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viernes, 19 de junio de 2009

Nacimiento del Estado Egipcio (c.3.200-2.686 A.C.) 3/8.- El Cementerio Real de Abydos

Estatuilla de marfil de un rey protodinástico con manto ceremonial Heb-Sed y tocado con la Corona Blanca del Alto Egpto (Dinastía I)

EL CEMENTERIO REAL DE ABYDOS

La naturaleza de la primitiva civilización egipcia se ve expresada, principalmente, a través de la arquitectura monumental; en especial, en las tumbas reales y en los recintos funerarios de Abydos, así como en las grandes tumbas de altos cargos en el norte de Saqqara.

Los estilos formales característicos del arte egipcio ya surgieron en los períodos Naqada III/Dinastía 0 y a principios del Período Dinástico. Lo que es auténticamente egipcio de la arquitectura monumental y del arte conmemorativo - como es el caso de la Paleta de Narmer – es su reflejo del incondicional apoyo de la Corona a artífices y artesanos de plena dedicación.

Los objetos encontrados en tumbas reales y en las de élite nos hacen pensar en una artesanía de altísima calidad. Como ejemplos, podemos citar un disco de esteatita con una escena incrustada de alabastro, que representa a dos perros sabuesos cazando gacelas, procedente de la tumba 3035, en Saqqara, y brazaletes hechos con cuentas de oro, turquesa, amatista y lapislázuli, procedentes de la tumba del Rey Djer en Abydos.

De forma similar se observa un alto nivel de artesanía en los objetos de marfil y ébano, así como en los útiles de cobre y recipientes encontrados en tumbas de élite, reflejo todo ello del mecenazgo de la Corte. La presencia de artefactos de cobre en tumbas quizás pudo haber sido el resultado de incursiones reales a minas de cobre en el Desierto Oriental, junto a un incremento del comercio con regiones mineras de ese mineral en el Negev/Sinaí, aparte de la expansión del trabajo en cobre por todo Egipto.

Aunque en un principio se pensó que los gobernantes de la Dinastía I habían sido enterrados en Saqqara Norte, donde el antropólogo británico Bryan Emery había excavado grandes superestructuras de ladrillos de barro crudo con elaboradas fachadas de hornacina, ahora la mayoría de eruditos cree que dichas tumbas pertenecían a altos funcionarios de la Dinastía I y Dinastía II, y que el cementerio real de la zona de Umm el-Qa’ab es el verdadero lugar de enterramiento de sus reyes.

Solamente en Abydos existe un reducido grupo de tumbas grandes que corresponden a reyes y a una reina de esta dinastía, y sólo en Abydos se encuentran restos de recintos funerarios de todos los gobernantes de esta dinastía, menos uno, lo que quedó demostrado por el Egiptólogo australiano Doctor David O’Connor, Profesor en la Universidad de Nueva York - homenajeado en 2007 por el Consejo Superior de Antigüedades de Egipto - con sus excavaciones durante los años 80 y 90.

Lo que es de una evidencia cristalina en el Cementerio Real de Abydos es cómo se encuentra simbolizada la ideología de la realeza en el culto funerario. El desarrollo de la arquitectura monumental simboliza un ordenamiento político de otras dimensiones, con una religión estatal encabezada por un dios-rey que legitima el nuevo orden político.

A través de la ideología, y su material forma simbólica presente en las tumbas, las creencias relacionadas con la Muerte nos reflejan una organización social jerarquizada de las personas, y un estado controlado por el rey; una transformación - motivada políticamente - de un sistema basado en la creencia de consecuencias directas en el sistema socio-económico.

Al rey se le dispensaba el enterramiento más ostentoso y refinado, como correspondía a su rol simbólico de mediador entre los poderes del Más Allá y sus súbditos fallecidos que, junto a la creencia en un orden terrenal y cósmico, habrían dotado al primitivo estado dinástico de una cierta cohesión social.

Durante los años 90, Émile Amélineau excavó siete complejos de tumbas - que más adelante serían re-excavados por Petrie - que correspondían a otros tantos monarcas: Djer, Djet, Den, Anedjib, Semerkhet, Qa’a, y a la reina Merneith que podría haber sido madre de Den, e incluso ejercer como regente a principios del reinado. Estas tumbas no sólo fueron saqueadas sino también destruidas por el fuego de forma intencionada. Durante el Imperio Medio, las tumbas se re-excavaron y reconstruyeron para el culto de Osiris, y la tumba de Djer fue reconvertida en un cenotafio del dios.

Con esta historia como marco, impresiona que sólo el trabajo de Petrie de 1899-1901, y las posteriores excavaciones llevadas a cabo por el Instituto Arqueológico Alemán a partir de 1970, hayan hecho posible la reconstrucción de estas primitivas tumbas.

Aunque de estas tumbas sólo quedan cámaras subterráneas hechas de ladrillo de barro crudo, las tumbas estuvieron originalmente techadas, y probablemente cubiertas con un montículo de arena frente al que habrían sido colocadas estelas de piedra con el nombre real esculpido, de las que quedan algunas muestras. Cada tumba real estaba rodeada de filas de tumbas subsidiarias.

En la zona nordeste del Cementerio Real, conocida como Cementerio B, se encuentra el complejo del rey Aha, convencionalmente considerado en la actualidad como el primer rey de esta Dinastía I.

En el Cementerio B, también hay tumbas que han sido identificadas por Werner Kaiser como las de los tres últimos reyes de la Dinastía 0: Iri-Hor, Ka y Narmer. Estas tumbas están formadas por cámaras dobles, mientras que las del complejo de Aha están formadas por varias cámaras separadas, construidas en tres fases, con un cierto número de enterramientos subsidiarios al nordeste.

Aunque saqueada, en la tumba de Aha se puede apreciar una nueva dimensión en los enterramientos. Hay restos de grandes capillas de madera en tres cámaras, y treinta y tres enterramientos subsidiarios, con restos de varones jóvenes de entre 20 y 25 años que, muy probablemente, habrían sido sacrificados cuando su rey fue enterrado. Cerca de estas tumbas subsidiarias, se han encontrado restos de enterramientos de, al menos, siete leones de corta edad.

Todos los demás enterramientos reales de la Dinastía I de Abydos tienen tumbas subsidiarias con ataúdes de madera, si bien este período es el único del Antiguo Egipto en que se sacrificaron seres humanos para los enterramientos reales.

COMENTARIO Ex profeso

La afirmación de la autora de este ensayo, Profesora Kathryn A.Bard, de que el período que nos concierne, es decir la Dinastía I, “es el único del Antiguo Egipto en que se sacrificaron seres humanos para los enterramientos reales” parece implicar que estos hechos sólo ocurrieron durante la Dinastía I, y nunca antes.

Esto, dicho así, no parece encajar con lo que la Profesora Béatrix Midant-Reynes, en el tercer ensayo titulado “El Período Naqada”, objeto de nuestra “Hoja Suelta” del mismo nombre, dentro del tema titulado “Naqada II (Gerzeense)”, nos comenta:

“Ya Petrie apuntó la posibilidad de la existencia de sacrificios humanos, y tenemos dos casos identificados en Adaïma con clara evidencia de gargantas seccionadas y decapitación. Aunque escasa y dispersa, esta posible evidencia de sacrificio auto-infringido podría representar el preludio de los sacrificios humanos masivos alrededor de las tumbas reales de principios del Período Dinástico, en Abydos, que marcaron el punto de inflexión en el nacimiento de la realeza egipcia en el Período Dinástico”.

A menos que, en efecto, los sacrificios humanos masivos alrededor de las tumbas reales sólo se practicasen en la Dinastía I. Este es el punto que, en mi humilde opinión, queda algo impreciso.

Y, terminado el inciso, la Doctora Nancy Lovell, antropóloga biológica norteamericana, Catedrática de Antropología de la Universidad de Alberta, que ha examinado los esqueletos de algunas de estas tumbas subsidiarias, sugiere que sus dientes muestran señales de muerte por estrangulamiento. Es posible que altos cargos, sacerdotes, criados y domésticas fuesen todos sacrificados para servir al rey en la otra vida.

Toscas estelas grabadas con los nombres de los difuntos, acompañaban a muchos de estos enterramientos en los que se encuentran cacharros, vasijas de piedra, útiles de cobre y objetos de marfil.

También se han encontrado en estas tumbas, enanos - probablemente contratados para divertir al rey - y perros de caza o animales de compañía.

La tumba de Djer es la que contiene el mayor número de tumbas subsidiarias (unas 338) mientras que, en general, en las tumbas posteriores, sólo aparecen unas cuantas, por lo que al parecer, por razones que se desconocen, esta práctica se extinguió después de la Dinastía I. Más adelante se aceptaron como substitutos válidos a pequeñas estatuas de sirvientes a las que siguieron los shabtis, figurillas funerarias que acompañaban al difunto en su viaje.

Todas las tumbas de la Dinastía I tenían una capilla de madera en el lugar del enterramiento. La mayor es la de Djer, con una superficie de unos 70 x 40 metros, incluyendo los enterramientos subsidiarios dispuestos en filas.

La sepultura real estaba colocada en el centro de una cámara revestida de ladrillo de barro crudo de 18 x 17 metros (306 m² de superficie de suelo) y 2’6 m de profundidad, con muretes bajos perpendiculares a sus tres lados, formando cámaras de almacenamiento separadas.

Aunque esta tumba acabó convirtiéndose en una capilla para el dios Osiris, Petrie aún pudo encontrar un brazo envuelto en lino con brazaletes que, aparentemente, procedían del entierro original. El brazo acabó desapareciendo, pero los brazaletes se conservan en el Museo de El Cairo.

Para el reinado del rey Den, a mediados de la Dinastía I, ya se observa una innovación importante en el diseño de tumbas reales: El acoplamiento de una escalera de acceso, lo que hacía posible su construcción, incluyendo el techado, mientras el monarca permanecía vivo, facilitando, además, su ejecución dentro de hoyos de gran profundidad.

A mitad de camino de la escalera, había una puerta de madera y, tras ella, justo a la entrada de la cámara sepulcral, una compuerta bloqueaba la entrada a los posibles saqueadores de tumbas.

La tumba y los 136 enterramientos subsidiarios ocupaban una superficie de 53 x 40 m, y la propia cámara sepulcral cubría unos 15 x 9 metros de superficie de suelo y tenía una profundidad de 6 m.

El diseño y la decoración de la tumba son los más exquisitos de Abydos; los suelos estaban pavimentados con planchas de granito rojo y negro de Aswan, siendo éste el primer caso conocido del uso de esta durísima piedra a gran escala.

Un pequeño habitáculo al sureste, con su propia escalera de acceso, pudo haber sido un antiguo serdab; cámara donde se colocaban estatuas del finado.

Las excavaciones llevadas a cabo por el Instituto Arqueológico Alemán en zonas de escombros de anteriores excavaciones, indican que entre los objetos funerarios encontrados se halla una multitud de recipientes con impresiones de sellos, vasijas de piedra, etiquetas con inscripciones y otros artefactos tallados de marfil y ébano, así como incrustaciones procedentes de cajas o muebles.

Al sur de la cámara funeraria, las cámaras subsidiarias, inusualmente largas, contenían jarras que, probablemente, en su día, habrían contenido vino.

En un enterramiento posterior, perteneciente al rey Semerkhet, Petrie descubrió la rampa de acceso – no una escalera como en el caso de la tumba de Den – completamente saturada de un aceite aromático hasta una altura de tres pies. Casi 5.000 años después del enterramiento, el perfume era tan intenso que impregnaba toda la tumba.

En la tumba perteneciente al último rey de la Dinastía I, Qa’a, y durante la re-excavación realizada por el mencionado Instituto alemán, se encontraron treinta etiquetas cuyas inscripciones describían la entrega del aceite. Lo más probable es que este aceite fuese importado de Siria o Palestina, y que hubiese sido obtenido de frutos o resinas de árboles locales.

La presencia de tan enorme cantidad de aceite en la tumba de Semerkhet – quizás durante la ceremonia funeraria – ciertamente parece sugerir la existencia de un comercio exterior a gran escala, totalmente controlado por la Corona, así como la enorme importancia que tan lujosa mercancía tenía en los entierros reales.

Las tumbas reales de Abydos están ubicadas en el bajo desierto (Umm el-Qa’ab). Al nordeste, junto al borde del cultivo, se encuentran unos recintos funerarios, llamados “fortalezas” por los antiguos excavadores, donde el culto de cada rey podría haber sido perpetuado por sacerdotes u otro personal después de su enterramiento en la tumba real, como se acostumbraba a hacer en posteriores complejos mortuorios reales.

El recinto funerario mejor conservado, conocido actualmente como Shunet el-Zebib, perteneció al rey Khasekhemwy, de la Dinastía II. Sus muros de hornacina interiores se siguen conservando hasta una altura de entre 10 y 11 metros, cubriendo una superficie de alrededor de 124 m x 56 m.

En 1988, O’Connor descubrió un gran túmulo de arena y grava cubierto con adobe, de planta más o menos cuadrada, dentro del recinto. Este túmulo se encontraba situado cerca de la misma zona donde se alzaba la Pirámide Escalonada del complejo funerario del Rey Djoser, en Saqqara, de la Dinastía III, que empezó como una mastaba de estructura baja y no fue hasta la cuarta etapa cuando se convirtió en una estructura escalonada. Los dos complejos de Khasekhemwy y Djoser estaban rodeados de enormes muros de cerramiento de hornacina con sólo una entrada en el sureste.

El complejo del Rey Djoser se construyó unos 40 o 50 años después del de Khasekhemwy, y el túmulo de Shunet el-Zebib podría evidenciar una estructura o túmulo “proto-pirámide”.

No se sabe si los túmulos de Abydos se construyeron en los recintos funerarios de principios de la Dinastía I, pero es muy posible que ocurriese así. En consecuencia, la evolución del culto mortuorio real y su aspecto monumental se pueden claramente apreciar en Abydos.

Para la Dinastía III, el culto funerario real ya daba muestras de la existencia de un nuevo ordenamiento del poder real, con un despliegue de recursos y mano de obra para su utilización en la construcción de los primeros monumentos del mundo construidos con piedra.

A principio de los años 90, el Profesor O’Connor descubrió, al sureste del recinto funerario de Djer y justo fuera del muro exterior nordeste del de Khasekhemwy, doce enterramientos de barcos que consistían en profundas zanjas que contenían cascos de barco de madera de entre 18 y 21 metros de largo pero sólo unos 50 cm de alto.

Dentro y alrededor de los cascos, se habían colocado ladrillos formando una estructura de hasta 27’4 metros de longitud. La cerámica asociada con las embarcaciones toda ella data de principios del Período Dinástico, pero al día de hoy no se sabe si los barcos son de la Dinastía I, o de la II. Todos parecen ser de la misma época, y es posible que vayan apareciendo más conforme se amplía la excavación en la zona.

Se han encontrado enterramientos de embarcaciones más pequeños asociados con las tumbas de altos cargos, en Saqqara y Helwan, de principios del Período Dinástico. Los ejemplos más conocidos del Imperio Antiguo los tenemos en dos barcos, en condiciones de conservación óptimas, relacionados con la pirámide Khufu en Giza.

El significado de estos enterramientos de barcos se desconoce; es posible que estas embarcaciones se utilizasen en ceremonias funerarias, o que fuesen enterradas simbólicamente para el viaje final al Más Allá. Los de Abydos constituyen la evidencia más temprana de una asociación entre los barcos y el culto mortuorio real.

La evidencia de Abydos nos descubre el enorme gasto del Estado en los complejos mortuorios de los reyes de la Dinastía I, tanto en tumbas como en recintos funerarios.

Estos gobernantes ejercían un control absoluto sobre enormes activos que incluían la producción artesanal desde tiendas reales, productos exóticos y materias primas importadas de forma masiva del extranjero; e incluso sobre el reclutamiento de mano de obra, así como el de los individuos que podían ser sacrificados para los entierros reales.

El rol supremo del rey ciertamente se ve expresado en estos monumentos, y los símbolos del culto mortuorio real - tan evidentes en Abydos - acabarían evolucionando hacia los exquisitos complejos piramidales de los imperios Antiguo y Medio.

Llegado a su fin este apasionante tema, la Profesora Katheryn Bard nos va a llevar de nuevo de la mano, esta vez por “Las Tumbas de los Altos Cargos al Norte de Saqqara y en otros lugares”, como así titula su autora el tema que sigue.


Rafael Canales


En Benalmádena-Costa, a 28 de junio de 2009

Bibliografía:

“Ancient Egypt, Anatomy of a Civilization”. Barry J. Kemp, Routledge, 2006.
“The Oxford History of Ancient Egypt”. Ian Shaw, Oxford University Press, 2003.
“Historia Antigua Universal. Próximo Oriente y Egipto”. Dra. Ana María Vázquez Hoys, UNED, 2001.
“The Enciclopedia of Ancient Art”. Helen Strudwick, Amber Books, 2007-2008.
“Antico Egitto”. Maria Cristina Guidotti y Valeria Cortese, Giunti Editoriale, Florencia-Milán, 2002.
British Museum Database.


jueves, 19 de febrero de 2009

La Prehistoria Egipcia del Paleolítico a la Cultura Badariense (700.000-4.000 A.C.) 6/8.- El Epipaleolítico en el Valle del Nilo



Faiyum. Desierto Occidental. 5000 A.C.
("Pinchar")


EL EPIPALEOLÍTICO EN EL VALLE DEL NILO (10.000-7.000 B.P.)
E iniciamos esta nueva “Hoja Suelta”, sexta ya, con el primero de los dos trabajos que vamos a dedicar al Valle del Nilo: El Epipaleolítico.

A partir de 7.000 B.C., grupos de seres humanos hacen de nuevo acto de presencia en el Valle del Nilo.

Si bien el número de yacimientos del Epipaleolítico es muy limitado y se han descubierto en circunstancias excepcionales es por ello por lo que sólo podamos distinguir dos culturas: la Elkabiense y la Qaruniense.
Durante este período, el estilo de subsistencia del Paleolítico, basado en la caza, la pesca y la recolección, prevalece.

En la localidad que da nombre a su cultura, Elkab, se han encontrado unos cuantos yacimientos pequeños de hacia 7.000-6.700 B.C. en excepcionales condiciones de conservación, debido en parte a su ubicación dentro de los muros que rodean a un recinto pre-dinástico mucho más reciente.

Los yacimientos se localizaron en las orillas de un ramal obstruido por los sedimentos cuya ocupación habría sido posterior a las inundaciones de la llanura.

El desarrollo de la pesca en el Epipaleolítico habría sido muy superior al del Paleolítico Tardío. De hecho se pescaba no ya en las altas aguas de retroceso, sino en el propio caudal del Nilo, lo que hace pensar que para entonces la población estaría utilizando embarcaciones con un cierto grado de estabilidad.

Debido a que el clima era ya más húmedo y benigno, era posible la caza en el “wadi” de la gacela dorca, la oveja bereber y el uro (Bos Primigenius).

La cultura Elkabiense es microlítica e incluye un número considerable de microburiles, por lo que es fácilmente comparable con la del Neolítico Temprano del Desierto Occidental.

La presencia de numerosas piedras de moler no puede considerarse como prueba de la existencia de una técnica o procedimiento para procesar plantas por el sólo hecho de que el pigmento rojo aparezca visible en cierto número de ellas.

La presencia de una ocupación Elkabiense en el yacimiento de Tree Shelter, en Wadi Sodmein, cerca de Quseir, en el Desierto Oriental, parece indicar que los Elkabienses podrían haber sido cazadores nómadas a los que las rutas este-oeste les llevaría a la caza y pesca en el Valle del Nilo, y a la explotación del desierto durante el verano.

La cultura Qaruniense es un renombre de la cultura Faiyum B que Caton-Thompson atribuyó al Mesolítico.

A modo de inciso, y brevemente, ampliemos que Gertrude Caton-Thompson fue una arqueóloga inglesa, discípula de Flinders Petrie en el University College, London, que excavó en Abidos y Oxyrhynchus, y en otros yacimientos de Oriente Medio, Egipto y África meridional.

Los yacimientos Qarunienses de hacia 7.050 B.C., originalmente ubicados en las tierras altas que dominaban el Lago Proto-Moeris, se han identificado en las zonas norte y este del actual lago Faiyum. La historia del Holoceno de este lago apunta a una serie de fluctuaciones que son de gran importancia para entender la ocupación humana de los alrededor del lago. Se sabe de tres transgresiones que precedieron al Neolítico que corresponden a otros tantos sumergimientos de tierra causados por una crecida del nivel del mar.

En la fase Qaruniense, las condiciones de pesca llegaron a ser excepcionalmente buenas en las aguas bajas del lago, por lo que no sorprende que la pesca constituyese la base de la subsistencia humana. A esto, habría que añadirle la caza y la recolección.

También la cultura Qaruniense era microlítica, por lo que encaja con el contexto tecnológico general del Elkabiense y del Neolítico Temprano del Desierto Occidental.

Sólo se conoce un enterramiento de la Qaruniense. Se trata del cuerpo de una mujer de unos 40 años, en posición ligeramente contraída, reposando sobre su lado izquierdo, la cabeza hacia el este, y mirando al sur. Sus características físicas son mucho más modernas que las de los “Mechtoids” del Paleolítico Tardío.

Sin duda, nuestros mentores belgas se están refiriendo al tipo humano Mechta, mechtoide o Mechta-Afalou. El nombre procede del yacimiento Mechta-El-Arbi (Argelia), y por sus características físicas (disarmonía cráneo-facial, órbitas rectangulares, gran estatura, etc.) se le relaciona con el Cro-Magnon europeo, aunque su origen parece ser local a partir de los restos aterienses.

La presencia de industrias microlíticas en las proximidades de Helwan es conocida desde el siglo diecinueve, con claras similitudes con el Neolítico Pre-Cerámico del “Levant”, o Levante Mediterráneo, si bien el propósito real de estas industrias es desconocido, y no puede determinarse debido a la escasez de información de que se dispone.

También se sabe de la existencia de asentamientos en el Desierto Oriental y en el Mar Rojo. Según se evidencia en la Sodmein Cave, cerca de Quseir, estos colonos habrían sido responsables de la introducción de ovejas y/o cabras domesticadas durante la primera mitad del sexto milenio B.C.

Y con esta sexta “Hoja Suelta” acabamos esta breve incursión en el Epipaleolítico del Valle del Nilo en la que se han introducido sólo breves aclaraciones o notas ampliatorias de indudable interés no sólo para el lector, sino también para el redactor.

Rafael Canales

En Benalmádena-Costa, a 21 de febrero de 2009.

Bibliografía:

“The Oxford History of Ancient Egypt”. Ian Shaw. Oxford University Press, 2003.
“Prehistoria”, Tomos I y II. Dra. Ana María Amilibia y otros. UNED 2001
“Historia Antigua Universal Próximo Oriente y Egipto”, Tomo I, 2ª Parte. Dra. Ana Mª Vázquez Hoys, UNED, 2001.
“Ancient Egypt. Anatomy of a Civilization”. Barry J. Kemp. Routledge, 2006.
“The Prehistoric Egypt”, W.M. Flinders Petrie, British School of Archaeology in Egypt and Egyptian Research Account, Twenty-Third Year, 1917. London, 1920.
“Diccionario de Prehistoria”, Mario Menéndez, Alfredo Jimeno y Víctor M. Fernández, Alianza Editoral. 2001.
“The British Museum”

jueves, 5 de febrero de 2009

La Prehistoria Egipcia del Paleolítico a la Cultura Badariense (700.000-4.000 A.C.) 5/8.- El Neolítico Sahariano o "Cultura Cerámica"

Cerámia del Período Neolítico




Cerámica Neolítica de Faiyum
("Pinchar" y ampliar)

A MODO DE PREÁMBULO

Y seguimos, dentro del segundo ensayo que nos ocupa, de nuevo de la mano de nuestros maestros belgas, en esta quinta “Hoja Suelta” a modo de entrega, cada vez menos “hoja” y menos “suelta”, en la que, de nuevo, nos veremos obligados a ceñirnos fielmente al ya de por sí denso, árido y escueto texto original.

Debo, sin embargo, admitir mis ansias porque estos cuantos miles de años que me quedan de semi-oscuridad hasta ver la luz del Período Dinástico pasen fugazmente y entremos así en tópicos más afines a nuestros intereses y más asequibles a nuestras mentes mundanas.

Espero, eso sí, tener, o en su defecto, buscar, la oportunidad de animar el texto con las aportaciones, aclaraciones y/o comentarios pertinentes que nos faciliten el camino.

Voy a empezar, a modo de introducción, haciendo referencia a un artículo publicado en la “African Archaeological Review” de fecha 15 de septiembre de 2005, titulado “The east African Neolithic: An alternative view”.

Este artículo, como su título indica, ofrece una interpretación alternativa al fenómeno del Neolítico africano que tradicionalmente ha sido atribuido a la migración de la población productora de alimentos desde Sudán y Etiopía vía norte de Kenia.

Han sido muchos los intentos por reconstruir las rutas, e incluso por establecer su identidad lingüística y/o étnica; intentos que han considerado la cerámica neolítica o "wares" como unas puras y discretas entidades culturales correlacionadas con específicos grupos lingüísticos y/o étnicos.

El principal problema, se argumenta, es que con este enfoque simplista se minimiza el impacto que el contacto y el intercambio comercial haya tenido en el cambio cultural. E incluso, se niega a los grupos en cuestión el dinamismo que parece haber caracterizado las relaciones entre ellos mismos, y de ellos con su entorno.

La alternativa que se ofrece aquí consiste en considerar que las similitudes y diferencias que se esgrimen al definir los “wares”, o la cerámica en cuestión, son reflejos de la dinámicas relaciones existentes entre la población responsable de la producción y la del consumo. Producción y consumo que, de cualquier modo, habría existido entre individuos que viviesen en una misma zona, o en poblados diferentes, e incluso en comunidades tan distantes como el Rift Central o el Lago Victoria.

Y tomado esto como entrada o aperitivo que nos abra nuestro voraz e inquisitivo apetito mientras meditamos, pasamos ahora al plato fuerte de este menú prehistórico: El Neolítico Sahariano o "Cultura Cerámica".

EL NEOLÍTICO SAHARIANO O "CULTURA CERÁMICA"

Hacia finales del Paleolítico Medio, el Desierto Occidental se abandona y la población no regresa hasta alrededor de 9.300 B.C. coincidiendo con la fase húmeda del Holoceno lo que, en cierto modo, acaba favoreciendo las condiciones arqueológicas de conservación ante la inexistencia de presencia humana justo antes del Neolítico Superior e, incluso, después de este período.

El promedio anual de lluvia a comienzos del Holoceno sólo alcanzaba entre 100 y 200 mm. y esto, muy posiblemente, sólo durante una corta temporada estival, por lo que es probable que sólo animales adaptados a las condiciones del desierto, como era el caso de la liebre y la gacela, pudiesen vivir.

Sin embargo, todo ello representó una considerable mejora en las condiciones de vida en comparación con las correspondientes del Paleolítico Superior y del Paleolítico Final.

Aunque la lluvia no representaba un fenómeno continuado, los intervalos de aridez son de gran importancia para la diferenciación cronológica. La pluviosidad venía originada por el desplazamiento hacia el norte del cinturón monzónico; así que la repoblación del desierto occidental tuvo que venir del sur. Es probable que los colonos procediesen del Valle del Nilo, dada la ausencia de otras posibilidades, pero también por similitudes con la tecnología lítica de otros yacimientos del Valle del Nilo nubio.

En Egipto, las culturas “neolíticas” más tempranas emergen en el Desierto Occidental, si bien habría que dejar bien claro desde un principio que aún no existen testimonios de algún tipo de agricultura en el Neolítico sahariano. Su identificación como “neolítica” ha sido basada puramente en la evidencia de rebaños de ganado.

Así que, el Neolítico Sahariano es, por lo tanto, totalmente diferente de la cultura neolítica que emerge aproximadamente en la misma época en Israel, donde la expresión “Economía Neolítica” es sinónimo del proceso por el que se introduce la agricultura, a la que más tarde se unió la domesticación animal; muy probablemente, el proceso de “neolitización” que tuvo lugar en Egipto fue completamente independiente del de Israel.

Y, precisamente, por la ausencia de algún vestigio de agricultura y la presencia de algo de cerámica, se ha acuñado el término “Cultura Cerámica” aplicado a esta cultura sahariana frente al de “Neolítico Sahariano”.

INCISO EX PROFESO

Y esta dicotomía agricultura-cerámica me revierte a unos párrafos de la Doctora Vázquez Hoys (Historia Antigua Universal, Tomo I, 1ª Parte, páginas 83-84) que, a modo de inciso, me voy a permitir comentar.

En referencia a la cerámica, dice: “Nunca se conocerán las etapas más antiguas de esta conquista, pero se puede pensar que las primeras cocciones ocurrieron en el hogar familiar y que consistieron en pequeñas figurillas de tierra, o pequeños objetos groseramente modelados como los que se encuentran en Mereybet”.

El párrafo que le sigue es muy esclarecedor:

“Hasta hace poco tiempo, cerámica y agricultura definían el Neolítico. Pero las excavaciones de K. Kenyon en Jericó han evidenciado, hace ya cuarenta años, que la cerámica no apareció hasta el año 6.000 aproximadamente, mientras que las técnicas alimentarias de producción eran habituales desde hacía tiempo. Se introdujo entonces la expresión "Neolítico Precerámico" para designar al primer período (PPN A o B, correspondiente a Pre-Pottery Neolithic A o B)”. Estas dos fases, A y B, se conocen también como Sultaniense y Tahuniense, respectivamente".

"Pero posteriores excavaciones hicieron la realidad aún más compleja ya que, al parecer, una larga fase precedió a la adopción de esta técnica en todo el Oriente Próximo al principio del VI milenio, con tímidas apariciones que desaparecían después, como en Mureybet, lo que hizo que, entre arqueólogos, se hable, a veces, de “Cerámica Intermitente”.

Y agotado el inciso, vamos a distinguir ahora dos fases o períodos importantes del Neolítico: Una primera que correspondería a un Neolítico Temprano (8.800 -6.800 B.C.) y otra segunda, más reciente, en la que tendrían cabida un Neolítico Medio (6.500-5.100 B.C.) y un Neolítico Tardío (5.000-4.700 B.C.).

Sobre el primero, la información más completa procede de yacimientos próximos a Nabta Playa y Bir Kiseiba; en su mayoría pequeños, y utilizados esporádicamente por cazadores-recolectores. Los de mayores tamaños, estarían siempre ubicados en las zonas bajas de lagunas temporales. Aunque estos yacimientos al parecer se utilizaban durante períodos más largos; también eran abandonados, ya que las partes bajas de las lagunas también sufrían inundaciones estacionales. El sedentarismo era aún desconocido.

Los productos líticos se caracterizan por sus numerosas hojillas de filo despuntado, con frecuencia terminadas en punta, y algunos geométricos poco comunes, así como útiles fabricados con la técnica del microburil.

Prácticamente, en cualquier conjunto fáunico del tamaño que sea, aparecen algunos huesos de ganado que, según sus excavadores, habrían sido domesticados (teoría generalmente no aceptada), ya que parece improbable que sin la ayuda humana hubiesen podido sobrevivir en un entorno árido en el que sólo los animales adaptados al desierto lo conseguían. Es especialmente significativo que los vestigios de fauna no incluyan ningún resto del antílope, animal que con frecuencia se da en los mismos nichos ecológicos que el ganado salvaje.

Parece, sin embargo, más admisible que personas que practicaban el pastoreo criasen ganado en gran escala, manteniéndolos en grandes reservas, al amparo de un entorno donde por sí mismo no hubiesen podido sobrevivir.

Antes de 7.5000 B.C., es posible que población y ganado llegasen al desierto sólo durante las lluvias estivales e inmediatamente después, lo que coincidiría con el período de inundaciones del Valle del Nilo, durante el cual habría sido difícil ejercer cualquier tipo de pastoreo.

Después de 7.500 B.C., la existencia de excavaciones de pozos se ve testimoniada en Bir Kiseiba, y en otros yacimientos. Algunos pozos presentan unos abrevaderos laterales para dar de beber al ganado.

La escasez de restos óseos de animales parece indicar que los animales no se utilizaban para la producción de carne sino más bien como proteínas procedentes de su leche o su sangre.

De esta forma, mientras la población ayudaba al ganado a sobrevivir en el Desierto Occidental, los animales garantizaban al ser humano la posibilidad de sobrevivir ellos mismos en tan duro entorno.

Además de la recolección de ganado, la población practicaba también la caza local de animales salvajes; predominantemente la liebre y la gacela dorca.

Prácticamente en todos los yacimientos del Neolítico Temprano se han encontrado equipos para su utilización con piedras de moler que se supone se usaban para el proceso de producción de alimentos a partir de plantas silvestres, pero de éstas sólo se han encontrados restos en el yacimiento E-75-6 en Nabta Playa; entre ellos, pasto silvestre, fruta Ziziphus y sorgo.

Para los menos botánicos y más matemáticos, como yo, despejémosles estas dos incógnitas:

La Ziziphus zizyphus es una de 40 especies relacionadas, y en España se le conoce como "jinjolero" o "azufaifo". Se la supone originaria del norte de África y Siria, e introducida posteriormente a la India y China donde se conoce desde hace más de 4.000 años. Es un arbusto o arbolito frutal caducifolio de la familia de las Rhamnacae.

El Sorghum, o "sorgo", es un género botánico de unas 20 especies de gramíneas oriundas de las regiones tropicales y subtropicales de África oriental. El sorgo tiene un hábito y una fisiología vegetal similar al del maíz (Zea mays) pero con un valor energético algo inferior al de éste.

Todos los yacimientos del Neolítico Temprano, incluyendo los más antiguos, nos han deparado restos de vasijas de cerámica, si bien en pequeñas cantidades. De formas muy simples, todos mostraban una delicada fabricación y cocción; y todos estaban decorados. En su mayoría, la superficie de la vasija estaba totalmente cubierta de incisiones en forma de líneas y puntos trazados, con frecuencia, bien con un peine o con trozos de cuerda que le daban un aspecto de cestería.

El uso de huevos de avestruz como recipiente de agua era más corriente que la vasija de cerámica, de ahí la escasez de cascos, lo que parece sugerir que la cerámica no se utilizaba regularmente en la vida cotidiana.

No es posible, pues, determinar cuál era la función real de la cerámica, aunque sí parece obvia su importancia social y, a la vista del tipo de decoración, su simbolismo. Sí parece fuera de toda duda que esta cerámica era una invención africana independiente.

El yacimiento E-75-6 constituye una de las localidades del Neolítico Temprano más interesantes de Nabta Playa. Esta cuenca de drenaje recibía agua suficiente para almacenar grandes cantidades subterráneas, fácilmente obtenibles para su consumo mediante pozos durante la temporada de sequía.

El yacimiento se componía de tres o cuatro filas de cabañas que posiblemente marcaban líneas de costa del lago, junto a zanjas y pozos de almacenaje. No es posible hacer una estimación del número de cabañas que en un momento dado estaban en uso. A pesar de sus dimensiones, no parece representar un lugar de asentamiento permanente.

Fue durante los dos períodos siguientes, el Medio (6.600-51.00 B.C.) y el Tardío (5.000-4.700 B.C.) cuando la ocupación humana del Desierto Occidental alcanzó su punto más alto. Ejemplos de sus yacimientos hay muchos, y los hay de grandes dimensiones y pequeños, siendo éstos una mayoría. Van siendo ya mucho más frecuentes las estructuras de pozos y viviendas, y la evidencia de construcciones a base de zarzos y barro.

Los asentamientos mayores se ubicaban bordeando el lago, y es posible que fuesen asentamientos permanentes, mientras que los pequeños fuesen sólo estancias temporales utilizadas por pastores que se dedicaban a la recolección de animales por todo el territorio, una vez pasadas las lluvias estivales.

La presencia de conchas prueba la existencia de contactos con el Valle del Nilo, así como con el Mar Rojo, aunque lo más probable es que la población permaneciese en el desierto durante todo el año.

Como ocurría en el Neolítico Temprano, el ganado doméstico se guardaba como fuente viviente de proteínas, y a pesar del hecho de que la oveja y la cabra también aparecen por vez primera durante este período (hacia 5.600 B.C.), la mayoría de la carne animal se obtenía de animales salvajes. Así que, de nuevo, se da por hecho que en esta época se consumía una gran cantidad de plantas silvestres.

En el Neolítico Medio, hubo un cambio drástico en la técnica lítica. Dejó de prevalecer la producción de láminas para ir adoptándose gradualmente la introducción de la foliación bifacial para foliaciones y puntas de flecha de base cóncava. Los geométricos, con la excepción de los de perfil de segmento de círculo, eran poco comunes.

En los yacimientos del Neolítico Tardío es frecuente encontrar conjuntos formados por piedras de amolar, espátulas y paletas de piedra amolada o pulimentada, u ornamentos que, junto a láminas con la técnica “side-blow”, son consideradas características del período.

La cerámica anterior a 5.100 B.C. cae dentro de la tradición “Saharo-Sudanesa” o “Kartumesa” similar a la cerámica del Neolítico Temprano, si bien la decoración tiende a diseños más complejos.

De alguna manera, antes de 4.900 B.C. este tipo de cerámica desaparece de forma abrupta, siendo reemplazada por cerámica quemada y pulida, ocasionalmente rematadas en negro, en Nabta Playa y Bir Kiseiba. La explicación a esta repentina transición no es tan evidente, pero su presencia en el Desierto Occidental es, no obstante, de una enorme importancia a la hora de entender el origen de las culturas predinásticas en el Valle del Nilo.

En Nabta Playa se ha descubierto un impresionante complejo megalítico, junto a un yacimiento del Neolítico Tardío, de excepcionales dimensiones. Consta de tres partes: Un alineamiento de diez grandes piedras, de 2 x 3 metros; un círculo de unos 4 metros de diámetro formado por pequeñas planchas en vertical; y dos túmulos cubiertos, coronados por una losa, uno de ellos provisto de una cámara en la parte de abajo, con restos de un toro de largas astas.

También se han encontrado otros alineamientos de megalitos de menor tamaño en otra parte de Nabta Basin. Aunque sus funciones no son evidentes, estas construcciones megalíticas vienen a representar un tipo de arquitectura pública que apuntan a una complejidad social en aumento.

En el Dakhla Oasis se han distinguido varias unidades arqueológicas cuyas fases principales se conocen como Masara, Bashendi y Sheikh. La fase Masara es contemporánea y similar al Neolítico Temprano de Nabta Playa y Bir Kiseiba. Las culturas Bashendi y Sheikh Muftah del Neolítico Medio y Tardío continuaron hasta los tiempos dinásticos. Ambas se caracterizan por el contraste de sus tipos de asentamiento con los yacimientos de Sheikh Muftah situados en correlación próxima a los sedimentos del lago, y los de Bashendi ubicados justo fuera del propio oasis, por lo que se ha sugerido que bien pueden representar dos tipos diferentes de ocupación. Así, los yacimientos de Sheikh Muftah podrían representar a moradores permanentes del oasis, mientras que los de Bashendi representarían a aquellos de corta y esporádicas estancias; muy probablemente, aquellos que ejercían el pastoreo.

A partir de 5.400 B.C., la población empieza a depender cada vez más de sus rebaños de animales domesticados, en su mayoría cabras importadas de las tierras del Levante Mediterráneo, mientras seguían practicando alguna caza.

Por Levante Mediterráneo se entiende un conjunto de países (Siria, Palestina, Líbano y Jordania) que representaban una unidad más cultural que geográfica, y cuyo significado se mueve sutilmente entre la referencia histórica y la cultural.

La tecnología lítica de la cultura Bashendi es similar a la del Neolítico Medio y Tardío con la adición de una variedad de puntas de flecha que con frecuencia presentan retoques bifaciales.

Poco antes de 4.900 B.C. se produjo en los yacimientos de Bashendi, cerámica quemada y pulida similar a fragmentos de vasija encontrados en Nabta Playa y Bir Kiseiba, mientras que la cerámica rematada de negro aparece sólo ocasionalmente en los yacimientos de Dakhla Oasis.

En el extremo sureste de Dakhla, existen algunas estructuras de piedra, pero aún no está claro hasta qué punto este oasis fue típico del Desierto Occidental, aunque su paralelismo cultural con el Valle del Nilo es evidente.

Después de 4.900 B.C., y especialmente a partir de 4.400 B.C., el desierto se fue haciendo cada vez menos inhabitable debido al inicio de un clima árido que prevalece hasta nuestros días. No obstante, ciertas zonas permanecerían ocupadas hasta tiempos históricos.

Y concluimos ya esta importante y significativa etapa con lo que nos aproximamos más al Período Predinástico. Pero no antes de dedicarle un par de “Hojas” más al Valle del Nilo, y una tercera a la Cultura Badariense.


Rafael Canales

En Benamádena-Costa, a 20 de febrero de 2009

Bibliografía:

“The Oxford History of Ancient Egypt”. Ian Shaw. Oxford University Press, 2003.
“Prehistoria”, Tomos I y II. Dra. Ana María Amilibia y otros. UNED 2001
“Historia Antigua Universal Próximo Oriente y Egipto”, Tomo I, 2ª Parte. Dra. Ana Mª Vázquez Hoys, UNED, 2001.
“Ancient Egypt. Anatomy of a Civilization”. Barry J. Kemp. Routledge, 2006.
“The Prehistoric Egypt”, W.M. Flinders Petrie, British School of Archaeology in Egypt and Egyptian Research Account, Twenty-Third Year, 1917. London, 1920.
“Diccionario de Prehistoria”, Mario Menéndez, Alfredo Jimeno y Víctor M. Fernández, Alianza Editoral. 2001.
"The British Museum"

miércoles, 7 de enero de 2009

La Prehistoria Egipcia del Paleolítico a la Cultura Badariense (700.000-4.000 A.C.) 3/8.- El Paleolítico Superior

Venus de Willendorf. Paleolítico Superior
("Pinchar" y ampliar)

EL PALEOLÍTICO SUPERIOR (50.000-24.000 B.P.)

Seguimos, en esta tercera “Hoja Suelta”, con las aportaciones que, con un lenguaje científico, directo, denso y conciso, exento de reflexiones o comentarios, y carente, pues, de pretensiones literarias, nos ofrecen los profesores Stan Hendrikx y Pierre Vermeersch, sobre este período del Antiguo Egipto, aún dentro del segundo ensayo de los quince que, como sabemos ya, consta la obra que nos viene ocupando: “The Oxford History of Ancient Egypt”. Ian Shaw. Oxford University Press, 2003.

Los yacimientos del Paleolitico Superior en Egipto son escasos pero entre ellos cabría destacar por su antigüedad el de Nazlet Khater-4, en el Egipto Medio; el más antiguo de este período.

La obtención de sílex se realizaba no sólo mediante el uso de zanjas y fosos de extracción de unos dos metros máximo de profundidad, sino también con galerías subterráneas que arrancaban de las paredes de las zanjas o del fondo de los fosos, con lo que se conseguían galerías subterráneas que cubrían zonas de hasta 10 metros cuadrados.

Restos de fuegos u hogares hallados en el relleno de las zanjas donde se desarrollaban actividades de lascado parecen sugerir que las las actividades de explotación se extendieron a lo largo del período 35.000 a 30.000 B.P., lo que haría de Nazlet Khater-4 uno de los ejemplos de actividades de explotación subterráneas más antiguos del mundo.

Los conjuntos líticos de Nazlet Khater-4 apenas mostraban ya rastro alguno de la técnica Lavallois. La producción estaba encaminada a la obtención de simples láminas a partir de núcleos de plataforma simple.

En cuanto a herramientas, podemos hablar de raspadores, buriles y denticulados, pero también de hachas y foliaciones bifaciales.

Al no haberse descubierto ningún otro yacimiento de este tipo en Egipto, es difícil determinar su incidencia en la evolución de la prehistoria egipcia.

Próximo a la mina, y obviamente asociada con ella, los excavadores descubrieron una tumba en la que el difunto había sido enterrado tendido sobre su espalda con un hacha bifacial junto a su cabeza.

La fase más antigúa siguiente fue la industria Shuwilkhatiense, de la que se da fe en varios yacimientos de las inmediaciones de Qena y Esna. El yacimiento tipo Shuwilkhat-I ha sido datado hacia 25.000 B.P.

El estudio del entorno y restos de animales muestran que el yacimiento, que en esa época estaba ubicado dentro de las llanuras sujetas a inundaciones, hizo las veces de terreno de caza y pesca.

Es muy posible que el Shuwilkhatiense coincidiese con un corto espacio de tiempo más húmedo, pero que este cambio climático no fuese tan importante como para generar una repoblación del Desierto Occidental, que permaneció vacío de ocupación humana

El Shuwilkhatiense se caracteriza por sus hojas robustas obtenidas a partir de núcleos de plataformas opuestas.

Las herramientas más comunes eran los raspadores, hojas denticuladas y buriles.

Dentro del marco en el que podemos encuadrar el Norte de África y el sudoeste de Asia, el Paleolítico Superior puede parecer más bien insular, aunque es posible que existiesen algunas conecciones con la industria Dabbense, conocida únicamente en algunos yacimientos de Libia (Haua Fteah) y la Ahmariense del sur de Israel y de Jordania.


Rafael Canales

En Benalmádena-Costa, a 9 de enero de 2009.

Bibliografía:

“The Oxford History of Ancient Egypt”. Ian Shaw. Oxford University Press, 2003.
“Prehistoria”, Tomos I y II. Dra. Ana María Amilibia y otros. UNED 2001
“Historia Antigua Universal Próximo Oriente y Egipto”, Tomo I, 2ª Parte. Dra. Ana Mª Vázquez Hoys, UNED, 2001.
“Ancient Egypt. Anatomy of a Civilization”. Barry J. Kemp. Routledge, 2006.
“The Prehistoric Egypt”, W.M. Flinders Petrie, British School of Archaeology in Egypt and Egyptian Research Account, Twenty-Third Year, 1917. London, 1920.
“Diccionario de Prehistoria”, Mario Menéndez, Alfredo Jimeno y Víctor M. Fernández, Alianza Editoral. 2001.
"The British Museum"

domingo, 4 de enero de 2009

La Prehistoria Egipcia del Paleolítico a la Cultura Badariense (700.000-4.000 A.C.) 2/8.- El Paleolítico Medio

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Puntas Bifaciales. Paleolítico Medio
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EL PALEOLÍTICO MEDIO (250.000 –70.000 B.P.)

Y con esta segunda “Hoja Suelta”, continuamos con las aportaciones que sobre este período del Antiguo Egipto nos hacen los profesores Stan Hendrikx y Pierre Vermeersch, dentro del segundo ensayo de los quince que, como ya señalé en la anterior, consta la obra que nos ocupa: “The Oxford History of Ancient Egypt”. Ian Shaw. Oxford University Press, 2003.

El Paleolítico Medio Egipcio nos presenta un panorama más bien complejo cuyo origen hay que buscarlo en el Achelense Superior, en el que las hachas se asocian con la foliación bifacial y con un método típico nubio de picado de piedra. Los conjuntos se datan hacia antes de 250.000 B.P.

Es de entender, pues, que tales yacimientos acabasen teniendo un destino final muy similar al de los Achelenses; es decir, que cualquiera podía permitirse recoger, a placer, utensilios dispersados por todo el desierto, que antaño formaron parte de un conjunto de un yacimiento hoy inexistente. Y, a juzgar por la considerable proliferación de elementos, se diría que la densidad de población tenía que haber sido alta.

El Paleolítico Medio Egipcio, como en otras muchas zonas del Viejo Continente, se caracteriza por la introducción del Método Levallois ya tratado en nuestro anterior apartado; técnica especial, ya descrita, que habría sido diseñada para obtener lascas y láminas, de dimensiones predeterminadas, del núcleo de la piedra, denominadas “levallois”, caracterizadas por la dirección centrípeta de las aristas dorsales y por el talón facetado.

Además del procedimiento Levallois clásico, se empezó a trabajar el método Levallois nubio de picado para la producción de puntas líticas. En el Paleolítico Medio Egipcio se pueden distinguir varios tipos de útiles, si bien su cronología no es aún clara, pero investigaciones llevadas a cabo en el desierto occidental y en la zona de Qena nos han proporcionado ciertas pistas.

El Paleolítico Medio Nubio se caracteriza por la técnica Levallois nubía y por la foliación bifacial, o estructura en láminas, propia de las rocas metamórficas, y por las lascas con retoques en péndulo, evidentes en diversos yacimientos encontrados en Nubia, que si bien también existen en Egipto carecen de un estado de conservación aceptable.

Últimamente se ha desvelada una información relacionada con un período de mediados del Paleolítico Medio, sobre unas recientes excavaciones realizadas en Bir Tarfawi y Bir Sahara, en el Desierto Occidental, donde se han encontrado yacimientos, en muy buen estado de conservación, pertenecientes al Musteriense Sahariano. Parece evidente que la accesibilidad a dichos yacimientos en esta zona sólo era posible durante determinados épocas húmedas, cortas y puntuales, en un clima seco.

Se conoce la existencia en el Desierto Occidental durante la mayoría de los períodos de ocupación, e incluso durante ciertas épocas, de numerosos lagos y playas artificiales alimentadas de agua de lluvia de hasta 500 mm/año cuya profundidad, durante algunas fases, podía llegar a alcanzar los 7 metros; zona que eventualmente sería abandonada durante los períodos de extrema aridez. En cuanto a útiles, los más representativos eran los raspadores, las puntas líticas y los denticulados.

El entorno de las playas y lagos era, muy probablemente, rico en recursos florales que podían ser fácilmente explotados, pero de los que carecemos evidencias arqueológicas.

En cuanto a los fáunicos que eran explotados por el pueblo, parece que consistían en la liebre, el puercoespín y el gato salvaje, en un extremo de espectro dimensional; y el búfalo, el rinoceronte y la jirafa, en el extremo opuesto.

También estaban también las gacelas, principalmente la Gacela Dorcas (gazella dorcas), hoy en peligro de extinción, especialmente adaptada al hábitat donde se distribuye: Los desiertos del Norte de África desde Egipto hasta el Sahara Occidental.

La presencia de estos animales hace sugerir que la caza de pequeñas gacelas podría haber estado combinada, quizás de forma estacional, con la caza mayor.

Las aparentes discrepancias de contenido de diferentes escenarios pueden reflejar una variante en las actividades llevadas a cabo en diferentes yacimientos. Los ubicados en suelos hidromórficos fósiles caracterizados por una densidad baja en artefactos, indicarían un uso limitado, aunque probablemente sólo durante fases cortas; e incluso sólo en años muy secos.

Los yacimientos enclavados en arena de playa, eran accesibles durante una buena parte del año, pero probablemente no durante las estaciones de aguas altas; probablemente en verano.

Los yacimientos asociados con el fondo de lagos secos, reflejan episodios áridos inusuales; de cuando los lagos se secaron y sus lechos quedaron expuestos.

La cueva de Sodmein, cerca de Quseir, en las montañas del Mar Rojo, ha puesto en evidencia la existencia de condiciones de humedad similares durante mediados del Paleolítico Medio, con la presencia de cocodrilos, elefantes, búfalos, antílopes, y otros mamíferos de gran tamaño. La cueva habría sido visitada durante bastante tiempo, pero siempre en períodos cortos, y en los que con frecuencia se habrían encendido grandes hogares.

En algunos puntos de extracción, tales como el de Nazle Safaha, cerca de Qena, se ha recuperado material de las postrimerías del Paleolítico Medio junto a artefactos Halfan y Stafahan (Lavallois Idfuan), así como en otros lugares habitados próximos a Edfu, si bien la industria Halfan estuvo localizada en Nubia.

En comparación con el temprano Paleolítico Medio, la técnica Levallois nubia fue desapareciendo y, aparte de la producción de lascas y láminas de núcleos de plataforma doble y sencilla, solamente se utilizó una Levallois clásica, evolucionada para la producción de lascas Levallois delgadas. En los lugares habitados, se utilizaban buriles, denticulados y diversos útiles para hacer muescas.

Mientras tanto, el clima iba cambiando de árido a árido extremo, de forma que esta evolución climatológica acabó cambiando las condiciones de vida drásticamente, de manera que la fuente de alimentación quedó ahora restringida a los llanos sujetos a inundaciones, lo que obligó al pueblo del Sahara a abandonar la región propiciando así una gran concentración humana en el Valle del Nilo.

Durante el último período del Paleolítico Medio, (el Taramsan), se inicia una tendencia a producir láminas a partir de núcleos grandes de forma que, mediante un proceso continuado de producción de láminas, en vez de obtener unas pocas lascas Levallois individualmente de cada núcleo, se conseguía un número considerable de láminas de cada núcleo.

En Taramsa-I, un impresionante yacimiento de extracción y producción cerca de Qena, se ha podido comprobar el creciente interés que existía en la producción de láminas, sistema éste que acabó generalizándose durante el Paleolítico Superior.

Conjuntos similares han sido identificados en el Nerev, donde la transición del lascado Levallos a la producción de láminas ha sido bien documentada en el yacimiento de Boker Tachtit como de hacia el 45.000 B.P.
En Taramsa-I, se ha encontrado la sepultura de un niño, “anatómicamente moderno”, que ha sido asociada al Paleolítico Medio Tardío. Se trata, posiblemente, de la tumba más antigua de todo África.

Las técnicas empleadas en los lugares de extracción eran sencillas pero bien adaptadas a la existencia natural de sílex. Los guijarros se extraían de los depósitos de las terrazas utilizando un sistema de fosos y zanjas con profundidades que no excedían los 1’7 metros.

Sólo la parte superior de la terraza se explotaba, y los fosos y zanjas se caracterizaban por su irregular planimetría, con abundantes tentáculos y protuberancias.

Tenían paredes verticales, con recesos menores, y una anchura que variaba de entre un metro y casi dos. Al no estar el fondo del depósito de sílex excesivamente consolidado, sólo se requería el uso de herramientas sencillas.

Las depresiones en las zanjas se utilizaban, con frecuencia, como talleres para la fabricación de productos.

La extracción llegó a estar tan extendida, que en ciertas localidades, como en Qena, llegó a abarcar muchos kilómetros cuadrados.

La búsqueda de sílex de buena calidad, y la fabricación de herramientas especiales, nos dan una idea de la compleja organización de los habitantes del Valle del Nilo en esa época.

También nos indica que los seres humanos del Paleolítico Medio no sólo gozaban de la capacidad del razonamiento tridimensional, sino que también habían desarrollado un conocimiento de geología y geomorfología.

Si la teoría de los orígenes africanos del ser humano es cierta, teoría que aún hoy sigue siendo cuestionada por alunos antropólogos, el anatómicamente moderno Homo Sapiens tiene que haber cruzado también el Valle del Nilo en su paso del África Oriental hacia Asia.

No obstante, todavía no está claro si los datos arqueológicos nos pueden confirmar que existían similitudes entre el Paleolítico Medio en Egipto y el del sudoeste de Asia.

Y, finalmente, cabe señalar que la industria Ateriense, industria del Paleolítico Medio en África y Sahara, tan importante para el resto del Norte de África, sólo se encuentra hoy en algunos oasis del Desierto Occidental.

Rafael Canales

En Benalmádena-Costa, a 7 de enero de 2009.

Bibliografía:

“The Oxford History of Ancient Egypt”. Ian Shaw. Oxford University Press, 2003.
“Prehistoria”, Tomos I y II. Dra. Ana María Amilibia y otros. UNED 2001
“Historia Antigua Universal. Próximo Oriente y Egipto”, Tomo I, 2ª Parte. Dra. Ana Mª Vázquez Hoys, UNED, 2001.
“Ancient Egypt. Anatomy of a Civilization”. Barry J. Kemp. Routledge, 2006.
“The Prehistoric Egypt”, W.M. Flinders Petrie, British School of Archaeology in Egypt and Egyptian Research Account, Twenty-Third Year, 1917. London, 1920.
“Diccionario de Prehistoria”, Mario Menéndez, Alfredo Jimeno y Víctor M. Fernández, Alianza Editoral. 2001.