, 27 de julio de 2009

El Imperio Antiguo (c.2.686-2.160 A.C.) 4/6.- La Dinastía IV (continuación)


Estatua de caliza pintada de la Dama Nynofretmin. La estatua se colocaba en la capilla "serdab". Una vez alli, sólo podrían verla los sacerdotes mortuorios y familiares que viniesen a visitar la tumba y depositar ofrendas. Su cometido era proporcionar un hogar al "ka" del difunto en el caso de que el cuerpo fuese destruído, con lo que perduraría el recuerdo y personalidad del finado. Dinastía IV (c.2613-2160 A.C.)


LOS CULTOS FUNERARIOS REALES

El efecto de la construcción de pirámides que se ha comentado, no acababa con la terminación de la propia estructura. Cada complejo piramidal era foco del culto al faraón fallecido, que continuaría de forma indefinida. Su objetivo consistía en asegurarse que todas las necesidades del faraón eran cubiertas y, de forma menos directa, las de sus familiares y altos funcionarios enterrados en las tumbas cercanas. El primer benefactor era el propio faraón que, durante su vida, había dotado a sus establecimientos piramidales de tierras, o dispusto las aportaciones a recibir del Tesoro Público.

Las disposiciones del culto implicaban, entre otras, la presentación de ofrendas, si bien es probable que sólo una pequeña parte de la producción procedente de los establecimientos acabasen en los altares y en las mesas de ofrendas; pero incluso aunque no hubiese sido así, no habría habido desperdicio sino que se habría procedido a su reciclaje, bien para el consumo del personal del templo, bien para una redistribución más amplia.

En su mayoría se utilizaban para mantener a los sacerdotes y funcionarios relacionados con el culto funerario, y a los artesanos que vivían en la ciudad de la pirámide, o eran redirigidas para costear los cultos funerarios de las tumbas privadas. Esto representaba una forma de redistribución del producto nacional, y sus beneficios se iban filtrando a través de los distintos estratos de la sociedad egipcia.

No obstante, las donaciones a los establecimientos piramidales quedaban aseguradas para siempre mediante decreto real que las convertía así en permanentes e inalienables, lo que, por otra parte, acababa redundando en una reducción gradual del poder económico del faraón.

Las disposiciones para el culto funerario real se instrumentaban incluso en provincias. El culto a Sneferu puede que se concentrase en un reducido número de pequeñas pirámides, de unos 20m² de base, de las que al menos siete se conocen: Elefantina, Edfu, el-Kula, Ombos, Abydos, el-Seila y Zawiyet el-Mayitin. Sólo una, la de el-Seila, se puede datar con precisión en el reinado de Sneferu gracias a una estela y a una estatua.

Los proyectos de grandes construcciones también estimulaban las expediciones que se enviaban al extranjero para asegurarse minerales y recursos varios no disponibles en el propio Egipto. Las organizaba el propio Estado, ya que antes de la Dinastía VI no se conocía otra forma de comercio a distancia.

Los nombres de Djoser, Sekhemkhet y Khufu aparecen en inscripciones en roca en las minas de turquesa y cobre de Wadi Maghara, en la Península de Sinaí. Es posible que al faraón Djoser le hubiese precedido Nebka, si éste y Horus Sanakht son uno mismo. La Piedra de Palermo contiene una lista de cuarenta barcos que transportaron madera desde una región desconocida durante el reinado de Sneferu, y el nombre de los faraones Khufu y Djedefra aparecen inscritos en las canteras de gneis, bien adentradas en el Desierto Occidental de Nubia, a unos 65km al nordeste de Abu Simbel.

El greywacke y la arenisca más fina para hacer estatuas se obtenían de Wadi Hammamat, entre Koptos – la actual Qift – y el Mar Rojo, durante los reinados de los faraones Khufu, Khafra y Menkaura, y también en Tell Merdikh (Ebla), en Siria, en tiempos del faraón Khafra.

Durante la Dinastía III y IV Egipto no experimentó ninguna amenaza real procedente de ultramar. Las campañas militares en el extranjero, especialmente las de Libia y Nubia, se deben pensar como encaminadas a la explotación de zonas vecinas en busca de recursos inmediatos. Hay que pensar que uno de los principales deberes del faraón consistía en el sometimiento de los enemigos externos y, al parecer, en este caso, la política real y la realpolitik coincidían de forma conveniente.

La mejor prueba de ello nos viene del reinado de Sneferu. Y no necesariamente por ser el único caso, sino por estar documentado. Formas tan crudas de política exterior parecen haber sido bastante comunes durante la Dinastía IV, cuando la economía del país, probablemente, se había estirado hasta límites extremos. Nubia fue destino de una gran expedición enviada por Sneferu en busca de recursos, tales como cautivos, rebaños de bovino, y materias primas, incluida la madera.

Pero estas campañas tuvieron también sus efectos negativos pues llegaron a destruir asentamientos locales y a despoblar la Baja Nubia, entre la 1ª y la 2ª Catarata, provocando a su vez la desaparición de la cultura local conocida como "A Group", a la que ya hicimos mención en su momento. Durante la Dinastía IV se estableció un nuevo asentamiento al sur de Buhen, a la altura de la 2ª Catarata.

No obstante, la construcción monumental proporcionó oportunidades sin precedentes para los artistas; especialmente para los dedicados a la talla de estatuas y relieves. La experiencia adquirida en pequeños trabajos en piedra durante los períodos precedentes pronto dio lugar a las esculturas a gran escala, con brillantes resultados. Los complejos piramidales reales incorporaban estatuas, en su mayoría del faraón, que a veces iban acompañadas de deidades.

Aunque hoy nos dejamos impresionar por las cualidades estéticas, estas obras de Arte eran, en principio, funcionales, de forma que la estatua real más antigua que se conserva, la de Djoser, que se encontró en su templo piramidal de Saqqara, aparecía colocada en su serdab – o “Habitación de la Estatua”, palabra árabe que significa “sótano” – en el lado norte de la pirámide, y se la consideraba como una segunda manifestación del ka del faraón. Y un motivo similar habría que atribuirles a las estatuas de tumbas privadas.

El número de estatuas colocadas en los templos proliferó con la aparición del complejo piramidal desarrollado durante la Dinastía IV. La estatua de gneis del faraón Khafra, que aparece protegida por un halcón posado en el respaldo de su trono como manifestación del Dios Horus, con el que el faraón se identificaba, es una obra maestra con frecuencia imitada en períodos posteriores, pero nunca igualada. Las estatuas de dioses también eran comunes en los templos de deidades locales, pero prácticamente ni una de ellas ha sobrevivido.

Los templos y las calzadas elevadas asociadas con las pirámides se decoraban con soberbios relieves, y lo mismo ocurría en las capillas de muchas tumbas de mediados de la Dinastía IV. Estos relieves no era una mera decoración, sino que expresaban conceptos tales como: la Realeza, en los monumentos reales; la Satisfacción de necesidades en el Más Allá, en las tumbas privadas; y su presencia en templos y tumbas garantizaban su perpetuidad.

La estela de hornacina de madera de la tumba del alto funcionario del faraón Djoser, Hesyra, en Saqqara, actualmente en el Museo de El Cairo, muestra una decoración en relieve de muy alto nivel para un período sorprendentemente temprano. Estos relieves fueron creados por los mismos artistas que decoraron los monumentos reales y, como en el caso de tumbas y estatuas, se trataban de obsequios del faraón.

La inscripción jeroglífica se convirtió entonces en un sistema totalmente desarrollado empleado para fines monumentales. Su equivalente cursiva, llamada “hierático” por los Egiptólogos, se utilizó para la escritura sobre papiro, pero el hallazgo de tales documentos anteriores a la Dinastía V, sigue siendo excepcional.

LOS TEMPLOS SOLARES Y LA ASCENSIÓN DEL DIOS RA

Hasta hace muy poco tiempo, el inicio de la Dinastía V se solía describir en términos de un texto literario que aparece en el Papiro Westcar. Consiste éste en una colección de historias, parcialmente conservada, probablemente compilada durante el Imperio Medio y escrita algo más tarde. “Las Noches de Arabia” se sitúan en la corte del faraón Khufu, donde los príncipes reales se esfuerzan en entretener a su insatisfecho padre con cuentos. La narración del Príncipe Hardjedef predice el nacimiento de trillizos, los futuros faraones Userkaf, Sahura y Neferirkara, de Radjedet, esposa de un sacerdote del Dios Ra, en Sakhbu, en el Delta, como resultado de su unión con el Dios Sol. Para desconsuelo de Khufu, estos niños han de reemplazar a sus propios descendientes en el trono de Egipto.

El comienzo de la nueva dinastía de Manetón, la Dinastía V, parece así vinculada a un cambio importante en la religión egipcia y, como nos muestra el Papiro Westcar, la división dinástica bien puede ser reflejo de una antigua tradición egipcia.

El primer faraón de la nueva dinastía fue Userkaf, Horus Irmaet, 2.494-2.487 A.C., cuyo nombre conserva el patrón del último, o quizás penúltimo, faraón de la Dinastía IV, Sheseskaf. Se ha llegado a sugerir que Userkaf era nieto de Djedefra, pero, aunque sin lugar a dudas existían lazos familiares entre él y los soberanos de la Dinastía IV, se desconoce la naturaleza exacta de los mismos. Nada se sabe del reinado de Usernef, y no existe evidencia contemporánea que apoye la versión de los eventos que se describen en el Papiro Westcar.

El principal logro arquitectónico del reinado del faraón Userkaf, que ha sobrevivido, es el edificio de un templo específicamente dedicado al Dios Sol Ra. Y con él, se inicia una tendencia: Seis de los siete faraones de la Dinastía V de Manetón, Userkaf, Sahura, Neferirkara, Raneferef, Nyuserra y Menkauhor, construyeron ese tipo de templo durante los siguientes ochenta años.

Los nombre de estos templos se conocen por las titularidades de sus sacerdotes, pero sólo dos han sido localizados y excavados, el de Userkaf y el de Nyuserra. El templo solar edificado por Userkaf está en Abusir, al norte de Saqqara, aunque recientes excavaciones parecen apoyar la opinión de que la división entre Saqqara y Abusir ha sido producto de arqueólogos modernos, y no parece que existiese en la antigüedad.

La pirámide de Userkaf está en Saqqara Norte, en la esquina nordeste del recinto de Djoser. Para entonces, ya habría tenido lugar una importante reevaluación de la rígida monumentalidad, a juzgar por el menor tamaño de la pirámide de 73’5m de lado y 49m de altura, la adopción de un sistema de construcción menos problemático, y el deseo evidente de improvisar.

De hecho, el principal templo piramidal fue colocado, inusualmente, contra la cara sur de la pirámide; quizás con objeto de no interferir con una estructura ya existente. Userkaf, cuyo reinado duró sólo siete años, pudo haber ascendido al trono ya anciano.

La construcción de templos solares fue el resultado del gradual ascenso en importancia del Rey Sol Ra, que se convirtió en el equivalente más cercano a un Dios Estatal. Cada faraón construyó su propio templo solar, y su proximidad a los complejos monumentales, así como su similitud con los monumentos funerarios reales en planta, sugieren que se construyeron para el Más Allá más que para el Presente.

Un templo solar estaba compuesto de un templo del valle conectado al templo superior por una calzada elevada. La característica principal del templo superior consistía en un pedestal masivo con un obelisco, símbolo del Dios Sol. Un altar se colocaba en un patio abierto al Sol. No había relieves en las paredes del edificio de Userkaf - el templo solar más antiguo - pero en el de Nyuserra, abundaban.
Por una parte, destacaban el rol del Dios Sol como dador final de la vida, fuerza motriz de la Naturaleza, a la vez que señalaban el puesto a ocupar por el faraón en el ciclo eterno de acontecimientos, mostrando su periódica celebración de los festivales sed.

Una réplica grande de una Barca Solar se construyó en los alrededores. Así pues, los templos eran monumentos personales que mostraban la relación continuada del faraón con el Más Allá. Como en los complejos piramidales, a los templos solares se les dotaba de tierras, recibían donaciones en especias en los días de festival, y disponían de personal propio.

Y con esto acabo esta “Hoja Suelta” para iniciar una nueva andadura, la quinta del Capítulo 5 del corpus general del Proyecto, que nos va a permitir incidir en la Dinastía V, a lo que se añadirá, a modo de apéndice, un espacio dedicado a los "Faraones de los Textos de las Pirámides". Todo ello, en compañía de nuestro docto guía, el Profesor Jaromir Malek, del Griffith Institute.


Rafael Canales

En Benalmádena-Costa, a 28 de julio de 2009

Bibliografía:

“The Enciclopedia of Ancient Art. Helen Strudwick, Amber Books, 2007-2008.
“Ancient Egypt, Anatomy of a Civilization”. Barry J. Kemp, Routledge, 2006.
“Ancient Egypt. A Very Short Introduction”. Ian Shaw. Oxford University Press, 2004
“The Oxford History of Ancient Egypt”. Ian Shaw, Oxford University Press, 2003.
“Antico Egitto”. Maria Cristina Guidotti y Valeria Cortese, Giunti Editoriale, Florencia-Milán, 2002.
“Historia Antigua Universal. Próximo Oriente y Egipto”. Dra. Ana María Vázquez Hoys, UNED, 2001.
British Museum Database.

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