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jueves, 19 de febrero de 2009

La Prehistoria Egipcia del Paleolítico a la Cultura Badariense (700.000-4.000 A.C.) 6/8.- El Epipaleolítico en el Valle del Nilo



Faiyum. Desierto Occidental. 5000 A.C.
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EL EPIPALEOLÍTICO EN EL VALLE DEL NILO (10.000-7.000 B.P.)
E iniciamos esta nueva “Hoja Suelta”, sexta ya, con el primero de los dos trabajos que vamos a dedicar al Valle del Nilo: El Epipaleolítico.

A partir de 7.000 B.C., grupos de seres humanos hacen de nuevo acto de presencia en el Valle del Nilo.

Si bien el número de yacimientos del Epipaleolítico es muy limitado y se han descubierto en circunstancias excepcionales es por ello por lo que sólo podamos distinguir dos culturas: la Elkabiense y la Qaruniense.
Durante este período, el estilo de subsistencia del Paleolítico, basado en la caza, la pesca y la recolección, prevalece.

En la localidad que da nombre a su cultura, Elkab, se han encontrado unos cuantos yacimientos pequeños de hacia 7.000-6.700 B.C. en excepcionales condiciones de conservación, debido en parte a su ubicación dentro de los muros que rodean a un recinto pre-dinástico mucho más reciente.

Los yacimientos se localizaron en las orillas de un ramal obstruido por los sedimentos cuya ocupación habría sido posterior a las inundaciones de la llanura.

El desarrollo de la pesca en el Epipaleolítico habría sido muy superior al del Paleolítico Tardío. De hecho se pescaba no ya en las altas aguas de retroceso, sino en el propio caudal del Nilo, lo que hace pensar que para entonces la población estaría utilizando embarcaciones con un cierto grado de estabilidad.

Debido a que el clima era ya más húmedo y benigno, era posible la caza en el “wadi” de la gacela dorca, la oveja bereber y el uro (Bos Primigenius).

La cultura Elkabiense es microlítica e incluye un número considerable de microburiles, por lo que es fácilmente comparable con la del Neolítico Temprano del Desierto Occidental.

La presencia de numerosas piedras de moler no puede considerarse como prueba de la existencia de una técnica o procedimiento para procesar plantas por el sólo hecho de que el pigmento rojo aparezca visible en cierto número de ellas.

La presencia de una ocupación Elkabiense en el yacimiento de Tree Shelter, en Wadi Sodmein, cerca de Quseir, en el Desierto Oriental, parece indicar que los Elkabienses podrían haber sido cazadores nómadas a los que las rutas este-oeste les llevaría a la caza y pesca en el Valle del Nilo, y a la explotación del desierto durante el verano.

La cultura Qaruniense es un renombre de la cultura Faiyum B que Caton-Thompson atribuyó al Mesolítico.

A modo de inciso, y brevemente, ampliemos que Gertrude Caton-Thompson fue una arqueóloga inglesa, discípula de Flinders Petrie en el University College, London, que excavó en Abidos y Oxyrhynchus, y en otros yacimientos de Oriente Medio, Egipto y África meridional.

Los yacimientos Qarunienses de hacia 7.050 B.C., originalmente ubicados en las tierras altas que dominaban el Lago Proto-Moeris, se han identificado en las zonas norte y este del actual lago Faiyum. La historia del Holoceno de este lago apunta a una serie de fluctuaciones que son de gran importancia para entender la ocupación humana de los alrededor del lago. Se sabe de tres transgresiones que precedieron al Neolítico que corresponden a otros tantos sumergimientos de tierra causados por una crecida del nivel del mar.

En la fase Qaruniense, las condiciones de pesca llegaron a ser excepcionalmente buenas en las aguas bajas del lago, por lo que no sorprende que la pesca constituyese la base de la subsistencia humana. A esto, habría que añadirle la caza y la recolección.

También la cultura Qaruniense era microlítica, por lo que encaja con el contexto tecnológico general del Elkabiense y del Neolítico Temprano del Desierto Occidental.

Sólo se conoce un enterramiento de la Qaruniense. Se trata del cuerpo de una mujer de unos 40 años, en posición ligeramente contraída, reposando sobre su lado izquierdo, la cabeza hacia el este, y mirando al sur. Sus características físicas son mucho más modernas que las de los “Mechtoids” del Paleolítico Tardío.

Sin duda, nuestros mentores belgas se están refiriendo al tipo humano Mechta, mechtoide o Mechta-Afalou. El nombre procede del yacimiento Mechta-El-Arbi (Argelia), y por sus características físicas (disarmonía cráneo-facial, órbitas rectangulares, gran estatura, etc.) se le relaciona con el Cro-Magnon europeo, aunque su origen parece ser local a partir de los restos aterienses.

La presencia de industrias microlíticas en las proximidades de Helwan es conocida desde el siglo diecinueve, con claras similitudes con el Neolítico Pre-Cerámico del “Levant”, o Levante Mediterráneo, si bien el propósito real de estas industrias es desconocido, y no puede determinarse debido a la escasez de información de que se dispone.

También se sabe de la existencia de asentamientos en el Desierto Oriental y en el Mar Rojo. Según se evidencia en la Sodmein Cave, cerca de Quseir, estos colonos habrían sido responsables de la introducción de ovejas y/o cabras domesticadas durante la primera mitad del sexto milenio B.C.

Y con esta sexta “Hoja Suelta” acabamos esta breve incursión en el Epipaleolítico del Valle del Nilo en la que se han introducido sólo breves aclaraciones o notas ampliatorias de indudable interés no sólo para el lector, sino también para el redactor.

Rafael Canales

En Benalmádena-Costa, a 21 de febrero de 2009.

Bibliografía:

“The Oxford History of Ancient Egypt”. Ian Shaw. Oxford University Press, 2003.
“Prehistoria”, Tomos I y II. Dra. Ana María Amilibia y otros. UNED 2001
“Historia Antigua Universal Próximo Oriente y Egipto”, Tomo I, 2ª Parte. Dra. Ana Mª Vázquez Hoys, UNED, 2001.
“Ancient Egypt. Anatomy of a Civilization”. Barry J. Kemp. Routledge, 2006.
“The Prehistoric Egypt”, W.M. Flinders Petrie, British School of Archaeology in Egypt and Egyptian Research Account, Twenty-Third Year, 1917. London, 1920.
“Diccionario de Prehistoria”, Mario Menéndez, Alfredo Jimeno y Víctor M. Fernández, Alianza Editoral. 2001.
“The British Museum”

jueves, 5 de febrero de 2009

La Prehistoria Egipcia del Paleolítico a la Cultura Badariense (700.000-4.000 A.C.) 5/8.- El Neolítico Sahariano o "Cultura Cerámica"

Cerámia del Período Neolítico




Cerámica Neolítica de Faiyum
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A MODO DE PREÁMBULO

Y seguimos, dentro del segundo ensayo que nos ocupa, de nuevo de la mano de nuestros maestros belgas, en esta quinta “Hoja Suelta” a modo de entrega, cada vez menos “hoja” y menos “suelta”, en la que, de nuevo, nos veremos obligados a ceñirnos fielmente al ya de por sí denso, árido y escueto texto original.

Debo, sin embargo, admitir mis ansias porque estos cuantos miles de años que me quedan de semi-oscuridad hasta ver la luz del Período Dinástico pasen fugazmente y entremos así en tópicos más afines a nuestros intereses y más asequibles a nuestras mentes mundanas.

Espero, eso sí, tener, o en su defecto, buscar, la oportunidad de animar el texto con las aportaciones, aclaraciones y/o comentarios pertinentes que nos faciliten el camino.

Voy a empezar, a modo de introducción, haciendo referencia a un artículo publicado en la “African Archaeological Review” de fecha 15 de septiembre de 2005, titulado “The east African Neolithic: An alternative view”.

Este artículo, como su título indica, ofrece una interpretación alternativa al fenómeno del Neolítico africano que tradicionalmente ha sido atribuido a la migración de la población productora de alimentos desde Sudán y Etiopía vía norte de Kenia.

Han sido muchos los intentos por reconstruir las rutas, e incluso por establecer su identidad lingüística y/o étnica; intentos que han considerado la cerámica neolítica o "wares" como unas puras y discretas entidades culturales correlacionadas con específicos grupos lingüísticos y/o étnicos.

El principal problema, se argumenta, es que con este enfoque simplista se minimiza el impacto que el contacto y el intercambio comercial haya tenido en el cambio cultural. E incluso, se niega a los grupos en cuestión el dinamismo que parece haber caracterizado las relaciones entre ellos mismos, y de ellos con su entorno.

La alternativa que se ofrece aquí consiste en considerar que las similitudes y diferencias que se esgrimen al definir los “wares”, o la cerámica en cuestión, son reflejos de la dinámicas relaciones existentes entre la población responsable de la producción y la del consumo. Producción y consumo que, de cualquier modo, habría existido entre individuos que viviesen en una misma zona, o en poblados diferentes, e incluso en comunidades tan distantes como el Rift Central o el Lago Victoria.

Y tomado esto como entrada o aperitivo que nos abra nuestro voraz e inquisitivo apetito mientras meditamos, pasamos ahora al plato fuerte de este menú prehistórico: El Neolítico Sahariano o "Cultura Cerámica".

EL NEOLÍTICO SAHARIANO O "CULTURA CERÁMICA"

Hacia finales del Paleolítico Medio, el Desierto Occidental se abandona y la población no regresa hasta alrededor de 9.300 B.C. coincidiendo con la fase húmeda del Holoceno lo que, en cierto modo, acaba favoreciendo las condiciones arqueológicas de conservación ante la inexistencia de presencia humana justo antes del Neolítico Superior e, incluso, después de este período.

El promedio anual de lluvia a comienzos del Holoceno sólo alcanzaba entre 100 y 200 mm. y esto, muy posiblemente, sólo durante una corta temporada estival, por lo que es probable que sólo animales adaptados a las condiciones del desierto, como era el caso de la liebre y la gacela, pudiesen vivir.

Sin embargo, todo ello representó una considerable mejora en las condiciones de vida en comparación con las correspondientes del Paleolítico Superior y del Paleolítico Final.

Aunque la lluvia no representaba un fenómeno continuado, los intervalos de aridez son de gran importancia para la diferenciación cronológica. La pluviosidad venía originada por el desplazamiento hacia el norte del cinturón monzónico; así que la repoblación del desierto occidental tuvo que venir del sur. Es probable que los colonos procediesen del Valle del Nilo, dada la ausencia de otras posibilidades, pero también por similitudes con la tecnología lítica de otros yacimientos del Valle del Nilo nubio.

En Egipto, las culturas “neolíticas” más tempranas emergen en el Desierto Occidental, si bien habría que dejar bien claro desde un principio que aún no existen testimonios de algún tipo de agricultura en el Neolítico sahariano. Su identificación como “neolítica” ha sido basada puramente en la evidencia de rebaños de ganado.

Así que, el Neolítico Sahariano es, por lo tanto, totalmente diferente de la cultura neolítica que emerge aproximadamente en la misma época en Israel, donde la expresión “Economía Neolítica” es sinónimo del proceso por el que se introduce la agricultura, a la que más tarde se unió la domesticación animal; muy probablemente, el proceso de “neolitización” que tuvo lugar en Egipto fue completamente independiente del de Israel.

Y, precisamente, por la ausencia de algún vestigio de agricultura y la presencia de algo de cerámica, se ha acuñado el término “Cultura Cerámica” aplicado a esta cultura sahariana frente al de “Neolítico Sahariano”.

INCISO EX PROFESO

Y esta dicotomía agricultura-cerámica me revierte a unos párrafos de la Doctora Vázquez Hoys (Historia Antigua Universal, Tomo I, 1ª Parte, páginas 83-84) que, a modo de inciso, me voy a permitir comentar.

En referencia a la cerámica, dice: “Nunca se conocerán las etapas más antiguas de esta conquista, pero se puede pensar que las primeras cocciones ocurrieron en el hogar familiar y que consistieron en pequeñas figurillas de tierra, o pequeños objetos groseramente modelados como los que se encuentran en Mereybet”.

El párrafo que le sigue es muy esclarecedor:

“Hasta hace poco tiempo, cerámica y agricultura definían el Neolítico. Pero las excavaciones de K. Kenyon en Jericó han evidenciado, hace ya cuarenta años, que la cerámica no apareció hasta el año 6.000 aproximadamente, mientras que las técnicas alimentarias de producción eran habituales desde hacía tiempo. Se introdujo entonces la expresión "Neolítico Precerámico" para designar al primer período (PPN A o B, correspondiente a Pre-Pottery Neolithic A o B)”. Estas dos fases, A y B, se conocen también como Sultaniense y Tahuniense, respectivamente".

"Pero posteriores excavaciones hicieron la realidad aún más compleja ya que, al parecer, una larga fase precedió a la adopción de esta técnica en todo el Oriente Próximo al principio del VI milenio, con tímidas apariciones que desaparecían después, como en Mureybet, lo que hizo que, entre arqueólogos, se hable, a veces, de “Cerámica Intermitente”.

Y agotado el inciso, vamos a distinguir ahora dos fases o períodos importantes del Neolítico: Una primera que correspondería a un Neolítico Temprano (8.800 -6.800 B.C.) y otra segunda, más reciente, en la que tendrían cabida un Neolítico Medio (6.500-5.100 B.C.) y un Neolítico Tardío (5.000-4.700 B.C.).

Sobre el primero, la información más completa procede de yacimientos próximos a Nabta Playa y Bir Kiseiba; en su mayoría pequeños, y utilizados esporádicamente por cazadores-recolectores. Los de mayores tamaños, estarían siempre ubicados en las zonas bajas de lagunas temporales. Aunque estos yacimientos al parecer se utilizaban durante períodos más largos; también eran abandonados, ya que las partes bajas de las lagunas también sufrían inundaciones estacionales. El sedentarismo era aún desconocido.

Los productos líticos se caracterizan por sus numerosas hojillas de filo despuntado, con frecuencia terminadas en punta, y algunos geométricos poco comunes, así como útiles fabricados con la técnica del microburil.

Prácticamente, en cualquier conjunto fáunico del tamaño que sea, aparecen algunos huesos de ganado que, según sus excavadores, habrían sido domesticados (teoría generalmente no aceptada), ya que parece improbable que sin la ayuda humana hubiesen podido sobrevivir en un entorno árido en el que sólo los animales adaptados al desierto lo conseguían. Es especialmente significativo que los vestigios de fauna no incluyan ningún resto del antílope, animal que con frecuencia se da en los mismos nichos ecológicos que el ganado salvaje.

Parece, sin embargo, más admisible que personas que practicaban el pastoreo criasen ganado en gran escala, manteniéndolos en grandes reservas, al amparo de un entorno donde por sí mismo no hubiesen podido sobrevivir.

Antes de 7.5000 B.C., es posible que población y ganado llegasen al desierto sólo durante las lluvias estivales e inmediatamente después, lo que coincidiría con el período de inundaciones del Valle del Nilo, durante el cual habría sido difícil ejercer cualquier tipo de pastoreo.

Después de 7.500 B.C., la existencia de excavaciones de pozos se ve testimoniada en Bir Kiseiba, y en otros yacimientos. Algunos pozos presentan unos abrevaderos laterales para dar de beber al ganado.

La escasez de restos óseos de animales parece indicar que los animales no se utilizaban para la producción de carne sino más bien como proteínas procedentes de su leche o su sangre.

De esta forma, mientras la población ayudaba al ganado a sobrevivir en el Desierto Occidental, los animales garantizaban al ser humano la posibilidad de sobrevivir ellos mismos en tan duro entorno.

Además de la recolección de ganado, la población practicaba también la caza local de animales salvajes; predominantemente la liebre y la gacela dorca.

Prácticamente en todos los yacimientos del Neolítico Temprano se han encontrado equipos para su utilización con piedras de moler que se supone se usaban para el proceso de producción de alimentos a partir de plantas silvestres, pero de éstas sólo se han encontrados restos en el yacimiento E-75-6 en Nabta Playa; entre ellos, pasto silvestre, fruta Ziziphus y sorgo.

Para los menos botánicos y más matemáticos, como yo, despejémosles estas dos incógnitas:

La Ziziphus zizyphus es una de 40 especies relacionadas, y en España se le conoce como "jinjolero" o "azufaifo". Se la supone originaria del norte de África y Siria, e introducida posteriormente a la India y China donde se conoce desde hace más de 4.000 años. Es un arbusto o arbolito frutal caducifolio de la familia de las Rhamnacae.

El Sorghum, o "sorgo", es un género botánico de unas 20 especies de gramíneas oriundas de las regiones tropicales y subtropicales de África oriental. El sorgo tiene un hábito y una fisiología vegetal similar al del maíz (Zea mays) pero con un valor energético algo inferior al de éste.

Todos los yacimientos del Neolítico Temprano, incluyendo los más antiguos, nos han deparado restos de vasijas de cerámica, si bien en pequeñas cantidades. De formas muy simples, todos mostraban una delicada fabricación y cocción; y todos estaban decorados. En su mayoría, la superficie de la vasija estaba totalmente cubierta de incisiones en forma de líneas y puntos trazados, con frecuencia, bien con un peine o con trozos de cuerda que le daban un aspecto de cestería.

El uso de huevos de avestruz como recipiente de agua era más corriente que la vasija de cerámica, de ahí la escasez de cascos, lo que parece sugerir que la cerámica no se utilizaba regularmente en la vida cotidiana.

No es posible, pues, determinar cuál era la función real de la cerámica, aunque sí parece obvia su importancia social y, a la vista del tipo de decoración, su simbolismo. Sí parece fuera de toda duda que esta cerámica era una invención africana independiente.

El yacimiento E-75-6 constituye una de las localidades del Neolítico Temprano más interesantes de Nabta Playa. Esta cuenca de drenaje recibía agua suficiente para almacenar grandes cantidades subterráneas, fácilmente obtenibles para su consumo mediante pozos durante la temporada de sequía.

El yacimiento se componía de tres o cuatro filas de cabañas que posiblemente marcaban líneas de costa del lago, junto a zanjas y pozos de almacenaje. No es posible hacer una estimación del número de cabañas que en un momento dado estaban en uso. A pesar de sus dimensiones, no parece representar un lugar de asentamiento permanente.

Fue durante los dos períodos siguientes, el Medio (6.600-51.00 B.C.) y el Tardío (5.000-4.700 B.C.) cuando la ocupación humana del Desierto Occidental alcanzó su punto más alto. Ejemplos de sus yacimientos hay muchos, y los hay de grandes dimensiones y pequeños, siendo éstos una mayoría. Van siendo ya mucho más frecuentes las estructuras de pozos y viviendas, y la evidencia de construcciones a base de zarzos y barro.

Los asentamientos mayores se ubicaban bordeando el lago, y es posible que fuesen asentamientos permanentes, mientras que los pequeños fuesen sólo estancias temporales utilizadas por pastores que se dedicaban a la recolección de animales por todo el territorio, una vez pasadas las lluvias estivales.

La presencia de conchas prueba la existencia de contactos con el Valle del Nilo, así como con el Mar Rojo, aunque lo más probable es que la población permaneciese en el desierto durante todo el año.

Como ocurría en el Neolítico Temprano, el ganado doméstico se guardaba como fuente viviente de proteínas, y a pesar del hecho de que la oveja y la cabra también aparecen por vez primera durante este período (hacia 5.600 B.C.), la mayoría de la carne animal se obtenía de animales salvajes. Así que, de nuevo, se da por hecho que en esta época se consumía una gran cantidad de plantas silvestres.

En el Neolítico Medio, hubo un cambio drástico en la técnica lítica. Dejó de prevalecer la producción de láminas para ir adoptándose gradualmente la introducción de la foliación bifacial para foliaciones y puntas de flecha de base cóncava. Los geométricos, con la excepción de los de perfil de segmento de círculo, eran poco comunes.

En los yacimientos del Neolítico Tardío es frecuente encontrar conjuntos formados por piedras de amolar, espátulas y paletas de piedra amolada o pulimentada, u ornamentos que, junto a láminas con la técnica “side-blow”, son consideradas características del período.

La cerámica anterior a 5.100 B.C. cae dentro de la tradición “Saharo-Sudanesa” o “Kartumesa” similar a la cerámica del Neolítico Temprano, si bien la decoración tiende a diseños más complejos.

De alguna manera, antes de 4.900 B.C. este tipo de cerámica desaparece de forma abrupta, siendo reemplazada por cerámica quemada y pulida, ocasionalmente rematadas en negro, en Nabta Playa y Bir Kiseiba. La explicación a esta repentina transición no es tan evidente, pero su presencia en el Desierto Occidental es, no obstante, de una enorme importancia a la hora de entender el origen de las culturas predinásticas en el Valle del Nilo.

En Nabta Playa se ha descubierto un impresionante complejo megalítico, junto a un yacimiento del Neolítico Tardío, de excepcionales dimensiones. Consta de tres partes: Un alineamiento de diez grandes piedras, de 2 x 3 metros; un círculo de unos 4 metros de diámetro formado por pequeñas planchas en vertical; y dos túmulos cubiertos, coronados por una losa, uno de ellos provisto de una cámara en la parte de abajo, con restos de un toro de largas astas.

También se han encontrado otros alineamientos de megalitos de menor tamaño en otra parte de Nabta Basin. Aunque sus funciones no son evidentes, estas construcciones megalíticas vienen a representar un tipo de arquitectura pública que apuntan a una complejidad social en aumento.

En el Dakhla Oasis se han distinguido varias unidades arqueológicas cuyas fases principales se conocen como Masara, Bashendi y Sheikh. La fase Masara es contemporánea y similar al Neolítico Temprano de Nabta Playa y Bir Kiseiba. Las culturas Bashendi y Sheikh Muftah del Neolítico Medio y Tardío continuaron hasta los tiempos dinásticos. Ambas se caracterizan por el contraste de sus tipos de asentamiento con los yacimientos de Sheikh Muftah situados en correlación próxima a los sedimentos del lago, y los de Bashendi ubicados justo fuera del propio oasis, por lo que se ha sugerido que bien pueden representar dos tipos diferentes de ocupación. Así, los yacimientos de Sheikh Muftah podrían representar a moradores permanentes del oasis, mientras que los de Bashendi representarían a aquellos de corta y esporádicas estancias; muy probablemente, aquellos que ejercían el pastoreo.

A partir de 5.400 B.C., la población empieza a depender cada vez más de sus rebaños de animales domesticados, en su mayoría cabras importadas de las tierras del Levante Mediterráneo, mientras seguían practicando alguna caza.

Por Levante Mediterráneo se entiende un conjunto de países (Siria, Palestina, Líbano y Jordania) que representaban una unidad más cultural que geográfica, y cuyo significado se mueve sutilmente entre la referencia histórica y la cultural.

La tecnología lítica de la cultura Bashendi es similar a la del Neolítico Medio y Tardío con la adición de una variedad de puntas de flecha que con frecuencia presentan retoques bifaciales.

Poco antes de 4.900 B.C. se produjo en los yacimientos de Bashendi, cerámica quemada y pulida similar a fragmentos de vasija encontrados en Nabta Playa y Bir Kiseiba, mientras que la cerámica rematada de negro aparece sólo ocasionalmente en los yacimientos de Dakhla Oasis.

En el extremo sureste de Dakhla, existen algunas estructuras de piedra, pero aún no está claro hasta qué punto este oasis fue típico del Desierto Occidental, aunque su paralelismo cultural con el Valle del Nilo es evidente.

Después de 4.900 B.C., y especialmente a partir de 4.400 B.C., el desierto se fue haciendo cada vez menos inhabitable debido al inicio de un clima árido que prevalece hasta nuestros días. No obstante, ciertas zonas permanecerían ocupadas hasta tiempos históricos.

Y concluimos ya esta importante y significativa etapa con lo que nos aproximamos más al Período Predinástico. Pero no antes de dedicarle un par de “Hojas” más al Valle del Nilo, y una tercera a la Cultura Badariense.


Rafael Canales

En Benamádena-Costa, a 20 de febrero de 2009

Bibliografía:

“The Oxford History of Ancient Egypt”. Ian Shaw. Oxford University Press, 2003.
“Prehistoria”, Tomos I y II. Dra. Ana María Amilibia y otros. UNED 2001
“Historia Antigua Universal Próximo Oriente y Egipto”, Tomo I, 2ª Parte. Dra. Ana Mª Vázquez Hoys, UNED, 2001.
“Ancient Egypt. Anatomy of a Civilization”. Barry J. Kemp. Routledge, 2006.
“The Prehistoric Egypt”, W.M. Flinders Petrie, British School of Archaeology in Egypt and Egyptian Research Account, Twenty-Third Year, 1917. London, 1920.
“Diccionario de Prehistoria”, Mario Menéndez, Alfredo Jimeno y Víctor M. Fernández, Alianza Editoral. 2001.
"The British Museum"

sábado, 10 de enero de 2009

La Prehistoria Egipcia del Paleolítico a la Cultura Badariense (700.000-4.000 A.C.) 4/8.- El Paleolítico Superior Final


Hacha del Paleolitico Superior Final
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EL PALEOLÍTICO SUPERIOR FINAL (24.000-10.000 B.P.)


En esta cuarta “Hoja Suelta” del segundo ensayo, seguimos de la mano de los egiptólogos belgas Hendrikx y Vermeersch, mientras nos adentramos en la fase final del Paleolítico en la que, contrariamente al Paleolítico Superior, han sido muchos los yacimientos encontrados en el Alto Egipto datados entre 21.000 y 12.000 B.P.

Consideremos primero las condiciones ambientales del período que nos ocupa.

Durante la fase final del Paleolítico Superior, el clima continuó siendo extremadamente árido, mientras el río Nilo por una parte reducía su caudal y por otra incrementaba de forma considerable los depósitos de arcilla a consecuencia de la aridez de su cabecera y la no menos importante actividad erosionante de los últimos fríos glaciales que afectaron a las tierras altas de Etiopía. La arcilla se acabó depositando en el Valle del Nilo cubriendo el Alto Egipto de un grueso aluvión que propició las inundaciones de la llanura que, en el caso de Nubia, llegó a alcanzar una altura de entre 25 y 30 metros superior a la actual.

No parece haber evidencia de la existencia de yacimientos asignados al Paleolítico Superior Final en zonas del Egipto Medio o del Bajo Egipto; al parecer por estar esta parte del Valle del Nilo cortada a más profundidad debido al bajo nivel alcanzado por las aguas del Mar Mediterráneo de poco más de 100 metros por debajo de su nivel actual. El resultado fue la aparición de una erosión regresiva a lo largo del Nilo que propició la formación de una superficie, que fue cubriéndose de aluviones posteriores, que ocultaron así los yacimientos a los ojos de los arqueólogos.

Es un hecho la gran variedad tipológica existente entre los diferentes yacimientos del Paleolítico Superior Final, de ahí que nuestro limitado conocimiento del Paleolítico Superior dificulte aún más la tarea de determinar los orígenes de esta fase final del Paleolítico.

Entre los diferentes grupos, cabe destacar las dos industrias más antiguas. A saber: La Fakhuriense (21.000-19.500 B.P.), que actualmente se la identifica como una fase inicial de la Kubbaniyense (19.000-17.000 B.P.), y esta última, relacionada con la Halfiense (19.500-17.500 B.P.) de Nubia y sur de Egipto.

Aunque la Kubbaniense tiene su origen en el Wadi Kubbaniya, cerca de Aswan, se han encontrado yacimientos en otros lugares como Esna y Edfu. En Wadi Kubbaniya, los yacimientos aparecen en tres lugares fisiográficamente distintos que se relacionan con el bloqueo anual de una laguna que, de forma temporal, se formaba durante las inundaciones del Nilo al ser taponada la boca del “wadi” (valle) por una duna de gran tamaño, que eventualmente crecería de tamaño bloqueando así el wadi por completo, con lo que la laguna acabaría abasteciéndose de su propia capa freática. El entorno así creado se convertía en un lugar idílico para cazadores-recolectores.

Así que los yacimientos se encuentran situados unos, en campos de dunas que ocasionalmente se anegaban con las inundaciones; otros, en las llanas zonas de limo del wadi; y otros, en montículos de dunas de fósiles situados en terrenos llanos junto a la boca del wadi, que acababan rodeadas de agua durante las inundaciones.

Una gran mayoría de los yacimientos de Wadi Kubbaniya surgieron de su frecuente utilización por parte de pequeños grupos de gente; quizás varias veces al año, durante largas temporadas.

Los restos florales encontrados son típicamente estacionales, por lo que parte de la dieta debe haber consistido en plantas comestibles, en especial las ciperáceas (Cyperaceae), aunque sorprende la ingestión de sus pequeños tubérculos, parecidos a bellotas, ya que para hacerlos comestibles habría sido necesario molerlos a fin eliminar las toxinas y romper su fibra. Esto podría explicar la existencia del gran número de piedras de moler encontradas en Wadi Kubbaniya.

Las ciperáceas son monocotiledóneas parecidas a los pastos; muchas de ellas se polinizan por vientos. Emparentadas a los juncos pueden, como éstos, ser confundidas con las gramíneas, si bien carecen de lígula, sus hojas son bifaciales, trísticas (raramente dísticas), y sus vainas cerradas. Su fruto consiste en una núcula, o fruto seco indehiscente; es decir, que no se abre al madurar. La núcula arquetipo es la bellota de encina o la avellana.

Con unas 4.500 especies agrupadas en 104 géneros distribuidas por todo el mundo, su importancia económica es, no obstante, muy limitada, sobresaliendo la “Cyperus Papyrus” con la que fabricaban el papiro en el Antiguo Egipto.

En los yacimientos de Kubbaniya, como en otros muchos del Paleolítico Superior Final, se pescaba en grandes cantidades de forma estacional, siendo la pesca la principal fuente de proteína animal del pueblo. Parece evidente la existencia de una primera estación de pesca anual por la apabullante cantidad de restos del Pez Gato africano (Galeichthys Felis), llamado así por los tentáculos o barbillas que se exitienden a cada lado de la mandíbula superior, lo que implicaría una captura masiva de esta especie en pleno período de desove, en los meses de julio y agosto.

También se aprecia la existencia de una segunda temporada anual de pesca, por la abundancia de restos de pez gato y tilapia, tanto adulto como inmaduro; hecho que nos permite sugerir que los peces se concentraban durante los meses de octubre y noviembre en las aguas poco profundas de las charcas que se formaban después de las inundaciones.

Además de la pesca, una parte importante de la subsistencia del pueblo la comprendía la caza, entre la que destaca el ganado vacuno salvaje, la gacela dorca y el antílope (alcelaphus buselaphus), o “hartebeest” inglés.

En cuanto a los productos líticos, en su mayoría consistían en laminillas procedentes de núcleos de plataformas opuestas.

En la industria Fakhuriense se distinguen cuatro clases diferentes de útiles, bien representados. Las “backed bladelets”, laminillas u hojillas, constituyen residuos de la producción microlítica que resultan de seccionar las laminillas utilizando la técnica del microburil. Las de retoque Ouchttata son las más frecuentes. Les siguen otras piezas retocadas: perforadores, denticulados y puntas de muesca. Los raspadores carenados se encuentran con escasa frecuencia, mientras que las truncaduras y buriles son escasos y de deficiente fabricación.

Así pues el inventario de útiles del Kubbaniyense se caracteriza por un predominio de las mencionadas laminillas, con frecuencia con retoque marginal plano, no invasivo, que representan hasta un 80% de todos los útiles.

El yacimiento E71K12, un antiguo matadero cerca de Esna, pertenece a la cultura Fakhuriense, o está muy cercanamente relacionada con ella. El lugar, que consistía en un hoyo entre dunas en el que se habría formado un estanque estacional alimentado por las crecientes aguas de las inundaciones estivales, atraía a los animales que huían de las crecidas en las llanuras inundadas. Esto redundaba en la formación de un entorno idílico para la caza, destacando el ganado vacuno salvaje, el antílope y la gacela dorca. Muy probablemente, este lugar llegó a representar la base de subsistencia durante las inundaciones tardías, y durante el período inicial de las inundaciónes.

Una característica distintiva de la industria Ballaniense-Silsiliense (16.000-15.000 B.P.) es el “debitage” procedente de núcleos de plataforma simple y opuesta. “Debitage” es un término colectivo utilizado por los arqueólogos en referencia al material lítico de desecho producido durante la reducción lítica y la fabricación de útiles. A su homólogo en español, "debitado", se le define como un galicismo empleado en la descripción de las industrias líticas como sinónimo de "talla".

Estos útiles consistían en laminillas con técnica microburil y truncaduras. La introducción de dicha técnica supuso una innovación que se ha podido encontrar también en el Negev, zona desértica al sur de Israel, y en Jordania. Mientras que los microburiles de buena fabricación abundan, los microlitos geométricos y de retoque Ouchtata, escasean; los raspadores carenados son también poco comunes.

Hacia 13.000-12.000 B.P., las crecidas del Nilo fueron inusualmente altas debido a los cambios climáticos del último Período Glacial dando lugar a inundaciones excepcionalmente intensas. La época, conocida como “El Nilo Salvaje”, fue consecuencia de las condiciones climatológicas de la África sub-sahariana, si bien Egipto estuvo exento de lluvias locales.

Un yacimiento al que no llegaron las catastróficas inundaciones provocadas por “El Nilo Salvaje” fue Makhadma-4, ejemplo de la industria Afiense (12.900-12.300 B.P.), ubicado unos seis metros por encima de la actual llanura, más al norte de Qena.

Situado al borde mismo del desierto, en una especie de bahía lisa resultado de la unión de diferentes fondos de wadis, su rica colección de restos de peces incluye un 68% de Tilapia y un 30% de Clarias; el resto lo componen Barbus, Synodontis, y Lates.

El pez Tilapia (Oriochromis Niloticus), es un sabroso pez de África Oriental al que hasta ahora sólo se le reconocían sus propiedades nutritivas. Sin embargo, investigadores keniatas han descubierto que, además, este pez es un gran aliado en la lucha contra la propagación de la malaria. El pez tilapia, se come la larva del mosquito que transmite la enfermedad a los seres humanos, de modo que en el hábitat de estos peces, la presencia del mayor transmisor es menor.

La gran cantidad de Tilapia, y el pequeño tamaño tanto de Tilapia como de Clarias, parece indicar que la pesca debe haberse practicado más bien tarde, pasadas las inundaciones. Los peces habrían sido pescados en cuencas poco profundas donde los pescadores podían vadear.

El reducido tamaño de los peces sugiere la utilización de útiles de pesca sofisticados, como cestas de arrastre, redes y cestas barrederas.

De las grandes cantidades obtenidas producto de la pesca, no todas eran para su consumo inmediato, por lo que la existencia en el yacimiento de fosos con gran cantidad de restos de carbón vegetal quemado, sugiere que el pescado se secaba deliberadamente para su conservación y posterior consumo.

La gran extensión de este yacimiento parece demostrar que este lugar fue utilizado de forma frecuente durante largos períodos de tiempo.

La existencia de la industria Isniense, hacia 13.000 B.P., no microlítica, con grandes lascas, raspadores y morteros, se encuentra testimoniada en diversos yacimientos entre Wadi Kubbaniya y la llanura Dishna. El conjunto se caracteriza por su vasta técnica “knapping”, o de reducción lítica, cuyo resultado son lascas gruesas y vastas, y su inventario de útiles se encuentra en su mayoría dominado por raspadores sobre lascas.

En el yacimiento Makhadma-2, la base económica parece haber sido la pesca de Clarias; su fecha de ocupación data de 12.000 B.P., con lo que coincide con las inundaciones durante “El Nilo Salvaje”.

Entre la segunda catarata y el sur de Egipto se encuentra un conjunto de lascas microlíticas que corresponde a la industria Qadiense cuyo interés radica, primordialmente, en que está relacionada con cementerios.

El más significativo es el cementerio de Gebel Sahaba, con cincuenta y nueve esqueletos exhumados; todos enterrados medio encogidos, reposando sobre el lado izquierdo del cuerpo, con la cabeza hacia el este, de cara al sur.

Las tumbas son simples fosas cubiertas con una losa de piedra arenisca, y el producto lítico asociado puede atribuirse a la fase final del Qadiense, hacia 12.000 B.P.

De los cincuenta y nueve cuerpos, veinticuatro muestran señales de muerte violenta, testimoniada tanto por las innumerables puntas de esquisto incrustados en los huesos, incluso en el interior del cráneo, como por la presencia de profundas marcas de cortes en los huesos.

La existencia de enterramientos múltiples, de hasta ocho cuerpos en una misma fosa, parece confirmar de forma inequívoca un cuadro de violencia.

Puesto que un cincuenta por ciento de esta población estaría representada por mujeres y niños, parece probable que el cementerio de Gebel Sahaba pudo haber sido escenario de un acontecimiento excepcionalmente dramático.

Se ha sugerido que estos casos pueden haber sido consecuencias lógicas de las cada vez más difíciles condiciones de vida causadas por “El Nilo Salvaje” y la posterior reducción de la aportación hídrica del Nilo a las antiguas llanuras.

En otro cementerio más pequeño, frente al de Gebel Sahaba, al otro lado del Nilo, la total ausencia de impactos en los cuerpos enterrados parece indicarnos que, en aquellos tiempos, no siempre la muerte tuvo que ser consecuencia de la violencia.

La posición cronológica de la industria Sebiliense, no está nada clara, muy a pesar del hecho de ser la industria más extendida del Paleolítico Superior Final, y estar presente desde la segunda catarata hasta el norte del meandro o curva de Qena.

La industria lítica de la cultura Sebiliense se caracteriza por la producción de grandes lascas y la preferencia por la piedra arenisca de cuarzo, o por las rocas volcánicas, como materia prima. Esto parece incompatible con la tradición lítica de las otras industrias del Paleolítico Superior Final. La industria Sebiliense, pues, bien puede haber sido prueba de la intrusión de grupos del sur que se extendieron hacia el norte a lo largo del Nilo.

Y antes de abandonar el Paleolítico Superior Final, conviene destacar la posible existencia de arte rupestre en el Valle del Nilo en este remoto período.

No lejos de la localidad de Abka, junto a la segunda catarata, en la Nubia sudanesa, ha sido identificado un posible ejemplo de arte rupestre en el yacimiento XXXII, y en el propio Egipto existen varios yacimientos de arte rupestre que pueden ser pre-neolíticos.

Entre las pinturas más destacadas se encuentran las de trampas para pescar representadas en el-Hôsh, al sur de Edfu. El plano de despiece de estas cercas laberínticas lo compone un complejo trazado de formas curvilíneas que terminan en unos extremos en forma de setas que son las auténticas trampas

Este tipo de pesca en aguas poco profundas encajaría dentro de las observaciones hechas anteriormente con relacion a la pesca masiva en yacimientos del Paleolítico Superior Final tales como el de Makhadma-4.

E inmediatamente después del Paleolítico Superior Final, nos enfrentamos a un vacío en la ocupación del Valle del Nilo ante la inexistencia de testimonio sobre la presencia humana en Egipto entre 11.000 y 8.000 B.P., a excepción de un reducido grupo de diminutos yacimientos Arkinienses, hacia el 9.400 B.P., en la zona de la segunda catarata del río Nilo.

Se ha sugerido que la testimoniada reducción de la aportación hídrica del Nilo durante este período ya mencionada, con su consiguiente repercusión en las llanuras sujetas a inundaciones, pudo ser la causa directa del deterioro de las condiciones medioambientales.

Si bien esta alteración del medioambiente es un hecho bien constatado, resulta altamente improbable que el Valle del Nilo permaneciese totalmente desierto durante todo este período de tiempo.

Más bien cabría pensar que estos yacimientos simplemente se cubrieron de depósitos aluviales, habida cuenta de la disminución de las llanuras sujetas a inundaciones y la normal ubicación de los yacimientos al borde mismo del bajo desierto.

Y termino así este trabajo sobre la fase final del Paleolítico Superior cuyo documento original, de contenido altamente especializado, texto denso, conciso y riguroso, deja sólo un estrecho margen para poder echar mano de un mínimo apoyo retórico que te ayude a embellecer conceptos y hacer, de un árido tema, una exposición algo más atractiva para los legos en la materia.

No obstante, y dentro de ese pequeño margen, sí he hecho uso de una cierta licencia a la hora de incorporar alguna que otra aportación, a modo de ampliación o aclaración, de ciertos tópicos, como ha sido el caso, entre otros, del pez Tilapia, del Pez Gato, del "debitage" o "debitado", de las ciperáceas, o la descripción de ciertas técnicas o elementos líticos que me han permitido ver, o entender mejor, usos, prácticas y/o aplicaciones que ignoraba, y que pueden ayudar a otros en circunstancias similares.

Y no olvidando la nacionalidad de los autores del estudio original, y su posterior versión en lengua inglesa, apelo a arqueólogos, geólogos, egiptólogos y lectores por igual, a que, ante la posibilidad de erratas en la terminología utilizada, o de la existencia de cualquier posible e inadvertido desliz, error o irregularidad que puedan detectar, me lo hagan saber por la presente vía para beneficio de todos.


Rafael Canales

En Benalmádena-Costa, a 5 de febrero de 2009

Bibliografía:

“The Oxford History of Ancient Egypt”. Ian Shaw. Oxford University Press, 2003.
“Prehistoria”, Tomos I y II. Dra. Ana María Amilibia y otros. UNED 2001
“Historia Antigua Universal Próximo Oriente y Egipto”, Tomo I, 2ª Parte. Dra. Ana Mª Vázquez Hoys, UNED, 2001.
“Ancient Egypt. Anatomy of a Civilization”. Barry J. Kemp. Routledge, 2006.
“The Prehistoric Egypt”, W.M. Flinders Petrie, British School of Archaeology in Egypt and Egyptian Research Account, Twenty-Third Year, 1917. London, 1920.
“Diccionario de Prehistoria”, Mario Menéndez, Alfredo Jimeno y Víctor M. Fernández, Alianza Editoral. 2001.
"The British Museum"