martes, 1 de diciembre de 2009

El Renaissance Egipcio en el Imperio Medio (c.2055-1650 A.C.) 3/3 Dinastía XIII

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Shabti del escolta Renseneb. Abydos. Dinastía XIII, hacia 1.730-1.720 A.C. Aunque enterrados en su ciudad natal, algunos antiguos egipcios, como Renseneb, tenían un “enterramiento sustitutivo” en Abydos, la ciudad del dios Osiris. Estos enterramientos incluirían objetos que se colocarían dentro de la verdadera tumba, como es el caso de las figurillas shabti. El shabti más antiguo data del Imperio Medio, hacia 2.040-1.750 A.C. Solían ser de madera pero se podían alternar con el barro o la piedra. Algunos llevaban inscripciones con un ensalmo del Textos de los Sarcófagos mediante el que el shabti realizaría todas las tareas que habrían correspondido al dueño de la tumba en el “Más Allá”. El texto de la figura que se muestra da instrucciones para que “te dediques todo el tiempo a regar y cultivar las tierras y transportar arena del Este al Oeste”. El ensalmo del shabti se podía activar sin necesidad de leerlo en voz alta; su presencia en la tumba era suficiente. Esto explicaría el miedo a que las criaturas malas representadas en los jeroglíficos se tornasen en reales. Los jeroglíficos que en esta inscripción representan a criaturas vivientes aparecen deliberadamente inacabados. Algunas de estas imágenes, como las serpientes, podrían suponer una amenaza para el fallecido. Otras, como algunos pájaros, representan a criaturas protectoras que podrían abandonar la tumba llevándose consigo su protección. Renseneb lleva en una mano el ankh, o signo de la Vida; y en la otra, un florero cuya lectura puede ser la de “protección”.


LA DINASTÍA XIII

Los gobernantes de la Dinastía XIII continuaron usando Itjtawy como capital y siguieron las mismas políticas que la Dinastía XII, si bien la nueva dinastía estaba formada por diferentes linajes, por lo que la cuestión de cómo se escogía al nuevo faraón está aún sin resolver. El Doctor Stephen Quirke ha sugerido una “sucesión rotativa” entre las principales familias lo que explicaría la escasa duración de la mayoría de los reinados.

Sin embargo, la burocracia continuaba funcionando de la misma forma que lo había estado haciendo durante toda la Dinastía XII. Los egipcios seguían controlando la zona alrededor de la 2ª Catarata, seguían midiendo las crecidas del río, el comercio florecía y los monumentos reales continuaban su escalada de construcción, si bien no eran tan impresionantes como los de los faraones de la Dinastía XII.

Las artes visuales, por otra parte, no muestran la mínima alteración de su “finesse” o del estilo de las mejores piezas de la dinastía precedente. Esta continuidad, a veces rota, se mantuvo hasta el reinado de Neferhotep.

Aunque muchos de los nombres de la Dinastía XIII se encuentran registrados en el Canon de Turín, poco se sabe de los soberanos de forma individualizada. Wegaf Khutawyra fue el primero, seguido de Sekhemra-Khutawy Sobekhotep II. Después del reinado del tercer faraón, Sankhtawy-Sekhemra Iykhernefert-Neferhotep, los registros no se guardaron por algún tiempo, y es posible que esto ocurriese durante un período de conflictividad política; es significativo, también, la escasez de registros en las minas de turquesa del Sinaí.

Por otra parte, los contactos comerciales continuaron, y el gobernante de Byblos aún se definía como “servidor de Egipto”. Sellos procedentes de las fortalezas nubias muestran que los asuntos con el sur seguían como siempre. El faraón Awibra Hor perteneció a este período. Su enterramiento, un simple pozo vertical, fue descubierto por Jaques de Morgan en el complejo mortuorio de Amenemhat III, en Dahshur. A pesar de la continuidad cultural que se ha subrayado antes, nada expresa más claramente las disminuidas circunstancias en las que se encontraban los soberanos en esta época como se aprecia en la empobrecida apariencia de la tumba de Awibra Hor.

Después de este breve e inestable período, surge una serie de efímeros soberanos, que incluye a Sekhemra-khutawy Sobekhotep II, en cuyo reinado se ha datado un interesante papiro que revela detalles de la vida cortesana de Tebas para un período de doce días. El análisis de este documento por el Dr. Stephen Quirke (Papiro Bulaq 18) ha revelado muchísimo sobre la estructura jerárquica de palacio en la Dinastía XIII y su modus operandi.

Unos cuatro reinados posteriores, hacia 1.744 A.C., Sekhemra-Sewadjtawy Sobekhotep III fue proclamado faraón, y durante algún tiempo parece que habría habido un resurgimiento de las fortunas de los soberanos egipcios. Un relieve esculpido en un acantilado más arriba de Nag Hammadi, en el Egipto Medio, proporciona una información muy específica sobre los miembros de la familia real. La fecha más alta de su reinado fue el año 5, aunque el Canon de Turín le da sólo tres años y dos meses. A pesar de tal brevedad, dejó inscripciones en monumentos que se extendieron desde el yacimiento de Bubastis en el Delta, hasta Elefantina en el sur.

El sucesor de Sobekhotep III, Khasekhemra Neferhotep I (c. 1.740-1.729 A.C.), es evidente que tampoco era de estirpe real, pero también él dejó muchos registros monumentales, lo que sugiere un vigoroso reinado. Fue reconocido como Jefe Supremo por Inten, soberano de Byblos, y sus inscripciones se han encontrado tan lejos al sur como la isla de Konosso, justo al sur de la 1ª Catarata en Nubia.

A pesar de estas muestras de fortaleza, sin embargo, nunca estuvo en control de la totalidad del Reino Egipcio, a juzgar por la evidencia de dirigentes que gobernaban de forma independiente lugares como Xois y Avaris, en el Delta.

El Trono pasó a los dos hermanos de Neferhotep I, Sahathor y Sobekhotep IV, seguidos del breve reinado del hijo de Sobekhotep IV. Esta mini-dinastía terminó con Sobekhotep V, hacia 1.723 A.C. Aún así, ha sobrevivido suficiente información del reinado de Sobekhotep IV para sugerir que poseía todos los requisitos de un faraón fuerte, y que continuaba teniendo algún control sobre Nubia donde se encontraron dos estatuas del faraón al sur de la 3ª Catarata, y otras más que fueron reusadas en Tanis.

Fue, sin embargo, durante el reinado de Sobekhotep IV cundo aparecen los primeros indicios de revolución en Nubia, que eventualmente acabaría escapando del control egipcio para ser gobernada por una línea de soberanos nubios con base en Kerma, como se verá más adelante en el Capítulo 8º. Para entonces, el Egipto del Imperio Medio se habría roto y disgregado en aquellas esferas de interés que eventualmente se convertirían en la base de gobierno del Segundo Período Intermedio.

PROCESOS DEL CAMBIO POLÍTICO EN EL IMPERIO MEDIO

El gobierno en el Imperio Medio estaba basado básicamente en la estructura creada bajo el Imperio Antiguo, pero había variaciones significativas. La burocracia y la Corona estaban sustentadas por el sistema tributario, si bien poca información directa ha sobrevivido sobre este último tema procedente de fuentes del Imperio Medio. El sistema fiscal se basaba esencialmente en apreciaciones del rendimiento de las tierras y los acuíferos, y el pago en especias.

Los templos y otras fundaciones piadosas estaban, con frecuencia, parcialmente exentos de impuestos, e incluso en su totalidad, como ya se verá más adelante. Además, existía un sistema de trabajo obligatorio mediante el que hombres y mujeres de clases media y baja eran seleccionados para acometer específicas tareas físicas, incluyendo el servicio militar. Este “sistema corvée” se implementaba a través de los funcionarios locales, pero su control estaba a cargo de una oficina de organización laboral.

El sistema típico "corvée" consiste, básicamente, en trabajar un día sin paga. Aunque se podía escapar legítimamente a esta carga laboral pagando a otra persona para que la realizase en su nombre; a aquellos que eludían el pago se les castigaba muy severamente, al igual que a sus familiares, o a quienes ayudasen en dicho incumplimiento. Los registros rescatados en la fortaleza de Askut, en la Baja Nubia, muestran que había un lugar a donde se podía enviar a los defraudadores del "corvée".

Esta práctica continuaría hasta la Dinastía XVII y, al parecer, la población de Nubia fue uno de los lugares exentos de impuestos y de la imposión del "corvée". Por su parte, el gobierno mantenía la paz en casa y patrullaba las fronteras al norte de la 2ª Catarata y al oeste del “Muro del Príncipe”. Mediante redadas en Palestina e incursiones en Nubia, los soberanos del Imperio Medio pudieron extender la influencia y prosperidad de Egipto más allá de sus fronteras. El comercio se convirtió en monopolio del faraón, con la correspondiente supervisión de funcionarios estatales, y en Nubia la recompensa fue extremadamente substanciosa.

Muchos de los títulos de funcionarios del Imperio Medio fueron los ya usados durante el Imperio Antiguo, aunque se crearon algunos cargos adicionales. Una de las características más notables del Imperio Medio fue la distinción de los cargos oficiales en puestos y tareas más específicos, lo que puede haber sido consecuencia de un crecimiento general de la burocracia, si bien el campo de actividades de cada puesto se habría restringido.

Una excepción en esta disminución de las actividades fue la de “Portador del Sello Real” que incorporaba tareas de supervisión; especialmente bajo el faraón Mentuhotep II. El visir, cuyas responsabilidades aparecen enumeradas en un texto funerario del Imperio Nuevo procedente de la tumba de Rekhmira ("Los Deberes del Visir"), aún era primer ministro bajo el soberano, aunque ya de forma menos prominente en los registros posteriores a la Dinastía XI. La práctica de tener dos visires es incierta para el Imperio Medio, aunque bajo Senusret I sí parece que eran dos los visires, Antefoker y Mentuhotep, los que servían al mismo tiempo.

Las escasas fuentes informativas de finales del Imperio Medio sugieren que hubo otros cambios políticos entre el Imperio Antiguo y el Medio; la centralización del gobierno fue mucho más generalizada en las zonas regionales durante el Imperio Medio, mientras apenas hay evidencia de ello en el Imperio Antiguo. También había un mayor control sobre los individuos y la obligación que cada uno se considerase en deuda con su gobierno. Esta mayor intrusión en la vida privada puede atribuirse parcialmente a la costumbre en el Imperio Medio de delegar tanto control a los alcaldes de las ciudades. Pero, a su vez, tiene lugar un cambio significativo al poner a las provincias en línea con los estilos y prácticas de la capital. El trabajo artístico es el mayor exponente visible de este fenómeno.

Fue, no obstante, el cargo de nomarca el que experimentó la fluctuación más acentuada de todos durante el Imperio Medio. Debido a su distancia de Menfis, los antiguos nomarcas siempre habían disfrutado de un cierto grado de independencia durante el Imperio Antiguo. Esta independencia acabó reforzada por el hundimiento del gobierno de Menfis, por lo que uno de los mayores éxitos de los dirigentes del Imperio Medio fue minimizarla, para lo que cada soberano eventualmente emplearía diferentes estrategias para implementar y hacer efectiva esta política.

Bajo Mentuhotep I, a los nomarcas se les retenía en muchas zonas de las que aún se conservan registros, (aunque no ha sobrevivido mucha evidencia de este tipo) pero, según parece, aquellos nomarcas considerados de escasa utilidad para los tebanos habrían perdido su puestos de forma automática. Durante la Dinastía XI, los nomarcas asumieron sus roles tradicionales, pero sin la supervisión de los funcionarios del faraón. Muchos de los que retuvieron el poder, exhibían y hacían gala de aires de grandeza: El conde Nehry del nome de Hermópolis, por ejemplo, dató las inscripciones de su propio “reinado” en tiempos del faraón Mentuhotep IV, y sus enunciados que aparecen en la cantera de Hatnub sugieren, de forma contundente, desafíos al propio faraón.

El plan básico adoptado por Amenemhat I consistía en hacer de cada ciudad un foco de administración autonómica. Cada ciudad estaba controlada por un alcalde, y sólo el funcionario jefe de las ciudades más importantes heredaba el puesto de nomarca. Con esta consideración de la ciudad como unidad básica de gobierno, el impacto político del resto de los territorios del nome se debilitó.

Los nomarcas de Amenemhat I ostentaban los títulos de “Gran Jefe Supremo", "Alcalde" y "Supervisor de Sacerdotes”, y residían principalmente en las zonas central y fronterizas de Egipto. El factor principal que propiciaba el control real sobre estos hombres parece que era el hecho de que, al menos en los dos primeros reinados de la Dinastía XII, habrían sido nombrados personalmente por el faraón; aunque ya para el reinado de Amenemhat II, el cargo volvería a ser de nuevo hereditario.

Estos nomarcas aprovechaban al máximo sus puestos para beneficico propio o de los suyos; algunos llegaban a adaptar títulos a su personal de confianza paralelamente a lo que se hacía en la Corte Real: de forma que uno se topa, aquí y allá, con un “tesorero”, un “canciller”, e incluso un capitán del ejército como parte del séquito doméstico. Pretensiones aparte, a los Supervisores de Sacerdotes no se les permitía que se olvidasen de su benefactor, el faraón, que era quien los había organizado de forma casi feudal: a él se le debía lealtad y vasallaje directo a cambio de prebendas reales; ellos estaban obligados a proteger las fronteras de Egipto; a hacerse cargo de las expediciones reales; y, probablemente, a actuar como diputado real en las recepciones oficiales a delegaciones extranjeras, como la llegada de mercaderes beduinos al nome de Oryx, representada en la tumba de Khnumhotep, en Beni Hasan (BH3), durante el reinado de Amenemhat II.

Hacia el reinado de Senusret III, desaparecería el título más importante del nomarca, “Gran Jefe Supremo”, y la opinión convencional es que debe haber sido decisión del faraón por causa de force majeure. No obstante, la causa real pudo haber sido algo diferente: hacia el reinado de Senusret III, sólo los nomarcas de el-Bersha y Elefantina aparecen todavía registrados de forma clara como “grandes jefes supremos”; otras zonas estaban controladas por alcaldes, pero al no existir registros de muchas ciudades, no se puede asegurar con certeza.

El egiptólogo alemán Detlef Franke, ha demostrado que la práctica durante el reinado de Senusret II era que correspondía al faraón la educación en la capital de los hijos de los nomarcas, a los que posteriormente les concedería puestos; bien en la propia capital, o en cualquier otra zona. Con los vástagos de la familia diseminados así, el puesto de nomarca acabaría siendo eclipsado por el de los alcaldes de las ciudades quienes, inevitablemente, no gozarían de la misma riqueza material y el poder de los gobernadores de provincia. Esto explicaría porqué la era de las tumbas provinciales ricamente decoradas llegó a su fin.

Así pues, es muy improbable que el faraón Senusret III hubiese sido el instrumento de la desaparición de los nomarcas, ya que los registros nos dicen que, aunque el puesto eventualmente desapareciese bajo Senusret III, había estado ya en declive desde al menos los tiempos de Amenemhat II.

No obstante, Senusret III nombraría otros funcionarios, con base en la Corte Real, como gobernadores de amplios sectores del país, lo que supuso una brusca ruptura con las prácticas del pasado. Se crearon también dos oficinas (waret), una para cada una de las zonas norte y sur, cuya operatividad estaba en manos de una jerarquía de funcionarios. Se inauguraron otros departamentos, como el de “tesorería”, la “oficina de donaciones del pueblo”, y el de “organización laboral”.

El sector militar estaba organizado bajo el mando de un General Jefe y se creó una nueva “oficina del visir”. Además de estos departamentos estatales existía una administración separada para Palacio. Como resultado de esta nueva jerarquización, aparecieron títulos nuevos, con el consiguiente aumento de la burocracia, que se vería reflejada en un mayor número de estelas funerarias para este período, visible indicador de una mayor riqueza de la clase media.

Fuera de las fronteras gubernamentales, estaban los bienes del templo y sus dependencias. Como revelan los contratos del edil de Asyut, Djefahapy, éste constituía en sí un mundo igual de burocrático. Los diez contratos de Djefahapy, que han sobrevivido al estar inscritos en el propio muro del templo, se alcanzaron para asegurarse el culto mortuorio.

Aparte de las implicaciones legales, los contratos también revelan algunas de las otras condiciones aplicables al templo; como puede ser el hecho de que cada persona del distrito estaba obligada a proporcional al templo un hekat (casi cinco litros) de grano de cada parcela de su propiedad, con ocasión de la primera cosecha del año. Los contratos son muy específicos, e indican que los templos eran autosuficientes y que ellos también tenían que pagar impuestos a la Corona, a menos que recibiesen un decreto de excepción del propio faraón. La política de Senusret I para la construcción de templos provinciales por todo el país, de hecho redujo las bases locales de poder.

LA CORTE REAL

Pocas han sido las manifestaciones que nos han llegado referentes al rol del faraón durante el Imperio Antiguo, pero se dispone de algunos textos del Imperio Medio que arrojan alguna luz sobre la naturaleza de la Realeza, tales como “Enseñanzas para Merykara”, “La Enseñanza de Amenemhat I” y los “Himnos a Senusret III”.

Algunos registros privados también aportan algunas pistas; como es el caso de un largo poema que aparece en la estela de Sehetepibra, en Abydos (Museo Egipcio de El Cairo) que describe la importancia del faraón para su pueblo.

Los episodios finales de “La Historia de Sinuhe”, que nos describe el regreso de un cortesano egipcio del exilio, proporciona detalles sobre la vida durante la Dinastía XII, si bien es el Papiro Bulaq 18 de la Dinastía XIII el que nos proporciona la evidencia más reveladora sobre la jerarquía social de la familia real y el número de raciones diarias que se distribuían, lo que indicaría la relativa importancia de esta y de otras dependencias de palacio. Este papiro, nos habla de la fluidez de movimientos de gente diferente, con sus estancias lejos del propio palacio.

En cuanto al propio complejo palaciego, el papiro nos indica que había tres divisiones interiores dentro del propio recinto. En orden descendiente de importancia, éstas eran: la kap, o guardería, que era dominio de la familia real, de sus sirvientes personales y de aquellos niños seleccionados cuya educación dependía del faraón; la wahy, zona de audiencia del patio de columnas, donde se celebraban los banquetes; y el khenty, o palacio exterior, lugar donde se trataban los asuntos de la Corte.

Estos tres grupos de edificios se situaban dentro de una zona menos majestuosa, conocida como la shena, donde se distribuían provisiones a los dependientes de fuera de palacio. El visir y los funcionarios mayores ocupaban el khenty, mientras que el personal de servicio estaba restringido al shena. El supervisor interior de la kap parece que habría sido el único funcionario que podía operar en ambas partes del palacio: la exterior y la interior. Sin la información procedente del Papiro Bulaq 18, nuestro conocimiento de la organización palaciega no iría más allá de los planos arquitectónicos de un palacio de la Dinastía XII, en Tell Basa, y otro de principios de la Dinastía XIII, en Tell el-Dab’a, en el Delta.

LA VIDA URBANA: LA CIUDAD PIRAMIDAL DE LAHUN

La vida de la gente ordinaria nos llega vía la ciudad de Hetep-Senusret, junto al complejo piramidal de Senusret II en el lugar de Lahun. Erróneamente llamada Kahun por Flinders Petrie, que excavó allí en 1888-9, se la asoció de forma muy cercana al culto de Senusret II.

Trazada en un solo plano arquitectónico, al estilo de los pueblos amurallados, mucho más pequeños, del Imperio Nuevo, de Amarna y Deir el-Medina – como veremos en los capítulos 9 y 10 que siguen - Hetep-Senusret se fundó para acomodar a los trabajadores reales y a sus familias. Es muy probable, sin embargo, que incluyese entre sus habitantes muchos que no tenían conexión alguna con el culto funerario. Se ha estimado, basándose en la capacidad de todos los silos de grano de la ciudad, que podría haber albergado a una población de hasta 5.000 personas. No obstante, el emplazamiento actual difícilmente se distingue del desierto que lo envuelve, habiendo desaparecido cualquier rastro de ladrillos de barro, quedando sólo restos de cimientos y las partes bajas de algunos edificios.

El material de Lahun es particularmente valioso en cuanto que proviene de un mundo vivo más que de una necrópolis. No obstante, excavaciones más recientes han puesto al descubierto asentamientos del Imperio Medio en Abydos, Menfis, y Elefantina, que nos hacen empezar a considerar el material de Lahun en un contexto geográfico y social más amplio.

Por desgracia, la mayoría del material que queda en Lahun, abandonada por vez primera durante la Dinastía XIII, fue a parar a enormes fosas de basura propiciadas por los ocupantes del lugar una vez pasado el Imperio Medio. Es así que la gran mayoría del preciado contexto del material fue destruido mucho antes de que el emplazamiento fuese excavado.

Sin embargo, algunas casas quedaron comparativamente en buen estado, y nos ofrecen el potencial que nos permite echar una ojeada a las vidas de la clase de individuos que no suelen aparecer en el material textual y funerario que ha sobrevivido.

Gracias a la colección del egiptólogo británico Percy Edward Newberry (1.869-1.949) de diferentes tipos de semilla procedentes de la expedición de Petrie, ha sido incluso posible recrear la vegetación de la zona, si bien con cierta contaminación con material botánico grecorromano. Había amapolas, altramuces, resedas, heliotropos, y lirios; y también yerbajos; y verduras como guisantes, alubias, rábanos, y pepinos.

El material de Lahun también incluye curiosos hallazgos, como un “palillo de fuego” utilizado para hacer fuego (probablemente el único que ha sobrevivido); un juego de utensilios médicos; y muchas otras herramientas de labranza y de artesanos profesionales. También hay una rica variedad de cerámica, y un gran número de papiros – algunos aún sin publicar – cuyos contenidos arrojan luz sobre temas de religión y de la vida cotidiana. Entre los textos más interesantes de Lahun está el llamado Papiro Ginecológico que, como sugiere su nombre, representa la colección más antigua que existe de remedios para las enfermedades de la Mujer.


COMERCIO EXTERIOR

De los contactos comerciales entre el Egipto del Imperio Medio y el Egeo se sabe gracias a unos pocos restos de cerámica minoica de la fase del asentamiento de Lahun, durante la Dinastía XII, así como por la tapa de un “pyxis” - pastillero utilizado por los antiguos griegos para sus medicinas - y por fragmentos de cerámica local egipcia que claramente imitaban a los modelos minoicos. No obstante, al haberse encontrado estos fragmentos en depósitos de deshechos, es difícil estar seguro de su datación, como igualmente los son los contextos estratigráficos originales.

Curiosamente, tienen la apariencia de haber sido recipientes corrientes, usados por los obreros, más que objetos de lujo importados; incluso, quizás indicativos de la presencia de mano de obra extranjera procedente de Creta entre la población urbana. De la Dinastía XII también existen unos cuantos depósitos de cascotes de “cerámica de Kamares, o Camares” minoica, en lugares tales como Lahun, el-Haraga y Abydos, y en una tumba de la Dinastía XII, y tan lejos al sur como Elefantina.

Numerosos objetos de esta época revelan la presencia de una red comercial de intercambio artístico e iconográfico: se pueden encontrar motivos egipcios en objetos raros, como en escarabeos dedicatorios de barro utilizados como ofrendas en santuarios importantes en ciertos lugares de Creta. Los jarrones de piedra egipcios encontraron su propio camino a Creta, mientras sus estilos eran imitados por artesanos minoicos. Aunque estas imitaciones locales de los estilos egipcios, y de su iconografía, con frecuencia provienen de contextos sin datación, son importantes en cuanto que sugieren contactos frecuentes que redundaban en un intercambio de "ideas", así como de productos y materiales.

En Lahun y Lisht, hay también una temprana evidencia de la distintiva cerámica de Tell el-Yahudiya (ver Capítulo 8) consistente en jarras que quizás una vez guardaron aceite del Cercano Oriente. Los faraones egipcios promocionaron activamente la importación de madera, aceite, vino, plata, y quizá marfil de Siria-Palestina. Ambas cerámicas, la chipriota y la minoica, aparecen también testimoniadas en hallazgos ocasionales en Egipto.

Los artículos egipcios, tales como escarabeos, estatuas, jarrones, joyas, e incluso esfinges, se han encontrado en yacimientos tan lejanos entre sí como Byblos, Ras Shamra, y Creta. Se iniciaron nuevos contactos con Chipre y Babilonia, pero muy poco de este material procede de contextos correctamente datados.

Un aumento de los contactos con el Cercano Oriente parece deducirse del hecho de que los pesos asiáticos llegan a superar numéricamente a los egipcios en Lahun. Además, uno de los hallazgos más ricos del Imperio Medio lo forma una colección de material asiático, o quizás minoico, de oro y plata, descubierto en cuatro cofres de bronce bajo el templo de Montu, en Tod.

A la inversa, el arqueólogo francés Pierre Montet (1.885-1.966), famoso por sus descubrimientos en Tanis en 1939, descubrió un acopio de más de 1.000 objetos egipcios enterrados en una tinaja en la ciudad siria de Byblos, que incluía joyas de un asombroso parecido con el “tesoro” de las tumbas de las princesas de la Dinastía XII, en la necrópolis de Lahun.

Neferhotep y otros gobernantes egipcios eran reconocidos como grandes jefes supremos por los gobernantes locales de Byblos quienes, no sólo copiaban la insignia y los títulos, sino que también imitaban las inscripciones de jeroglíficos egipcias.

Había también estrechos contactos con la zona sur de Egipto. Aparte de sus actividades en Nubia, muchos de los soberanos del Imperio Medio, en particular Mentuhotep III y Senusret I, mantenían relaciones comerciales con la región africana del Punt; probablemente situada en algún lugar vecino de la moderna Eritrea. El puerto de la Dinastía XII de Sa’waw ha sido descubierto en el extremo Este de Wadi Gawasis, en la costa del Mar Rojo – a corta distancia de la moderna Quseir – y algunas estelas encontradas a lo largo del wadi, y en el propio puerto, proporcionan registros de expediciones a el Punt durante la Dinastía XII.

PRÁCTICAS RELIGIOSAS Y FUNERARIAS

Las novedades más importantes de la religión en el Imperio Medio están relacionadas con el culto a Osiris que se había convertido en el Gran Dios de todas las necrópolis. Una de las razones del crecimiento de este culto parece ser que fue el sofisticado patronazgo ejercido por los gobernantes del Imperio Medio; especialmente en Abydos durante la Dinastía XII. Éste llegó a su clímax durante el reinado de Senusret III, cuyo cenotafio de Abydos fue el primer monumento real que se construyó en el lugar durante el Imperio Medio.

Un decreto de los tiempos del faraón Wegaf, perteneciente a la Dinastía XIII - usurpado por Neferhotep - prohíbía la construcción de tumbas en el camino procesional de Abydos. Sobekhotep III ya había levantado allí estelas para algunos miembros de su familia, y Neferhotep I viajó a Abydos para participar en los "misterios de Osiris" en el segundo año de su mandato, erigiendo una estela en conmemoración del evento.

Dado el poder de Osiris y de Abydos en términos de capacidad de legitimación real, puede que el interés de los soberanos de la Dinastía XIII se debiese, principalmente, a su carencia de ascendencia real, cosa que no se puede decir de los soberanos de la Dinastía XII.

La creciente influencia de Osiris debe tener su origen, en parte, en la activa promoción de Abydos y en los llamados “misterios de Osiris”. Algunos detalles de este conjunto de ritos se mencionan en una estela de la Dinastía XII – actualmente en el Museo Británico – que fue inaugurada en Abydos por Ikhernofret, el organizador del festival anual, durante el reinado del faraón Senusret III.

La expansión del culto a Osiris estuvo acompañada de un fenómeno cultural descrito a veces como la “democratización del Más Allá”: una extensión de los privilegios reales de antaño al pueblo llano. Un gran número de estelas, en particular en Abydos, muestran que cada vez era más normal participar en los ritos de Osiris, recibiendo así sus bendiciones que en un tiempo estaban restringidas a los faraones.

Como resultado de esta evolución, las creencias funerarias y los ritos de toda la población empezaron a cambiar. Uno de los primeros cambios fue la práctica de decorar los ataúdes privados con los "Textos de los Sarcófagos"; una combinación de extractos de los "Textos de las Pirámides" con nuevas composiciones literarias que surgieron durante el Primer Período Intermedio (Ver Capítulo 6).

No obstante, a mediados de la Dinastía XII, la utilización de estos textos repentinamente cesó; en principio a consecuencia de nuevos cambios funerarios, tales como la introducción del ataúd con silueta de momia que, por su forma más irregular, era menos apropiado para acoger largas inscripciones de textos religiosos.

Otra novedad religiosa del Imperio Medio fue la idea de que todo el mundo – no sólo el faraón – poseía un ba, o fuerza espiritual. La prueba más evocadora de ello es el texto literario titulado “Diálogo entre un Hombre cansado de vivir y su Ba” que debe ser el texto literario sobre el suicidio más antiguo del mundo; un profundo y auténtico tratado filosófico. Se solía poner gran énfasis en la “piedad personal”; es decir, el acceso directo y personal a los dioses, más que a través del faraón o de los sacerdotes; un concepto religioso que llegó a aumentar aún más su popularidad durante el Imperio Nuevo.

Las estelas del Imperio Medio hacen hincapie en la piedad de los titulares fallecidos, y de aquí surge el concepto de “confesión negativa”: listas rituales de ofensas que el finado asegura no haber cometido. Las propias estelas se convirtieron en monumentos conmemorativos; en especial aquellas decoradas con "el ojo wedjat", símbolo de protección por excelencia, si bien otras insignias, como puede ser el círculo shen y el disco solar alado – que muestran las estelas reales – también aparecen durante este período.

Los complejos mortuorios de la Dinastía XI y la Dinastía XII, también experimentaron cambios considerables en su diseño, como así lo requerían los faraones para que la formas arquitectónicas reflejasen sus creencias religiosas. Ingenieros y arquitectos alcanzaron niveles de verdadera maestría, y los albañiles gozaron de habilidades que excedían las de sus homólogos del Imperio Antiguo; habilidades que pondrían en práctica no sólo en los complejos reales sino también en la creación de templos de mayor tamaño y de un mejor acabado.

En este período se va apreciando la compleja ingeniería interior de las pirámides reales, y la experimentación estructural en la arquitectura en construcciones, tales como los paseos con terrazas de Mentuhotep II, en Deir el-Bahri, los pilonos y la cripta triple de Mentuhotep II en la “Colina de Thoth”, en Tebas, y las galerías de Senusret II en su pirámide de Lahun. Las tallas en relieve, que ya encontramos con anterioridad en los complejos mortuorios del Antiguo Imperio, decoran ahora, para dioses y faraones por igual, las paredes de los templos del Imperio Medio. Fue también en este período que se inauguró el vasto complejo de Karnak, y se construyeron los otrora imponentes templos de el-Faiyum, .

También se vislumbra la experimentación en las tumbas regionales de los nomarcas desde la Dinastía XI en adelante. Ellas nos muestran el lado de la vida más mundano de estos funcionarios, con sus aficiones a la caza, la pesca y la lucha libre; así como su fascinación por el mundo exótico de los Asiáticos.

Las grandes y ricamente decoradas tumbas rupestres, con frecuencia exhibían fachadas con pilares, y las propias tumbas estaban elevadas por encima de los enterramientos de miembros de su “corte” personal, que aparecían dispersos por toda la ladera.

Los ataúdes de los nomarcas - especialmente los de Deir el-Bersha – lucen las obras de arte más bellas de todas las que han sobrevivido. En muchos casos, están decorados con copias antiguas del “Libro de los Dos Caminos”, que consistía en un conjunto de instrucciones para alcanzar de forma segura el Más Allá. Sin embargo, conforme el cargo de nomarca fue perdiendo importancia, el carácter de la necrópolis de provincia cambió: el tamaño y número de tumbas pequeñas aumentó, y ya no parecía tan evidente la discriminación jerárquica basada en los niveles de posicionamiento de las sepulturas.

Por el contrario, en la capital, las cosas eran más bien diferentes: las tumbas de funcionarios se ubicaban en las necrópolis reales, más que en los cementerios familiares de la localidad; la tumba-mastaba se convirtió en el estilo preferido de tumba privada, y la posesión de un monumento conmemorativo privado se hizo imperativa para todos.

Ya en el Imperio Medio, la momificación se había extendido mucho más, aunque no era muy efectiva. Si bien la evisceración se practicaba con más frecuencia, los cuerpos estaban mal momificados, y la carne residual raras veces sobrevivía, a pesar del hecho de que el vendaje exterior era, con frecuencia, de lujo. A las momias se les dotaba de máscaras de cartonnage, con frecuencia bellamente pintadas, los cuerpos yacían colocados en los lados dentro de ataúdes rectangulares, orientados según los puntos cardinales y los textos que aparecían escritos en las paredes de la tumba.

Otro cambio importante en las prácticas funerarias consistió en la introducción del shabti, palabra que algunas veces se la conoce como ushabti, o shawabti, que quiere decir “palo”, o “el que responde”, o quizás ambos. Los shabtis eran estatuillas hechas de variados materiales (cera, barro, cerámica, fayenza, madera o piedra) de los que se esperaba que actuarían como substitutos mágicos cuando el propietario de la tumba tuviese que realizar algún trabajo para Osiris.

Los ejemplares más antiguos datan de los tiempos de Mentuhotep II, y solían tener la forma de pequeñas figuras desnudas, sin ninguna fórmula escrita sobre ellas, mientras que otras tenían la forma de una momia. Estas figurillas eran, claro está, simples recordatorios tridimensionales del texto número 472 del los "Textos de los Sarcófagos" que aparecían dentro de algunos ataúdes del Imperio Medio.

No obstante, para finales de la Dinastía XII, el texto empezó a aparecer escrito en el propio shabti. Se cree que el rol del shabti puede haber estado ligado al “sistema corvée" por el que cada individuo se veía obligado a trabajar para el faraón, o al trabajo que la gente corriente se veía obligada a realizar para el mantenimiento de las vías fluviales. Como los trabajadores humanos, los shabtis posteriores portaban azadas y bolsas de semilla con las que hacer el trabajo.


La fotografía que encabeza esta Hoja Suelta - procedente de la Base de Datos del Museo Británico - nos muestra el shabti del escolta Renseneb, de la Dinastía XIII, datado hacia 1.730-1.720 A.C. y nos ofrece, al pie, una detallada descripción de la pieza junto a las características, uso y significado de este particular amuleto.

LOS LOGROS CULTURALES DEL IMPERIO MEDIO

El Imperio Medio fue un tiempo en el que el arte, la arquitectura y la religión alcanzaron nuevas cumbres; sobre todo, fue una edad de confianza en la escritura, sin duda estimulada por el crecimiento de la “clase media” y del colectivo de escribas de la sociedad que, a su vez se debió, en no poca medida, a la expansión de la burocracia bajo el faraón Senusret III.

Florecieron formas variadas de literatura, de forma que, según parece, los propios egipcios antiguos llegaron a considerarla como la era “clásica” de la Literatura Egipcia. Narrativas tales como “La Historia de Sinue” - cuya popularidad viene marcada por el gran número de copias que nos han llegado – “El Marinero Naufragado”, y los episodios fantásticos del “Papiro Westcar” fueron todos compuestos en el Imperio Medio, mientras que las obras filosóficas tales como El Himno de Hapy”, la “Sátira de los Comercios”, y el “Diálogo entre un Hombre Cansado de vivir y su Ba”, fueron también muy populares.

Además, una amplia variedad de documentos oficiales han sobrevivido, incluyendo informes, cartas y cuentas que no sólo ayudan a retocar el cuadro general del período de que disponemos, sino que también nos indican que el alfabetismo estaba más extendido que lo había estado durante el Imperio Antiguo.

Bajo la dirección de los gobernantes del Imperio Medio, Egipto tuvo sus ojos abiertos al más amplio mundo de Nubia, de Asia y del Egeo, beneficiándose así del intercambio de materiales, productos e ideas. El Imperio Medio fue una era de tremenda invención, enorme visión y proyectos colosales, pero también se prestó atención de forma cuidada y elegante al detalle en la creación de pequeños objetos de uso cotidiano y decorativos.

Este nivel más humano está presente al haberse convertido el ser humano en algo más destacado en términos cósmicos; ya fuese como resultado de sus obligaciones frente al estado a través de los impuestos o del sistema corvée, de sus previsiones para el entierro, o de su presencia, cada vez mayor, en la literatura de su tiempo. Ni Sinué, ni el “marinero naufragado”, habrían sido personajes de cuento en el Imperio Antiguo, pero, con ser así, estos individuos aparecen sentados cómodamente en el prestigioso y amplio sillón de la Literatura del Imperio Medio, al amparo de este período de mayor humanidad.

COMENTARIO EX PROFESO

Con esta última e interesantísima reflexión, llegamos al final de este largo recorrido por el Imperio Medio, con lo que damos por terminado el Capítulo 7º del corpus de la obra de Ian Shaw, “The Oxford History of Ancient Egypt”, tan brillantemente desarrollado de la mano de su autor, el prestigioso erudito australiano Profesor V. Gae Callender, de la Macquarie University, Australia.

A través de esta mano virtual, a veces he creído sentir cómo corría por mis vasos capilares todo un flujo de fechas, hechos, incidentes, juicios y consideraciones de todo un período que han dejado, finalmente, en mí, el sedimento del conocimiento; y con él, la posibilidad y, porqué no, el derecho de juicio, opinión y reflexión profana sobre su naturaleza, a la espera del expectante recorrido por otros períodos posteriores, otros tiempos, otras eras, de este Antiguo Egipto, que me hagan reconfirmar o, por el contrario, rectificar, lo que ha quedado dentro de mí de este Imperio Medio que nos deja y que a continuación resumo.

Se trata, ante todo, de un período de total creatividad y avance en el campo tecnológico, artístico, cultural, comercial, político, legal, literario, filosófico, lingüístico, social, económico, fiscal, docente, religioso, funerario y, sobretodo, humano.

Pienso en el Imperio Medio como “Piedra Angular” del Antiguo Egipto, sobre la que se va a edificar un inmenso imperio allende las aguas mediterráneas, una impresionante cultura varias veces milenaria, una sofisticada escritura, una filosofía y una religión complejas, con cabida incluso, más adelante, para una primera tentativa monoteísta, base y origen de las actuales grandes religiones, y un arte imperecedero, semilla de posteriores civilizaciones.

Y sin más odas ni lisonjas, termino.

Faraones de la Dinastía XI (todo Egipto): (2055-1985):

Mentuhotep II (Nebhepetra)
Mentuhotep III (Sankhkara)
Mentuhotep IV (Nebtawyra)

Faraones de la Dinastía XII (1985-1773):

Amenemhat I (Sehetepibra)
Senusret I (Kheperkara)
Amenemhat II (Nubkaura)
Senusret II (Khakheperra)
Senusret III (Khakaura)
Amenemhat III (Nimaatra)
Amenemhat IV (Maakherura)
Reina Sobekneferu (Sobekkara)

Faraones de la Dinastía XIII (1773-después de 1650):

Wegaf (Khutawyra)
Sobekhotep (Sekhemra-khutawy)
Iykhernefer Neferhotep (Sankhtawy-sekhmra)
Ameny-intef-amenemhat (Sankhibra)
Hor (Awibra)
Khendjer (Userkara)
Sobekhotep III (Sekhemra-sewadjtawy)
Neferhotep I (Khasekhemra)
Sahathor
Sobekhotep IV (Khaneferra)
Sobekhotep V
Ay (Mernefarra)

Faraones de la Dinastía XIV (1773-1650):

Diversos gobernantes menores, probablemente contemporáneos con la Dinastía XIII o Dinastía XV.


Rafael Canales

En Benalmádena-Costa, a 5 de febrero de 2010.

Bibliografía:

“The Enciclopedia of Ancient Art”. Helen Strudwick, Amber Books, 2007-2008.
“Ancient Egypt, Anatomy of a Civilization”. Barry J. Kemp, Routledge, 2006.
“Ancient Egypt. A Very Short Introduction”. Ian Shaw. Oxford University Press, 2004.
“The Oxford History of Ancient Egypt”. Ian Shaw, Oxford University Press, 2003.
“Antico Egitto”. Maria Cristina Guidotti y Valeria Cortese, Giunti Editoriale, Florencia-Milán, 2002.
“Historia Antigua Universal. Próximo Oriente y Egipto”. Dra. Ana María Vázquez Hoys, UNED, 2001.
“British Museum Database”.

domingo, 25 de octubre de 2009

El Renaissance Egipcio en el Imperio Medio (c.2055-1650 A.C.) 2/3 Dinastía XII


("Pinchar" y ampliar)

Ataud interior de madera pintada de Sebekhetepi, Beni Hasan, Imperio Medio, hacia 2.125-1.795 A.C. Como muchos individuos adinerados del Imperio Medio, Sebekhetepi fue enterrado en dos ataudes rectangulares. El interior estaba hecho de madera de cedro importada, de mucha más calidad que la madera local, lo que sugiere un alto estatus de su propietario. La decoración del exterior del ataud está embutida en la madera y pintada. Las inscripciones que aparecen a lo largo del centro de la tapa están escritas en azul sobre una banda blanca. Los bordes de la tapa y las esquinas de la caja están decoradas con bandas a rayas separadas por bandas perpendiculares cortas, en los mismos colores. El par de ojos "wedjat" en un lado, también en azul sobre blanco rodeado de un borde multicolor, facilita a la momia - colocada de lado de forma que tiene enfrente al wedjat - el que pueda ver fuera del ataud. El interior del ataud va decorado con representaciones de ofrendas. Se desconocen los títulos ostentados por Sebekhetepi pero, al igual que Gua, se sabe que fue servidor de un gobernador real y que ambos vivieron durante el Imperio Medio; hacia 2.040-1.750 A.C. Tamaño: Alto 45'8 cm; Ancho 40'6 cm; Largo 187'3 cm


LA DINASTÍA XII

A modo de Preámbulo

La sofisticación que se alcanza durante la Dinastía XII, muy superior en comparación con la de la Dinastía XI, ha sido, quizás, el factor que más ha contribuido a persuadir a tantos estudiosos de que el verdadero Imperio Medio comienza con la Dinastía XII.

Amenemhat I

Sehetepibra Amenemhat I (el Ammenemes de Manetón, c.1985-1956 A.C.) era hijo de un individuo llamado Senusret y una mujer llamada Nefret - que no pertenecían a la familia real – y los nombres de Amenemhat, Senusret y Nefret acabarían siendo muy populares entre los faraones de la Dinastía XII y sus esposas. Si el visir Amenemhat y Amenemhat I eran en realidad una misma persona, su informe sobre los dos mencionados presagios parece señalarle a él como la persona para quien los milagros se habían hecho. Sus contemporáneos tienen que haber entendido que este hombre habría obtenido así el favor de los dioses.

La Profecía de Neferti, cuyo texto posiblemente se compuso hacia principios del reinado de Amenemhat I, se inicia con una lista de problemas relacionados con el campo, y luego “predice” la aparición de un faraón poderoso:

Entonces un rey vendrá del Sur,
De nombre Ameny, el justificado,
Hijo de una mujer de Ta-Seti, Hijo del Alto Egipto.
Él tomará la Corona Blanca,
Él llevará la Corona Roja,
Él unirá las Dos Poderosas (las dos Coronas)

Los Asiáticos caerán bajo su espada,
Los Libios perecerán bajo su fuego,
Los Rebeldes bajo su cólera,
Los Traidores bajo su poder,
Al igual que la serpiente desde su frente domina a los Rebeldes por él,
Él construirá el Muro-del-Príncipe,
Para impedir la entrada a Egipto de los Asiáticos……..

Puesto que esta “profecía” de principios de la Dinastía XII - cuya datación, por cierto, es cuestionable - claramente se refiere al faraón Amenemhat, de nuevo nos encontramos ante una enunciación, de intervención divina, que nos advierte del estatus sobrenatural del faraón.

Hay otros muchos textos que se refieren al caos anterior a la llegada de los nuevos reyes; sin embargo, las referencias a los Asiáticos en La Profecía de Neferti son nuevas; así como la referencia al "Muro-del-Príncipe", un sistema de fortificaciones levantado por Amenemhat en el Delta Oriental. Fue durante su reinado cuando tuvieron lugar las primeras campañas militares del Imperio Medio contra el Cercano Oriente, debidamente atestadas.

Una de las acciones más significativas de Amenemhat fue trasladar la capital de Tebas a la nueva ciudad de Amenemhat-itj-tawy (“Amenemhat, el Ocupador de las Dos Tierras”), en ocasiones referida simplemente como Itjtawy, en la región de el-Faiyum - aún por descubrir - en las proximidades de la necrópolis de Lisht. El nombre de la ciudad sugiere ya un comienzo del reinado más bien violento, aunque se desconoce la fecha precisa del cambio de residencia real. La mayoría de los estudiosos la sitúan a principios del reinado de Amenemhat, pero Dorothea Arnold aboga por una fecha durante su reinado muy posterior; alrededor del año 20.

Aún en el caso de que Amenemhat hubiese residido algunos años en Tebas, el hecho de que los preparativos previos a la construcción de la plataforma en las inmediaciones de Deir el-Bahri, identificada como una posible tumba para Amenemhat I probablemente sólo durasen de tres a cinco años, sugiere que el traslado quizás no se hiciese tan tarde como el vigésimo año de su reinado. El escaso número de monumentos construidos en Tebas por Amenemhat, y la sospechosa ausencia de enterramientos oficiales después del de Meketra – un alto cargo enterrado cerca de la mencionada plataforma – hacen pensar que el traslado pudo tener lugar durante los primeros años de su reinado.

Por otro lado, las inscripciones en los bloques de la cimentación del templo mortuorio de Amenemhat en Lisht dejan ver, primero, que Amenemhat I habría celebrado ya su jubileo real; y segundo, que el año 1 de un rey cuyo nombre no se menciona – aunque se piensa que se trata del sucesor de Amenemhat, Senusret I - habría ya transcurrido, sugiere una fecha muy posterior para el complejo piramidal de Lisht. Con tales argumentos, la fecha del traslado de la capital a el-Faiyum sigue siendo aún objeto de debate.

Es probable que el emplazamiento de Itjtawy se escogiese por estar más cerca del lugar de procedencia de las incursiones de los Asiáticos de lo que había estado Tebas, pero, políticamente fue un acierto de Amenemhat fundar una nueva capital como signo de un nuevo amanecer político. También implicaba que los cargos bajo su mando dependerían por completo del faraón más que de sus propias bases de poder.

Este nuevo comienzo se celebró durante una segunda elección del Nombre de Horus del faraón, Wehemmesu (“el Renaissance” o, más literalmente, la “repetición de nacimientos”, quizás en alusión al primero de los “milagros”).

Ésta resultó no ser una frase vana: la Dinastía XII volvía su mirada hacia atrás, de forma retrospectiva, en busca de los modelos del Imperio Antiguo, como fue el caso con la tumba real de forma piramidal, y el uso de los estilos de decoración artística de aquel período. También se promocionó el culto al soberano.

Se volvió, de forma pausada pero inexorable, a una forma de gobierno más centralizada, con el consiguiente aumento de la burocracia. Se produjo un crecimiento exponencial en la riqueza mineral del faraón, puesta en evidencia por las joyas encontradas en los enterramientos reales de la Dinastía XII. Estos cambios dieron lugar a un aumento del nivel de vida para los egipcios de clase media cuyo nivel de riqueza era proporcional al de sus cargos oficiales.

Amenemhat utilizó los ejércitos feudales por vez primera contra los Asiáticos, en el Delta; el alcance de estas operaciones se desconoce. Después, fortaleció la región con construcciones del tipo del “Muro-del-Príncipe”, que tan importante papel jugó en la "Historia de Sinué", y fueron también mencionados en la "Profecía de Nefret". No se ha descubierto aún ninguna fortaleza de esta época en la frontera noroeste de Egipto, pero los vestigios de un gran canal pueden datar de este período. Se sabe de otras fortalezas construidas durante el reinado de Amenemhat en otros lugares, que incluye una llamada Rawaty, en Mendes, y las de los puestos avanzados de Semna y Quban, en Nubia.

Aunque el faraón y su ejército regular avanzaron hacia el sur llegando hasta Elefantina, muy al principio de su reinado, no parece que hubiesen estado tan activos más al sur hasta por lo menos el año 29. Para entonces, con la nueva política, Nubia habría dejado de ser la red imprecisa y esporádica de comercio y de incursiones en las canteras que caracterizaron al Imperio Antiguo, para iniciar una nueva estrategia de conquista y colonización con el objetivo principal de obtener materias primas, en especial oro.

Una inscripción en el yacimiento de Korosko, en la Baja Nubia, a mitad de camino entre la primera y la segunda catarata de El Nilo, deja constancia de que la población de Wawat, en la Baja Nubia, fue derrotada en el año vigésimo noveno del reinado de Amenemhat. Sólo se reseña una incursión militar contra los libios que se dice tuvo lugar en el año 30, con el ejército bajo el mando del hijo del faraón, Senusret. Una vez finalizada la campaña libia, Amenemhat falleció.

Senusret I

Según el Fragmento 34 de la historia de Manetón, hacia finales del reinado de Amenemhat tuvo lugar una conspiración. “La Enseñanza de Amenemhat I” también apunta a una disputa sobre la sucesión ya que fue mientras Senusret estaba en la campaña de Libia cuando se le comunicó el fallecimiento de su padre. Es casi seguro que Amenemhat fue asesinado, y un texto de la época de Senusret I da constancia de ello en palabras de su propio padre supuestamente pronunciadas desde su propia tumba:

“Fue después de la cena, ya pasada la noche, y después de haber disfrutado una hora de felicidad. Estaba en la cama, pues me sentía cansado, cuando mi corazón empezó a caer en un sueño. Soñaba que se apoderaban de las armas, y que yo me convertía en una serpiente más de la necrópolis. Conforme volvía en sí me desperté luchando y vi que se trataba de mi propia guardia personal que me estaba atacando. ¡Si hubiese cogido mi arma rápidamente, con una carga habría hecho retroceder a los desgraciados! Pero nadie es fuerte en la noche, nadie puede luchar solo, el triunfo no llega sin una ayuda. Veras, el daño se hizo en tu ausencia, y mi séquito aún no había llegado a tener conocimiento de lo que te iba hacer entrega, al no haberme siquiera sentado contigo y trasmitido mis paternales consejos; pues yo no lo planeé así; yo no lo había previsto así, y mi corazón no pensó en la negligencia de mis siervos.”

Se piensa que el manuscrito del que se deriva este extracto tiene su origen en una antigua composición de la Dinastía XII, muy posiblemente inspirada por el propio faraón Senusret I como apoyo a su reclamación al Trono. Este escrito podría muy bien servir de “justificación” de cualquier medida punitiva que Senusret pudiese haber tomado una vez alcanzado el Trono.

La “Lista de Reyes” habla de un reinado de Kheperkara Senusret I (c.1956-1911 A.C.) de cuarenta y cinco años, situación respaldada por un texto de Amada, en Nubia, que le da 44 años. Hasta ahora, se ha aceptado que el reinado de Senusret I fue de treinta y cinco años en solitario, más diez de corregencia con su padre, pero este supuesto fue cuestionado por el Egiptólogo belga (1963, Tournai, Bélgica) Profesor Claude Obsomer en 1995. Si su hipótesis es correcta, por fin tendría sentido el final de “La Enseñanza de Amenemhat I” en el que el faraón solicita que sea su hijo quien le suceda. Esta petición poética sólo es válida si no existió una corregencia que asegurase la cesión del Trono de forma no traumática.

En el décimo año de su reinado, Senusret I envió una expedición a Nubia. Ocho años después, envió otro ejército más al sur, hasta la 2ª Catarata. Su general Mentuhotep fue aún más allá, pero sería el yacimiento de Buhen el que finalmente se convertiría en la frontera más avanzada del sur. Aquí, Senusret colocó una estela de la victoria y construyó un fuerte, convirtiendo de esta forma la Baja Nubia en provincia de Egipto.

Mientras Kush, en la Alta Nubia, se explotaba por su oro, los egipcios también se abastecían de amatista, turquesa, cobre y gneiss para joyería y esculturas. En el norte, las caravanas se movían entre Egipto y Siria intercambiando madera de cedro y marfil por productos egipcios. Estas expediciones, más prolíficas, muestran hasta qué punto la política exterior había cambiado entre la Dinastía XI y la Dinastía XII.

Los numerosos monumentos reales se distribuyeron desde la Baja Nubia, en el sur, hasta Heliópolis y Tanis, en el norte, y con objeto de obtener materia prima para la construcción, decoración y equipamiento, se enviaron funcionarios a explotar las canteras de piedra de Wadi Mammamat, Sinaí y Wadi el-Hudi. Sólo de una de estas expediciones se extrajo suficiente roca para hacer sesenta esfinges y 150 estatuas. El Museo Egipcio de El Cairo alberga una gran colección de estatuas de Senusret recuperadas de su templo mortuorio, pero otros muchos de sus monumentos y estatuas serían eventualmente remodelados, copiados y sustituidos por otros faraones posteriormente, de forma que sólo unos pocos originales han sobrevivido.

Según parece, en Tebas fundó el templo de Ipet sut (Karnak) y levantó una capilla de alabastro en celebración de su festival sed en el trigésimo primero aniversario de su reinado.

El trabajo en relieve durante su tiempo es particularmente bello, a juzgar por los fragmentos que han sobrevivido, como el de una figura dañada del faraón, en Koptos – actualmente en el Museo Petrie, University College London – pero su estatua carece de vivacidad y movimiento, y los retratos son impersonales. No obstante, el efecto de este frenesí de material gráfico tuvo resultados importantes: Debido al largo reinado de Senusret, el “estilo real” llegó hasta regiones con suficiente fuerza como para que se proyectase por todo Egipto y los estilos locales acabasen por darle paso y ceder terreno de forma gradual.

Senusret fue el primero en introducir un programa de construcción por el que se levantarían monumentos en cada uno de los principales lugares de culto por todo el país. Esta acción, que suponía una extensión de la política de los últimos faraones del Imperio Antiguo, tuvo el efecto de socavar las bases de poder de los templos y sacerdotes locales. Al día de hoy, sólo existen unos pocos vestigios de las principales esculturas y obras temáticas de estas regiones, lo que hace que se diluya nuestra impresión del impacto real del programa de Senusret.

Entre las medidas más importantes, Senusret remodeló el templo de Khenti-amentiu-Osiris, en Abydos. Siguiendo el ímpetu real, los funcionarios oficiales también levantaron numerosas estelas conmemorativas y pequeñas criptas, o cenotafios, en Abydos, iniciando así la práctica que se convertiría en habitual de los hombres piadosos con medios durante el Imperio Medio y en el Nuevo.

Y gracias a la atención que el faraón Senusret I prestó al culto de Osiris, florecerían nuevas creencias y prácticas en Egipto, así como un mayor equilibrio entre la creencia del faraón en el Mas Allá y la de sus súbditos. El egiptólogo John A. Wilson ha descrito el fenómeno como la “democratización del Más Allá”.

Los Papeles de Hekanakhte

Gracias a un golpe de suerte, una colección de cartas del Imperio Medio nos ha proporcionado muchos detalles de la vida agrícola de la época. Las cartas las escribió un anciano agricultor, llamado Hekanakhte, a su familia mientras se encontraba ausente por negocios durante bastante tiempo. Aunque hasta hace poco se pensaba que este material pertenecía al reinado de Mentuhotep III, el hecho de que el papiro se encontrase asociado a cerámica de principios de la Dinastía XII, sugiere que, en realidad, fueron escritas durante los primeros años del reinado de Senusret I.

La personalidad de Hekanakhte emerge de estas cartas en las que abundan órdenes tajantes a sus varios hijos para que cumplan su mandato, para que dejen de llorisquear sobre la escasez de víveres que les proporciona, y para que sean amables con su nueva esposa. Estas cartas nos proporcionan una visión muy íntima de la dinámica familiar de la Dinastía XII, a la vez que nos muestran la forma en que los ricos agricultores jugaban con sus compromisos y sus cosechas. Sugieren la existencia de hambruna en el Egipto de los postreros años de Hekanahkte, fenómeno que también se deduce de las inscripciones que aparecen en la tosca tumba temporal del nomarca Amenemhat, en Beni Hasan, tumba BH2.

Entre “Los Papeles de Hekanakhte” hay una carta que una mujer escribe a su madre, descubrimiento que nos hace preguntarnos hasta qué punto las mujeres egipcias podían leer y escribir. Por otra parte, y desgraciadamente, esto en sí no constituye una prueba, ya que la mujer en cuestión puede haber dictado la carta a un escriba varón – como muchos corresponsales analfabetos masculinos habrían hecho – y, por otra parte, el estilo de la caligrafía no da pista alguna. Ciertas referencias en alguna otra parte, acerca de dos escribas femeninas en el Imperio Medio, nos hace pensar que, no obstante, algunas mujeres de la época pueden no haber sido analfabetas.

Anales de la Realeza y el Reinado de Amenemhat II

De un juego de registros oficiales conocido como genut, o “libros del día” - parcialmente en buen estado de conservación - procedente del templo de Tod, nos llega información adicional sobre los acontecimientos históricos de la Dinastía XII. Las referencias del faraón a la construcción también contienen elementos sobre dichos anales. Por ejemplo, el Papiro Berlin 3029, describe el proceso mediante el cual el faraón construía un nuevo edificio. Forman parte de los textos más útiles que han sobrevivido al permitirnos conocer la rutina diaria en el palacio egipcio.

A su vez, en 1974, el Organismo Egipcio de Antigüedades descubrió una de las inscripciones genut más importantes en Mit Rahina (antiguo Menfis). Si bien la inscripción habla de Senusret I, está claro que pertenece al reinado de su hijo, Nubkaura Amenemhat II (c.1911-1877 A.C.). Contiene descripciones detalladas de donaciones hechas a varios templos, listas de estatuas y edificios, informes de expediciones militares y comerciales, y de actividades reales, tales como la Caza. Constituye, sin lugar a duda, el texto más importante de Amenemhat II, pero también hace referencias a otros faraones de la Dinastía XII; y, lo que es aún más importante, revela que la superficial “paz” que se decía existir entre Asia y Egipto en esta época era sólo selectiva, con una serie de tratados específicos existentes entre Egipto y algunas ciudades del Levante Oriental.

Las referencias de Herodoto a las guerras asiáticas, y la actitud de desprecio mantenida por “Sesostris” hacia los Asiáticos (Historias 2.106), están quizás más cerca de la realidad histórica de lo que modernos profesionales tienden a creer.

Los murales de la tumba del nomarca Khnumhotep, en Beni Hasan (BH 3), nos muestran la visita de un cacique beduino llamado Abisha, y se han encontrado también numerosas estatuillas egipcias y escarabeos en yacimientos del Oriente Próximo, reafirmando así los lazos con los Asiáticos. Ya existía desde hacía tiempo un comercio con Siria y Byblos en el que los gobernantes nativos escribían inscripciones cortas en jeroglíficos, continuaban utilizando los títulos egipcios de Conde y de Príncipe Heredero, hacían referencia a los dioses egipcios, y adquirían estatuas reales y privadas egipcias.

Por otra parte, las inscripciones ya mencionadas de Mit Rahina, de Amenemhat II, identifican la ciudad nórdica siria como socio comercial egipcio, mientras otros contactos asiáticos parecen provenir de enfrentamientos bélicos. Los anales hablan de un reducido grupo de egipcios entrando en territorio beduino – probablemente en alguna región del Sinaí – a fin de “trabajar la tierra”, y de dos operaciones más dirigidas contra ciudades amuralladas desconocidas. A las víctimas se las describe como Aamu (Asiáticos), y de 1554 de ellas se dice que fueron capturadas como prisioneros.

Estas elevadas cifras de cautivos extranjeros podrían muy bien explicar las extensas listas de esclavos asiáticos que trabajarían en casas tebanas en épocas posteriores. También hubo campañas en el sur por esta época. Así, la “biografía” de la tumba de Amenemhat, en Beni Hasan, nos dice que lideró una expedición al Kush (Alta Nubia), y que el reino africano oriental del Punt recibió la visita de un alto cargo del faraón, Khentykhetaywer, en el vigésimo octavo año de reinado de Amenemhat II.

A diferencia de los gobernantes de la Dinastía XII, Amenemhat II no parece disfrutar de un prolífico record de construcción; aunque esta impresión puede bien ser el resultado de posteriores saqueos. Su complejo piramidal, la llamada “Pirámide Blanca”, en Dahshur, mal conservada y aún sin trabajar a fondo, era única en cuanto a su ubicación sobre una plataforma.

Sus hijas fueron enterradas en el atrio, y una esposa real llamada Keminebu también fue enterrada en el complejo. Durante tiempo se pensó que Keminebu era esposa de Amenemhat, pero ahora se sabe que, basándose en el nombre y el estilo de sus inscripciones, en realidad se trata de una reina de la Dinastía XIII.

Senusret II y la inauguración del sistema de regadío de el-Faiyum.

El reinado del sucesor de Amenemhat II, Khakheperra Senusret II (1877-1870 A.C.) supuso un período de paz y prosperidad en el que el comercio con el Oriente Próximo fue particularmente prolífico. No existen indicios de campañas militares durante su reinado; en su lugar, el mayor logro parece haber sido la inauguración del esquema de regadío de el-Faiyum. Se construyó un dique y se abrieron canales para conectar el-Faiyum con la vía fluvial conocida ahora como el Bahr Yusef. Estos canales drenaban - por un efecto de sifón - algunas de las aguas que normalmente fluían en el Lago Moeris, resultando en una evaporación gradual del agua a las orillas del lago extendiendo así la superficie de tierra nueva; la tierra ganada al agua se dedicaba a la labranza.

Este sistema resultó ser precursor y único para su tiempo, de no haber sido porque un sistema similar de embalses y canales de drenaje para ganarle tierra al agua se habría utilizado en el Lago Copais (Kopais o Kopaida), en el centro de Boeotia, Grecia Central - actualmente una planicie, aún con el nombre Kopaida - durante el Período Heládico Medio, (c. 1900-1600 A.C.), Edad de Bronce del Egeo.

De hecho, no se sabe cuántos de estos sistemas de irrigación se pueden asignar al reinado de Senusret II, pero su conexión con la revitalización general de el-Faiyum quizás viene indicada por el hecho de que levantó monumentos religiosos en el propio margen de la zona.

La única capilla estatuaria de Qasr el-Sagha, en el desierto, en la punta nordeste de el-Faiyum, ha sido datada más o menos en su reinado a partir de la cerámica asociada. No obstante, como otros edificios de su reinado, éste se dejó sin decorar e incompleto, lo que ha fomentado la impresión de tratarse de un reinado efímero. El uso de varios lugares en el-Faiyum para la ubicación de los complejos piramidales reales desde ese momento en adelante puede ser indicativo de la importancia del sistema de regadío, ya que se suele dar por hecho que los palacios reales de cada soberano habrían sido construidos cerca de sus correspondientes monumentos funerarios.

Hay constancia de la existencia de un reducido grupo de estatuas de Senusret II de las que al menos dos fueron usurpadas por Rameses II (1279-1213 A.C.). Los hombros, anchos y musculosos, son reminiscencia de las estatuas de Senusret I, aunque se aprecia también la influencia de la estatuaria del Imperio Antiguo. Los rasgos faciales de Senusret II son más vigorosos y plásticos, carentes de la blandura que tipifica la estatuaria de sus predecesores de la Dinastía XII; sus grandes pómulos y boca pequeña son muy distintivos y, en toda probabilidad, indicativos del retrato realista, presagio de los sorprendentes primeros estudios de Senusret III (1870-1831 A.C.).

A consecuencia de todo ello, surge la consiguiente tendencia a imitar la moda real por parte de los miembros ricos de la sociedad, con algunos vívidos ejemplos de individualidad dentro de la estatuaria privada hacia finales de la Dinastía XII. El reinado de Senusret II quizás merezca, pues, ser considerado como la primera fase importante del retrato en la historia del Arte Egipcio.

Aún mejor conocida que la estatuaria del faraón sea, quizás, una pareja de estatuas de granito negro pulimentado de la Reina (?) Nefret, actualmente en el Museo de El Cairo. A escala mayor que la natural, muestra a una mujer de la realeza cuyo puesto en la Corte aún se desconoce. Aunque Nefret no ostentaba el título de “esposa real”, sí gozaba de otros que poseían las reinas. ¿Fue, acaso, la primera esposa de Senusret II, que podría haber fallecido antes de la tardía ascensión de su esposo al Trono, o fue quizás su propia hermana? Como con muchas otras reinas egipcias, los documentos relativos a Nefret son ambiguos e incompletos. En 1995, los restos de su Primera Esposa, Khnumetneferhedjetweret, se descubrieron en la pirámide de su hijo, Senusret III, en Dahshur, junto con algunos objetos personales de joyería.

Senusret II construyó su complejo piramidal en Lahun. La pirámide consistía en una mastodóntica estructura de ladrillo con un núcleo rocoso; los enormes muros servían de soporte a los sectores de ladrillo que después se cubrían con caliza.

Se plantaron árboles en el extremo sur del complejo, y la puerta de entrada a la pirámide también se colocó en el lado sur. La disposición de corredores y habitáculos dentro de la pirámide es singular, y puede ser reflejo de las creencias relacionadas con Osiris y el Más Allá. Se sospecha que otra tumba, muy bien construida y situada en el lado norte del complejo (Tumba 621), podría tratarse en realidad de un cenotafio, como aquellos que existían en los complejos reales del Imperio Antiguo.

Puede que los miembros femeninos de la familia real se representasen mediante ocho sólidas tumbas-mastaba y una pirámide satélite; todas ellas alineadas con el lado norte de la tumba real, pero, al parecer, eran más simbólicas que lugares reales de enterramiento.

En una tumba de pozo vertical situada en el extremo sur del recinto piramidal del faraón, Petrie y Brunton encontraron, en 1914, joyas y otros objetos personales de la Princesa Sathathoriunet; el excelente trabajo de estas piezas está entre lo mejor del repertorio global de la joyería egipcio.

La Conquista Nubia bajo Senusret III

Aunque el Canon de Turín le da a Khakaura Senusret III (c.1870-1831 A.C.) un reinado de más de treinta años, el último año de reinado registrado procedente de fuentes debidamente fechadas es el 19. Pero, por otra parte, descubrimientos realizados durante la década de los 90, podrían apoyar una fecha posterior, como ya se ha comentado en el apartado “Introducción”, de este Capítulo 7 (Ver “Hoja Suelta” anterior). Tampoco existe ninguna evidencia real de una corregencia con Senusret II que ayudaría a resolver algunas dificultades causadas por tan inusualmente largo reinado.

Senusret es, quizás, el monarca más “visible” del Imperio Medio; sus hazañas alcanzaron renombre a lo largo del tiempo, y supuso una substanciosa contribución al personaje de “Sesostris” (una especie de composición heroica sobre un gobernante del Imperio Medio) mencionado por Manetón y Herodoto.

El faraón llevó a cabo campañas en Nubia durante sus años de reinado 6, 8, 10, y 16; guerras que, al parecer, se caracterizaron por su brutalidad: Los nubios varones eran aniquilados, sus mujeres y niños esclavizados, sus campos arrasados y quemados, y sus pozos envenenados. Poco tardarían los egipcios en explotar de nuevo sus minas y traficar con sus habitantes, pero las condiciones ya no eran las mismas. En los años de reinado 8 y 18, se levantaron estelas en las fortalezas de Semna y Uronarti - en lo que parece haber sido la frontera sur - con inscripciones que recordaban a todos la conquista, y los castigos infligidos por Senusret. Esta región fronteriza quedó, pues, sellada con el refuerzo de las enormes fortalezas y el estacionamiento de vigilantes en servicio durante las 24 horas del día, a la espera de cualquier ruido o incidencia. La estela del año 8 en Semna advierte que ningún nubio está autorizado a llevar su ganado o sus barcos al norte, más allá de la frontera establecida.

Estas fortificaciones ponen claramente de manifiesto la precaria naturaleza del control egipcio sobre Nubia. Los así llamados “despachos de Semna” - un conjunto de misivas militares y cuentas enviadas de Semna a Tebas durante la Dinastía XIII - revelan hasta qué punto se ejercía sobre la población nativa un rígido control policial, y nos descubren, igualmente, el estrecho contacto que las fortalezas mantenían entre sí. Aunque la mayoría de ellas eran de tamaño similar, las funciones que realizaban variaban. Algunas, como la de Mirgissa, estaban más enfocadas hacia el comercio que otras – se intercambiaban pan y cerveza por productos locales - , mientras que otras, como la de Askut, al parecer se habrían utilizado como almacenes de suministro para las campañas dentro de la propia Nubia.

El intercambio de informes entre los fuertes y el visir era constante, de forma que el faraón estaba en continuo contacto con los más lejanos lugares de sus dominios. La última campaña de Senusret en Nubia, en el año 19, tuvo una larga duración y, finalmente, no resultó ser particularmente exitosa: El faraón tuvo que retirarse cuando el nivel del agua en el río bajó de forma tan alarmante que ponía en peligro el viaje de regreso.

Senusret III llevó a cabo al menos una campaña militar en Palestina; aparentemente, de forma muy similar a la realizada por Amenemhat II contra los Aamu, los Asiáticos, que, al parecer, vivián en gran número por esta época en Egipto; algunos habrían sido hechos prisioneros con anterioridad, pero la mención de La Biblia a los hermanos de José vendiéndole a un amo egipcio (Génesis 37:28-36) puede sugerir otra forma en la que algunos de estos inmigrantes habrían llegado al país.

La intolerancia hacia los “orientales” era ya evidente durante el reinado de Senusret I, a quien se le describía como “el rebana-cuellos de Asia”, y esta impresión general parece reforzada por los textos conocidos como “textos de execración”. Éstos consistían en unas listas de enemigos, grabadas en objetos de cerámica, y en figurillas, muchas de las cuales hacían mención de forma individualizada a Asiáticos y a gentes de Asia en general. La intención de estos textos parece que habría consistido en asegurar la destrucción mágica de los enemigos de Egipto enterrando o rompiendo las vasijas o figurillas en cuestión.

Senusret III también tomó una dirección diferente en sus reformas políticas. Si bien con frecuencia se le acredita con el desmantelamiento del sistema de nomarcas, no hay evidencia que confirme dicha creencia, como veremos más adelante en un apartado sobre el cambio político. Sin embargo, sus intentos por volver a una forma de gobierno más centralizada redundaron en un reajuste social y político significativo; en especial para las clases medias, y su reinado ha sido con justicia considerado como punto de inflexión en la historia del Imperio Medio.

La tumba de Senusret III, una pirámide de adobe de 60 m de altura, recubierta de bloques de caliza, estaba situada en Dahshur, como la de Amenemhat II. Se construyeron tumbas-mastaba para sus familiares más cercanos dentro del muro del temenos (del griego “recinto”, terreno delimitado y consagrado a un dios, excluido de usos seculares), pero sus enterramientos reales se realizaban en galerías subterráneas; un nivel para las reinas, y otro diferente para las princesas. Dieter Arnold considera que este complejo toma alguna de sus ideas de la Pirámide Escalonada de la Dinastía III, de Djoser, en Saqqara. La cámara funeraria tiene un techo abovedado y está construida en granito enlucido con yeso. Ni la cámara ni el sarcófago parecen haber sido usados.

Sin embargo, en el extremo sur de Abydos, se construyó un segundo complejo funerario que consistía en una tumba subterránea y un templo mortuorio donde el culto al faraón llegó a durar más de dos siglos. Algunos especialistas sospechan que el complejo de Abydos puede muy bien haber sido el lugar real de enterramiento, pero tampoco allí se han encontrado vestigios.

Amenemhat III: el clímax cultural del Imperio Medio

El único hijo conocido de Senusret era Nimaatra Amenemhat III (c.1831-1786 A.C.). Y, parece sostenible, que fuese alrededor de su largo y pacífico reinado cuando el Imperio Medio alcanzase su mayor esplendor cultural. Parece también que el auténtico sello de autenticidad de la forma de gobernar del faraón Amenemhat III habría consistido en la consolidación de lo que se había perdido del pasado. Reforzó la frontera en Semna, y amplió algunas otras fortificaciones. Numerosas capillas y templos, así como una enorme estructura en Biahmu al norte de el-Faiyum y, a destacar, dos colosales estatuas en el lago del faraón sentado, hechas de cuarcita que más tarde describiría Herodoto (2.149), forman parte de algunos de sus trabajos adicionales de construcción.

También dedicó un gran templo al dios Sobek, que construyó en otro lugar de el-Faiyum, Kiman Faras (Crocodilopolis), y amplió el templo a Ptah en Menfis. Las estatuas de Amenemhat III que le han sobrevivido son impresionantes, y se distinguen por su originalidad y por su elaborado trabajo, como ocurre con una pequeña cabeza del faraón, en la actualidad en la colección del Museo Fitzwilliam, Cambridge, que se considera como uno de los retratos más finos y sutiles del faraón de los muchos de que se dispone.

Sus llamadas "Esfinges de Hyksos" y partes de las capillas que se encontraron habrían sido reusadas en el Tercer Período Intermedio en Tanis, junto con las estatuas gemelas de granito negro que representaban al faraón a guisa del dios del Nilo, con ofrendas de pescado, flores del loto y gansos – diseño que más tarde sería imitado por soberanos del Imperio Nuevo, tales como Amenhotep III (1390-1352 A.C.).

Numerosas inscripciones registran las actividades mineras de Amenemhat III. Sólo en la región del Sinaí, donde el faraón solía trabajar las minas de turquesa y cobre de forma permanente, se han identificado cincuenta y nueve grafitis. También se trabajaron las canteras de Wadi Hammamat, Tura, Aswan, y varios lugares más en Nubia. Toda esta actividad constructora e industrial simboliza la prosperidad que Egipto disfrutó durante el reinado, pero es posible que a su vez agotase la economía, lo que unido a una serie de bajas inundaciones hacia finales del reinado, redundase en un declive político y económico.

Irónicamente, la gran absorción de Asiáticos que tuvo lugar, en gran parte para financiar tantas obras de construcción, puede haber animado a los llamados Hyksos a asentarse en el Delta, lo que generaría el eventual desmoronamiento total del dominio egipcio nativo.

Antes de la construcción de la moderna presa de Aswan y la creación del Lago Nasser, la inundación de El Nilo era crítica para el suministro de alimento de Egipto. Los registros de niveles de inundación de Amenemhat en Kumma y Semna, en Nubia, eran numerosos y frecuentes, y revelan niveles extremadamente altos del río durante parte de su reinado, siendo el más alto el correspondiente al año 30, cuando alcanzó 5’1 metros. Pero estos niveles empezaron a reducirse bruscamente, de forma que en el año 40 el nivel sólo alcanzó los 0’5 metros de altura.

Tales fluctuaciones tienen que haber tenido un efecto devastador en la economía del país. Y puesto que el-Faiyum es el único oasis de Egipto que depende de El Nilo, su sistema de regadío habría necesitado tomar algún agua adicional de las inundaciones anuales, lo que quizás explicaría el enorme interés del faraón en el control de los niveles del agua.

Alternativamente, es posible que la evolución de los “altos Nilos” fuese vigilada de forma cautelar a fin de evitar posibles daños en el norte a consecuencia de las inundaciones. Amenemhat III ciertamente mantuvo el esquema de regadío de el-Faiyum, lo que hizo que, eventualmente, la gente acabase adorándole como Lamares, el dios de el-Faiyum, pero, como en el caso de Senusret II, no está claro cuántos trabajos hídricos se realizaron durante su mandato. Su deificación puede que ocurriese tan tempranamente como principios del reinado de su sucesor, la Reina Soberneferu; y, más que probable, que a instancias suya, por ser la que más podía ganar al ensalzar y engrandecer al hombre que, probablemente, había sido su padre.

Amenemhat III construyó su primera pirámide en Dahshur, pero, como en el caso de la Pirámide Romboidal de Snefru, de la Dinastía IV, parece que durante su construcción aparecieron grietas. La pirámide terminada tenía un núcleo de adobe y estaba originalmente revestida de caliza, que acabaría siendo robada en su totalidad; su piramidión de piedra se encuentra ahora en el Museo Egipcio de El Cairo. Los restos de la Reina Aat y otra dama real fueron encontrados recientemente en dos corredores en la sección suroeste de la pirámide. Sus criptas probablemente disponían de entradas separadas fuera de la pirámide; una característica que habría permitido el acceso una vez sellada la entrada principal a la pirámide. El sarcófago de la Reina Aat es idéntico al del propio faraón.

Las cámaras funerarias de las dos reinas en Dahshur incluían, cada una de ellas, una “cámara ka” separada donde estaban colocados los vasos canopes. Esta consistía en un tipo de habitación funeraria que habría sido antes privilegio de faraones, lo que presumiblemente indicaría un aspecto específico de la llamada “democratización del Más Allá”, que veremos más adelante; es muy probable que dichas cámaras expresasen nuevas creencias sobre el Más Allá de las damas reales. Los corredores se encontraban conectados con los del faraón, y habrían compartido la tumba con él de no ser por las grietas estructurales que aparecieron.

El lugar de descanso final del faraón Amenemhat III sería en Hawara, en el sureste de el-Faiyum. Su monumento más famoso fue su templo mortuorio, adosado a esta pirámide, que puede haber sido reminiscencia del patio del Festival sed de Djoser adosado a su pirámide de Saqqara. El Templo de Hawara acabaría siendo conocido como "el Laberinto" por su amasijo de habitáculos y corredores.

Aunque descritos por seis escritores clásicos, incluyendo a Herodoto (2.148-9), Estrabón (17.I.3.37.42) y Plinio (Historia Natural 36.13), ninguno de los detalles de sus planos eran coherentes; incluso después de la cuidadosa inspección realizada por Petrie en 1888, por lo que todos los esfuerzos realizados para reconstruir su aspecto original han resultado baldíos.

En cuanto a la cámara funeraria de Amenemhat en Hawara, parece que la intención original habría sido que la compartiese con la Princesa Neferuptah - que probablemente era su hermana - pero posteriormente se le trasladó a una pequeña pirámide separada a sólo unos kilómetros; en la actualidad aparece totalmente destruida por el continuo saqueo de ladrones de piedra y los efectos devastadores del agua.

La prominencia de Neferuptah durante su reinado, e incluso después de su muerte, unida a los privilegios mortuorios otorgados a ella y a las dos reinas en Dahshur, sugieren un realce del estatus de las damas reales hacia finales de la Dinastía XII.

Amenemhat IV y Sobekneferu

Dado el largo reinado de Amenemhat III, hay una posibilidad de que Maakherura Amenemhat IV (1786-1777 A.C.) fuese su nieto; pero también es posible que este último faraón varón de la Dinastía XII fuese un hijo, ya mayor, cuya vida estaría aproximándose a su fin cuando alcanzó el Trono, ya que sólo reinó durante nueve años. Es probable también que estuviese casado con la Reina Sobekkara Sobekneferu (1777-1773 A.C.) que, según Manetón, era hermana suya.

Solo unos cuantos monumentos se han conservado, y pocos eventos se conocen de su reinado que pudo haber estado dedicado, principalmente, a terminar algunos de los templos iniciados por su predecesor; tales como el santuario de caliza a la diosa de la cosecha, Renenulet, en Medinet Maadi, al suroeste de el-Faiyum. Continuaron las expediciones a las minas de turquesa del Sinaí, y se mantuvo el comercio con el Levante Mediterráneo.

Hay sólo unos pocos informes relacionados con el soberano de la Dinastía XII, la Reina Sobekneferu, pero algunos ofrecen algunas pistas muy interesantes relativas a su reinado. Aparece en la lista del Canon de Turín; hay un grafiti en El Nilo, en la fortaleza nubia de Kumma, que indica la altura de la inundación de 1’83 m en el tercer año de su reinado; y hay un fino sello cilíndrico con su nombre y titulatura que se encuentra ahora en el Museo Británico.

Normalmente, la reina utiliza títulos femeninos si bien en ocasiones también usa algunos masculinos. En el-Faiyum se han encontrado tres estatuas sin cabeza y algunos otros objetos que llevan su nombre. Contribuyó al “Laberinto” de Amenemhat III, y construyó en Heracleópolis Magna.

Hay una estatua muy interesante de la reina, de origen desconocido, cuya vestimenta es única en cuanto a que combina elementos de trajes de mujer y de hombre, dando así eco a su esporádica utilización de títulos masculinos que aparecen en sus informes. Esta ambigüedad puede haber sido un intento deliberado de apaciguar las críticas a un soberano femenino. El Museo Metropolitano de Nueva York exhibe una estatuilla de la reina vestida con un manto de Festival sed y una curiosa corona que parece el resultado de combinar elementos iconográficos poco conocidos de soberanos masculinos y femeninos. Su reinado duró menos de cuatro años, y su tumba, como la de Amenemhat IV, aún no ha sido identificada.

Y con esto, concluimos la Dinastía XII, y nos damos un respiro antes de adentrarnos en la Dinastía XIII que continuará en una nueva “Hoja Suelta”, dentro de este Capítulo 7º en que nos encontramos, aún de la mano, claro está, del Profesor V. Gae Callender, de la Macquarie University.

Faraones de la Dinastía XI (Todo Egipto):

Mentuhotep II (Nebhepetra)
Mentuhotep III (Sankhkara)
Mentuhotep IV (Nebtawyra)

Faraones de la Dinastía XII:

Amenemhat I (Sehetepibra)
Senusret I (Kheperkara)
Amenemhat II (Nubkaura)
Senusret II (Khakheperra)
Senusret III (Khakaura)
Amenemhat III (Nimaatra
Amenemhat IV (Maakherura)
Reina Sobekneferu (Sobekkara)


Rafael Canales

En Benalmádena-Costa, a 2 de diciembre de 2009.

Bibliografía:

“The Enciclopedia of Ancient Art”. Helen Strudwick, Amber Books, 2007-2008.
“Ancient Egypt, Anatomy of a Civilization”. Barry J. Kemp, Routledge, 2006.
“Ancient Egypt. A Very Short Introduction”. Ian Shaw. Oxford University Press, 2004
“The Oxford History of Ancient Egypt”. Ian Shaw, Oxford University Press, 2003.
“Antico Egitto”. Maria Cristina Guidotti y Valeria Cortese, Giunti Editoriale, Florencia-Milán, 2002.
“Historia Antigua Universal. Próximo Oriente y Egipto”. Dra. Ana María Vázquez Hoys, UNED, 2001.
“British Museum Database”.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

El Renaissance Egipcio en el Imperio Medio (c.2055-1650 A.C.) 1/3 Dinastía XI


("Pinchar" y ampliar)

"Cuchillo" mágico o apotropáico. Tebas, Finales del Imperio Medio, hacia 1750 A.C. Longitud: 37 cm. El término "cuchillo" es inapropiado, y por la forma, se le podría relacionar con la lanzadera de palo o el moderno boomerang. La lanzadera se utilizaba para cazar aves que, en bandadas, eran consideradas como símbolo del caos, de ahí su forma. Suelen estar hechos de marfil de hipopótamo, animal que les daría protección contra el mal. El parto y la infancia temprana eran consierados como amenazas, tanto para la madre como para el recién nacido, de ahí que se utilizase todo tipo de artilugio y amuleto para alejar el mal. El "cuchillo mágico" servía, pues, como protección para ambos. Las figuras que aparecen talladas forman un conjunto de imágenes protectoras, como el grotesco enano Aha de la época (o Bes, más adelante) y el hipopótamo preñado Aweret, ambos asociados con el nacimiento; además, leones, escarabajos, serpientes y otros demonios protectores.

PREÁMBULO

Al faraón tebano Nebhepetre Mentuhotep II (hacia 20055-2004 A.C.), responsable de la reunificación de Egipto, le sucedió el primer rey de la Dinastía XII, Amenemhat I, que fundó una nueva capital al sur de Menfis, llamada Itjtawy. También se anexionó Nubia, cuyo objeto primordial sería, en principio, tener el control de las reservas de oro de la zona.

La Dinastía XII estuvo, en su mayoría, compuesta por los gobernantes más poderosos que se irían sucediendo en el poder; el último, sin embargo, llamado Amenemhat o Senwosret, extendió y mantuvo el control egipcio en el sur y, en cierto modo, en el Cercano Oriente.

Los reyes y otros miembros de la familia real eran enterrados en tumbas rupestres cercanas a la nueva capital. Los gobernadores de provincia y otros funcionarios locales, también se enterraban en tumbas rupestres a nivel privado, pero dentro de los límites de sus propios distritos.

Las tumbas iban aprovisionadas de sus correspondientes ajuares funerarios, que incluían maquetas y muebles. Los ataúdes iban decorados con extractos de los Textos de los Sarcófagos y del Libro de los Dos Caminos que constituían la literatura de la época.

La literatura del Imperio Medio abarca todos los aspectos de la sociedad; desde documentos legales y cartas hasta Libros de Sabiduría y mitos. Estos escritos proporcionan un interesante panoráma interno de la sociedad, religión y asuntos políticos relevantes de la época.

La escultura real del Imperio Medio nos presenta al faraón como figura fuerte; normalmente con orejas prominentes. Desde el reinado de Senwosret III (1874-1855 A.C.) en adelante, los faraones del Imperio Medio se representan con gesto preocupado, mientras que las imágenes reales antiguas los muestran jóvenes y sonrientes.

Por vez primera se va a permitir a los ciudadanos colocar estatuas en los templos, y se utilizará con frecuencia la recientemente desarrollada “estatua de bloque”.

Y con este somerísimo resumen, a modo de preámbulo, vamos a iniciar un nuevo capítulo titulado "El Renaissance en el Imperio Medio", el 7º de este Proyecto que, como se viene reiterando, pretende ajustarse al corpus de la obra de Ian Shaw, “The Oxford History of Ancient Egypt”.

Esta vez, la autoría del ensayo monográfico recae sobre el erudito australiano Dr. V. Gae Callender, de la Macquarie University, Australia. Doctorado en Egiptología, fue miembro de la “Czech Abu Sir Expeditions 1995, 1996”. Paralelamente a su labor docente, es autor de diversos libros de texto y responsable de varios paquetes multimedia sobre el Antiguo Egipto, Grecia y la Antigua Creta/Knossos.

INTRODUCCIÓN

Contrariamente a los períodos Intermedio Primero e Intermedio Segundo, el Imperio Medio constituía una unidad política cuya esencia presentaba dos fases: la primera, que corresponde a la Dinastía XI, que reina desde la ciudad del Alto Egipto, Tebas; y la segunda, la Dinastía XII, centrada en la región de Lisht, en el Fayum.

Los antiguos historiadores consideraban que las Dinastías XI y XII cubrían el total del Imperio Medio, pero estudios eruditos más recientes muestran claramente que, al menos la primera mitad de la llamada Dinastía XIII, que aparentemente no se semeja en nada a una verdadera dinastía política, pertenece, de forma inequívoca, al Imperio Medio. No tuvo lugar ningún desplazamiento de la capital o de la residencia real; hubo una escasa disminución de actividades gubernamentales; y ninguna decadencia apreciable en las Artes de su tiempo; de hecho, algunos de los trabajos más bellos del Arte y de la Literatura del Imperio Medio datan de la Dinastía XIII.

Si hubo, hay que admitirlo, un cierto declive en la construcción de edificios monumentales a gran escala, lo que indicaría que la Dinastía XIII no era tan fuerte ni estaba tan inspirada por las ideas de grandeza que marcaron los reinados de los dignatarios de la Dinastía XII, que le preceden. Sin duda, este fenómeno fue debido a la brevedad de la mayoría de los reinados de los faraones de la Dinastía XIII, aunque aún se desconocen las razones de tales cambios en el marco político.

La forma más simple de llegar a alguna conclusión sobre la esencia de la historia del Imperio Medio es mediante el estudio de los sucesivos monarcas y sus logros, ya que son ellos quienes marcan la pauta de las directivas políticas y culturales de este período.

No obstante, si optamos por este camino, nos vamos a ver forzados a enfrentarnos con uno de los mayores problemas de lo que conocemos de la historia del Imperio Medio: El tema de las “corregencias” de los faraones de la Dinastía XII. De forma muy simple, la cuestión es: ¿Compartieron algunos de estos faraones el Trono con sus sucesores? En este debate, son elementos cruciales las llamadas “estelas de doble fecha”; textos que incorporan los nombres de dos sucesivos faraones con fechas diferentes para cada uno de ellos.

Estas estelas han dividido a los eruditos en el debate de si los registros nos informan de un reparto de poder entre dos faraones, o si simplemente representan los años que cada uno de los titulares de la estela ejerció como faraón en su propio reinado.

La cronología estándar para la Dinastía XII ha sido remodelada a lo largo de los años a la vista de los intensos estudios realizados de registros monumentales fechados. Parte de este nuevo trabajo ha dado lugar a reinados de mucha menor duración que lo que se deprende de los fragmentos del Canon de Turín y los epítomes de Menatón.

Los reinados más controvertidos son los del faraón Senusret II y III, y hay notorias discrepancias entre las propias cronologías propuestas por diferentes eruditos. El descubrimiento de ciertas "marcas de control en hierático", esculpidas en la mampostería de los monumentos de Senusret III, ha añadido aún más confusión a estas cronologías, de forma que los problemas de datación de la Dinastía XII continúan aún en estado de continua evolución.

Como ejemplo, el egiptólogo norteamericano Dr. Josef Wegner (1967), Adjunto a la Cátedra de Egiptología del Departamento de Lenguas del Oriente Próximo de la Universidad de Pensilvania, ha presentado evidencias muy consistentes de un reinado de treinta y nueve años para el faraón Senusret III que, junto al descubrimiento en Lisht de una referencia a un “año 30” de Senusret III, y de la celebración de su festival sed, o jubileo real, abogaría por un período de reinado mucho más largo de este faraón de lo que sugiere la mayoría de las cronologías modernas.

Existen fundamentos para sospechar que el reinado de Senusret II probablemente duró diecinueve años - según se desprende de los papiros encontrados en Laun – y no ese otro período, más corto, al que apuntan las cronologías revisadas, si bien da lugar a una cierta dificultad en acomodar estos reinados ampliados dentro de las fechas absolutas propuestas por algunos expertos.

La evidencia de reinados más largos en la Dinastía XII encajaría bien con la teoría de la corregencia cuya base se apoya en los monumentos con doble fechas. Pero un grupo de eruditos ha planteado una serie de razonamientos convincentes contrarios a la existencia de corregencias individuales, tales como las de Amenemhat I-Senusret I, Senusret I-Amenemhat II y Senusret III-Amenemhat III.

Puesto que aún no existen “fechas absolutas” en la historia de Egipto - con excepción de las cronologías basadas en el radiocarbono - hasta finales del Imperio Nuevo, como muy temprano, y puesto que todavía persisten argumentos relativos a los esquemas de datación alto, medio y bajo, aún hay cabida, pues, para una revisión de las cronologías que abarque todos los períodos faraónicos.

Es posible que el nuevo material arqueológico que va surgiendo de Tell el-Dab’a, del que se hablará en el Capítulo 8 que sigue, ayude a resolver algunos de los problemas de la cronología del Imperio Medio; pero mientras tanto, la información que se reseña en este capítulo, deja a las corregencias fuera de la ecuación, pendiente de pruebas futuras.

LA DINASTÍA XI

El primer dirigente de la Dinastía XI que consiguió control de todo Egipto fue Nebhepetra Mentuhotep II (205ª.C.5-2004 A.C.), quien probablemente sucedió a Nahtmebtepnefer Intef III (2063-055) en el trono tebano. El tremendo éxito de Mentuhotep en reunificar Egipto fue reconocido por los propios antiguos egipcios, y todavía en la Dinastía XX había numerosas tumbas privadas que contenían inscripciones que celebraban su papel como fundador del Imperio Medio.

El aumento de registros históricos y construcciones, la evidente prosperidad del campo durante los años postreros de su reinado, y el resurgimiento y desarrollo de nuevas formas de arte, son indicadores particulares de su éxito en el restablecimiento de la paz. Da que pensar que después de tan prometedor comienzo, la Dinastía XI se derrumbaría sólo diecinueve años después de su muerte.

Nebhepetra Mentuhotep II

Entre las muchas tallas rupestres de diversas fechas que aparecen en los acantilados de Wadi Shatt el-Rigal, 8 km al norte de Gebel el-Silsila, hay un relieve que muestra una figura colosal del faraón de la Dinastía XI, Nebhepetra Mentuhotep II, que empequeñece a otras tres: la de su madre, la de su posible predecesor, Intef III, y la de Khety, el canciller que sirvió a ambos monarcas.

Durante bastante tiempo, esto se ha tomado como prueba de que Mentuhotep II era hijo de Intef III. Otra evidencia parece provenir de un relieve en un bloque de mampostería del yacimiento de Tod que representa a un Mentuhotep II que, claramente, destaca de una fila de tres faraones llamados Intef, alineados detrás suya, de nuevo sugiriendo conexiones familiares con los Intefs, así como con la ascendencia real.

Esta insistencia sobre el “linaje”, no obstante, da lugar a cuestionarse los verdaderos orígenes de Mentuhotep, y no debería sorprender si se descubriese que, o bien Mentuhotep no era hijo del monarca, o estos monumentos no eran sino un intento deliberado de contrarrestar las reclamaciones hechas por los gobernantes heracleopolitanos como miembros de “La Casa de Khety” (Ver Capítulo 6º).

Parece que Mentuhotep habría reinado tranquilamente en el reino tebano durante catorce años, antes de que estallase la última fase de la guerra civil entre Heracleópolis y Tebas. De este conflicto no se conoce prácticamente nada, pero una imagen gráfica de su cruel salvajismo puede que haya sobrevivido en forma de la conocida como “Tumba de los Guerreros” en Deir el-Bahri, no lejos del complejo mortuorio de Mentuhotep II.

Los cuerpos sin momificar, envueltos en lino, de sesenta soldados, claramente caídos en batalla y posteriormente apilados juntos en una fosa común hecha en la roca, se preservaron por deshidratación.

A pesar de la ausencia de cuerpos embalsamados, éstos son los que ofrecen mejor estado de conservación de todos los del Imperio Medio. Al haber sido enterrados como grupo, y en las cercanías del cementerio real, se puede suponer que murieron a consecuencia de alguna acción heroica, quizás relacionada con la guerra contra Heracleópolis.

El dirigente heracleopolitano Merykara falleció antes que Mentuhotep alcanzase Heracleópolis, y con su muerte la resistencia heracleopolitana tuvo que derrumbarse, ya que el sucesor de Merykara sólo gobernó el norte del reino durante unos pocos meses. La victoria de Mentuhotep sobre el último gobernante heracleopolitano le ofreció la oportunidad de reunificar Egipto, pero sólo se tiene un conocimiento indirecto de cuánto duró todo y cuan dura fueron las contiendas.

Este proceso puede haber durado muchos años, ya que existen referencias aisladas a otros enfrentamientos a lo largo de esta etapa del reinado de Mentuhotep.

Uno de los indicios de la inseguridad que se sentía por este tiempo es la presencia de armas en los ajuares funerarios de gente ordinaria; otro es la representación de funcionarios administrativos portando armas en vez de insignias reales en las estelas funerarias. No obstante, conforme la paz y la prosperidad material avanzaban, parece que la presencia de tales instrumentos fue decayendo.

Parte de la reconquista llevada a cabo por Mentuhotep incluía las incursiones dentro del país vecino, Nubia, que había vuelto a estar bajo dominio nativo desde las últimas etapas del Imperio Antiguo. Hubo al menos una línea de gobernantes nativos que controlaba parte del territorio nubio cuando los ejércitos de Mentuhotep cayeron sobre ellos. Una inscripción en un bloque de mampostería de Deir el-Ballas que se cree que pertenece a este reinado, habla de campañas en Wawat (Alta Nubia), y también sabemos que Mentuhotep estableció una guarnición en la fortaleza de Elefantina desde la que las tropas podían desplegarse rápidamente hacia el sur.

Además del énfasis en el linaje, parte de la estrategia de Mentuhotep para mejorar su reputación entre sus contemporáneos y sucesores se complementaba con un programa de auto-deificación. A él se le describe como el “Hijo de Hathor” en dos fragmentos en Gebelein, mientras que en Dendera y Aswan usurpa los tocados de Amun y Min, y en otros casos lleva la corona roja con las dos plumas. En Konosso, cerca de Philae, aparece a modo de Min itifálico (o de falo erecto).

Esta iconografía, junto a su segundo nombre de Horus, Netjeryhedjet el (Divino de la Corona Blanca), realzan su auto-deificación. Evidencias procedentes del templo de Deil el-Bahri indican que su intención era que se le adorase como un dios en su “Casa de Millones de Años”, anticipándose así, en centenares de años, con ideas que se convertirían en la principal preocupación religiosa del Imperio Nuevo. Es evidente que con ello estaba reimponiendo el culto al soberano.

La auto-promoción de Mentuhotep estuvo acompañada de un cambio de nombre, además de este proceso de auto-deificación. Su nombre de Horus se cambió varias veces durante su reinado; evidentemente, cada cabio marcaba una línea política. La última alteración fue la de Sematawy (El que unió las Dos Tierras), cuya fecha datada más temprana se remonta al año 39. No obstante, antes del año 39, el faraón habría ya celebrado su festival sed, por lo que quizás ésta fuese la ocasión para tomar el nuevo nombre.

El Gobierno del Reino

Mentuhotep reinó desde Tebas, que hasta entonces no había sido precisamente una destacada ciudad del Alto Egipto. Sí gozaba de una buena ubicación que le permitía el control sobre el resto de los nomarcas, o gobernadores regionales, por lo que una gran mayoría de los funcionarios de Mentuhotep eran hombres locales.

El alcance de sus obligaciones era bastante amplio: el visir Khety, condujo la campaña en Nubia para el faraón, mientras el canciller Meru, controlaba el Desierto Oriental y los oasis. Este puesto era mucho más importante de lo que había sido en el Imperio Antiguo. Además del cargo ya existente de “Gobernador del Alto Egipto”, se creó otro tan poderoso como éste: el de “Gobernador del Bajo Egipto”. Este reforzamiento del gobierno central incrementó el control real de sus funcionarios a la vez que, simultáneamente, recortaba el de los nomarcas que habían gozado de total independencia durante el Primer Período Intermedio.

Es probable que Mentuhotep redujese el número de nomarcas. Por ejemplo, los gobernadores de Asyut perdieron su poder por haber estado del lado de la causa heracleopolitana. Los de Beni Hasan y Hermópolis, por otra parte, mantuvieron su control anterior; quizás como recompensa por ayudar a las tropas de los nomarcas tebanos. Los gobernadores de Nag el-Deir, Akhmim y Deir el-Gebrawi, también retuvieron sus puestos. No obstante, la conducta de los nomarcas era vigilada por oficiales de la corte real que se movían por la zona a intervalos regulares.

Otro indicio de la vuelta a un gobierno egipcio fuerte y unido son las incursiones fuera de la frontera egipcia. Uno de los famosos líderes expedicionarios de su tiempo fue Khety – el oficial representado en el relieve de Shatt el-Rigalya, ya descrito – que patrulló la zona del Sinaí, y llevó a cabo cometidos en Aswan. Henenu, “Supervisor del cuerno, pezuña, pluma y escama”, era el mayordomo real, y como parte de sus numerosas funciones, viajó al Líbano para comprar madera de cedro para su señor. Estos viajes vienen a sugerir que Egipto habría empezado ya a restablecer su influencia en el Exterior.

Los Proyectos de Construcción de Mentuhotep II

Además de las numerosas campañas militares lanzadas por el faraón Mentuhotep en sus cincuenta y un años de reinado, también fue responsable de innumerables proyectos de construcción, si bien la mayoría de ellos fueron destruidos. Se levantaron templos y capillas, la mayoría situados en el Alto Egipto, en Dendera, Gebelein, Abydos, Tod, Armant, Elkab, Karnak y Aswan.

Un equipo mixto ruso-holandés ha descubierto un templo del Imperio Medio, cerca de Qantir, en el Delta Oriental. Su arquitectura refleja la del complejo funerario de Mentuhotep en Deir el-Bahri, pero aún no se han publicado dataciones definitivas.

A lo largo de todo el Imperio Medio, los cementerios reales continuaron su evolución; no sólo en la arquitectura, sino estructural y espacialmente. Este cambio constante parece reflejar la búsqueda de una respuesta espiritual a la pregunta de cuál sería el tipo más eficaz de tumba; esto es más que evidente en el monumento mortuorio de Mentuhotep, en Deir el-Bahri, al oeste de Tebas. Éste fue, sin lugar a duda, el más impresionante de los monumentos que sobrevivieron, pero del que hoy apenas quedan restos.

El diseño del templo era único, ya que ninguno de sus sucesores de la Dinastía XI (Sankhkara Mentuhotep III y Nebtawyra Mentuhotep IV) terminó su tumba, mientras que los faraones de la Dinatía XII escogieron monumentos inspirados en modelos del Imperio Antiguo.

La tumba saff (véase el Capítulo 6º), había constituido el diseño de tumba utilizado por los anteriores dirigentes de Tebas en la región de el-Tarif, región situada al oeste de Tebas, pero el monumento de Mentuhotep cambió esta tradición. Aunque algunos de sus arquitectos parece que habrían participado en la construcción de tumbas saff, su complejo revela una visión previa carente de influencias procedentes de modelos tebanos y heracleopolitanos. Es así que, con justicia, se le considere como el edificio más importante de la etapa comprendida entre finales del Imperio Antiguo y principios de la Dinastía XII.

Este inspirador símbolo de la reunificación de Egipto, epitomiza un nuevo comienzo. Fue, por ejemplo, la primera estructura real que, abiertamente, acentuaba las creencias osirianas (relativas al dios Osiris); una reflexión del “equilibrio” religioso entre los cultos funerarios de reyes y de plebeyos que habrían tenido lugar durante el Primer Período Intermedio.

Innovaciones a destacar en este templo fueron la utilización de terrazas y los paseos con barandas (o ambulatorios), que se añadieron al edificio central. El diseño incorporaba alamedas de sicamores y tamarindos que se plantaron frente al templo, cada uno enterrado en un hoyo de 10 m de profundidad, excavado en la roca, y relleno de tierra. Una larga y descubierta calzada elevada subía desde el patio de árboles hasta la terraza superior, sobre la que se alzaba el edificio central. Puede que esta importante construcción hubiese tomado la forma de una tumba-mastaba cuadrada,;quizás coronada de una colina. Detrás, reposaba una sala hipóstila y el centro de culto íntimo.

Las tumbas de las esposas del faraón, Neferu y Tem formaban parte del complejo; esta última, estaba enterrada en una tumba dromos, en la parte trasera del templo; la primera, en una tumba separada excavada en la roca en el muro norte del témenos, en el antepatio.

Inciso informativo

Dromos. Avenida procesional, generalmente flanqueada de esfinges, prolongando, hacia el exterior, el eje de un templo para vincularlo a otro templo, o a un embarcadero de El Nilo. Los más conocidos, los de Luxor y Karnak. En general, pasillo de acceso, largo corredor, sobre todo si acaba en un tholos (construcción de planta circular y cubierta cupuliforme o cónica), hipogeo o “dolmen de corredor”.

Témenos. Término que los griegos aplicaron al recinto donde se ubicaban tanto los templos egipcios como las dependencias más directas. Servía para separar de forma evidente y precisa las áreas sagradas de las consideradas simplemente profanas; el espacio de los dioses, frente a aquellos en los que se movían los hombres. En ocasiones se denomina témeno al espacio en torno al edificio y períbolo al muro que lo delimita.

En el pasillo oeste, se han encontrado varias capillas y tumbas de otras seis mujeres de las que a cuatro se les denomina “esposa real”. Sus enterramientos pertenecen a la fase más temprana del templo de Mentuhotep, y cuando se excavaron, algunas aún contenían las sepulturas originales, así como la evidencia más antigua del uso de modelos reducidos representando los ataúdes y los cuerpos del fallecido, precursores de los shabti que serían tan populares en épocas posteriores.

Las mujeres enterradas en el pasillo oeste parecen ser de un estatus social más bajo que el de Neferu y el de Tem, y todas eran jóvenes: la mayor, Ashaiyet, de 22 años, y la más joven, Mayt, - cuya capilla, en muy malas condiciones, no muestra el apelativo de “esposa” – era sólo una niña de 5 años. El significado de estas “esposas menores” no está claro; puede que fuesen hijas de algún noble a las que el faraón querría tener bajo su protección; si bien a la mayoría se le da el nombre de “sacerdotisas de Hathor”, por lo que también se ha llegado a sugerir que sus tumbas podrían ser parte de algún culto “hathórico” para el monarca, dentro de su propio monumento mortuorio. Otro enigma es el que las tumbas sean contemporáneas. ¿Murieron estas jóvenes juntas a consecuencia de algún desastre?

Es evidente que las tumbas de estas seis mujeres pertenecen al mismo período del desarrollo del monumento de Deir el-Bahri que la tumba conocida como Bab el-Hosan, que reposa bajo el antepatio del templo. Según el Doctor Dieter Arnold, Director del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, esta tumba real habría sido parte de un temprano e incompleto enterramiento para el propio faraón. Fue en esta estructura donde se encontró una estatua negra con ropas de festival. El inusual color de la piel es otra de las muchas referencias a Osiris que simbolizan los poderes de fertilidad y regeneración de Mentuhotep.

Aunque todo el templo estaba decorado, poco de su arte ha podido sobrevivir para que se pueda reconstruir con certeza el sistema general de diseño y decoración, si bien hay algunos temas distintivos. Se enfatizan los aspectos supernaturales y osirianos, pero también hay escenas de la vida de la Corte.

La naturaleza regional del trabajo artístico es evidente en muchos de los fragmentos encontrados de decoración con pintura, así como algunos toques característicos como labios gruesos, ojos grandes y cuerpos exageradamente delgados y raros, son manifiestos. No obstante, hay también una talla maestra – en especial las de las capillas de las esposas jóvenes – que son más típicas de la Escuela Menfita. Esta mezcla de técnicas refleja la situación política a la que apuntan algunas biografías de artesanos, y que a la vez nos muestran que proceden de varias regiones de Egipto, y traen consigo las tradiciones locales. Con el tiempo, la escuela menfita prevalecería, pero pasarían aún varias generaciones hasta que reemplazase a los géneros artísticos nacionales por todo Egipto.

Aunque si bien no se puede señalar ningunos monumentos de Mentuhotep II en el Templo de Amun en Karnak, sí hay una referencia al dios en el templo de Mentuhotep, y la ubicación de éste en la curva de los acantilados de Deir el-Bahri es en sí significativa, al estar directamente alineado con Karnak en la orilla opuesta. Esta situación puede haber sido intencionada con objeto de beneficiarse de la visita anual del dios Amun a Deir el-Bahri durante el rito conocido como “El Hermoso Festival del Valle”. Ciertamente, el culto a Amun empezó a crecer en Tebas a partir de este momento.

Mentuhotep III y IV.

La Reina Tem era la madre del faraón Sankhkara Mentuhotep III (c.2004-1992 A.C.) que fue un activo constructor. En el año 1997, un equipo húngaro liderado por el Profesor Györö Vörös no sólo descubrió un hasta entonces desconocido santuario copto debajo de la cúspide de Thoth Hill, en la ribera oeste, en Tebas, sino que también encontró una tumba de principios del Imperio Medio que seguramente perteneció al faraón Mentuhotep III. Su arquitectura puede haber servido de inspiración para las tumbas-bab de principios de la Dinastía XVIII.

El reinado de Mentuhotep III se caracterizó por una cierta innovación arquitectónica que incluye un triple santuario en el yacimiento de Medinet Habu, que presagiaba ya las triadas “de familia” de los templos de la Dinastía XVIII. Además, los restos del templo de ladrillo que construyó en el “Hill of Thoth”, el pico más alto que domina el Valle de los Reyes, no sólo contenía otra triple cripta sino que incorporaba los ejemplos más antiguos de pilonos de templo que habían sobrevivido. No lejos del templo, quedan los vestigios del palacio del festival sed de Mentuhotep III.

El arte que nos ha llegado de este efímero reinado no es menos innovador; podría decirse que la escultura en relieve alcanzó su auge en esta etapa del Imperio Medio. La talla en piedra es extremadamente bella, con un relieve que trasmite una enorme profundidad espacial, y una incrustación que no vas más allá de unos cuantos milímetros dentro de la piedra. La sutileza del retrato y los detalles del ropaje de los relieves de Tod son muy superiores a las esculturas de Mentuhotep II.

Mentuhotep III fue también el primer gobernante en enviar una expedición a la tierra del Punt, en el África oriental, para obtener incienso, aunque tales expediciones al Mar Rojo y al Punt serían más frecuentes durante la Dinastía XII. La expedición de 1992 A.C., liderada por un oficial llamado Henenu, partió vía el Wadi Hammamat, lo que aparentemente obligó a construir barcos a orillas del Mar Rojo utilizando madera que habría sido transportada de un lado a otro. También se esforzó en proteger la frontera nordeste mediante la construcción de fortificaciones al este del Delta.

Cuando Mentuhotep III falleció, hacia 1992 A.C., al parece ser hubo “siete años vacíos” que corresponderían al reinado del faraón Nebtawyra Mentuhotep IV, quien podría haber usurpado el trono al no figurar su nombre en la “Lista de Reyes”. Su madre fue una plebeya carente de títulos reales, que no fuera el de “madre del faraón”, por lo que es posible que ni siquiera fuese de sangre real.

Poco se sabe del reinado del faraón Mentuhotep IV, excepto por sus expediciones a las canteras. Las inscripciones de la cantera de travertino de Hatnub sugieren que algunos nomarcas del Egipto Medio podrían haber creado problemás durante esta época.

El acontecimiento más importante del que hay testimonio durante su reinado fue el envío de una expedición canterana al Wadi Hammamat. Amenemhat, el visir que ordenó la expedición, dio órdenes de que se hicieran inscripciones en la cantera a forma de registro de dos sorprendentes presagios de los que el grupo habría sido testigo. El primero se refiere a una gacela que dio luz a una cría sobre la piedra que se había escogido para confeccionar la tapa del sarcófago del faraón; y el segundo, una feroz tormenta de lluvia que cuando amainó, puso al descubierto un pozo, de diez codos cuadrados, lleno de agua hasta el borde. Cierto es que en un terreno tan árido habría supuesto un descubrimiento espectacular, e incluso milagroso.

Parece casi seguro que el hombre que se convirtió en el primer faraón de la Dinastía XII fue el propio Amenemhat quien, como la mayoría de los altos cargos de la Dinastía XI, habría ya gozado de puestos de poder. La decisión de un rey débil, o la inexistencia de un heredero viable, explicarían, pues, el paso del Trono al visir.

Y vamos de nuevo a hacer un alto en el camino, y será en una próxima Hoja Suelta que nos adentraremos en la Dinastía XII.


Rafael Canales

En Banalmádena-Costa, a 26 de octubre de 2009

Bibliografía:

“The Enciclopedia of Ancient Art”. Helen Strudwick, Amber Books, 2007-2008.
“Ancient Egypt, Anatomy of a Civilization”. Barry J. Kemp, Routledge, 2006.
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“Antico Egitto”. Maria Cristina Guidotti y Valeria Cortese, Giunti Editoriale, Florencia-Milán, 2002.
“Historia Antigua Universal. Próximo Oriente y Egipto”. Dra. Ana María Vázquez Hoys, UNED, 2001.
“British Museum Database”.